La factoría de Alcurrucén no cambia el guión en la Feria

P.J.G
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Ginés Marín paseó una barata oreja en otro largometraje protagonizado por un descastado encierro de la casa Lozano

Bernadina de Ginés Marín al primero de su lote. - Foto: José Miguel Esparcia

Uno va al cine con la ilusión de ver una buena película y si una vez tras otra se cansa de los filmes que ofrece una factoría cinematográfica, desiste y cambia para ver si hay mejor suerte. En el mundo del toro en ocasiones también sucede esto, más por tierras francesas, donde la ganadería con buenos resultados repite al año siguiente y la que no lo hace se cae de los carteles, pero aquí en Albacete, desde que los hermanos Lozano están al frente del coso albacetense, los hierros de la casa son fijos, aunque este año han dado un paso y en novilladas no contaron con El Cortijillo y Lozano Hermanos. En lo que no cambia el guión es en anunciar, entre las corridas de toros, una de la factoría de Alcurrucén, una de las que más lidia a lo largo de la temporada taurina, pero no tiene el castigo francés ni el del espectador cansado de ver el mismo largometraje infumable, que es lo que protagonizaron en la tarde de ayer los toros a los que se midieron Román, Ginés Marín y David de Miranda, que hacía su presentación en el abono, siendo el extremeño el que mejor suerte corrió, al pasear una barata oreja del segundo de la tarde. 
 Peor parado salió el banderillero de la cuadrilla de Román, Hasem Al-Masri El sirio, cogido por el primer de la tarde y atendido en la enfermería por traumatismo costal derecho y contusión en la rodilla izquierda y, tras la exploración en la enfermería, fue trasladado a la clínica Quirón-Santa Cristina para estudio radiológico, siendo el pronóstico grave, según recoge el parte médico firmado por el doctor González Masegosa.

La tarde estaba gris, encapota y con amenaza de lluvia, que ya saben ustedes que estamos en alerta por la DANA o gota fría, como prefieran, pero sólo cayeron unas gotas antes del festejo y después el cielo fue abriendo en lo meteorológico, porque en lo taurino siguieron la depresión atmosférica y los nubarrones, con un descastado encierro que protagonizó el festejo y que más de uno, el eslogan de la empresa para publicitar la Feria Taurina que reza «postre, café y toros», lo hubiera cambiado -y más con la desapacible tarde que hizo- por «postre, café y siesta», que aunque el verano esté dando sus últimos coletazos, la siesta es tan nacional como la Fiesta y, al paso que van los responsables de la cuestión taurina, creo que la siesta barrerá de calle.
pocos mimbres. Con estos mimbres de ganado, el resultado artístico fue corto, materializado en la oreja que paseó Ginés Marín del segundo de la tarde, un toro manejable al que recibió con buenos lances a la verónica, rematados con la media. Realizó una faena con oficio, iniciada por bajo, con gusto, junto a tablas. Después se sucedieron varias series con la derecha, a media altura y sin demasiada transmisión, aunque bajó de tono la faena al torear al natural, ya que al astado le costó más tomar el engaño y se sucedieron los pasajes sin lucimiento ni hondura, principalmente por la poca transmisión del toro. Volvió al pitón derecho y no se ganó en emoción, salvo con las ajustadas bernadinas finales. Estuvo certero con la espada y dejó una estocada que fue suficiente para cortar una barata oreja, la única de la tarde.
Brindó al público su segunda faena, que con un apéndice ya en el esportón sólo faltaba otro para abrir la puerta grande, pero no fue posible y eso que el diestro se empeñó con una faena larga, cansina y llena de pases por ambos pitones de un toro, descastado y sin clase, que en los pasajes finales todavía fue más complicado y dio varios sustos al diestro, incluso en uno de ellos le prendió por el pecho. Dejó una estocada contraria y su labor fue ovacionada.
Román volvió al coso albacetense tras varios años ausente en el abono y lo hizo estando muy firme y valiente ante su primer enemigo, otro descastado astado de Alcurrucén al que arrancó él los muletazos que contabilizó por ambos pitones y, con el toro ya apagado, en la distancia corto, pudo sacarle algún pase más, antes de cerrar su labor con unas manoletinas. Todo lo emborronó con la espada, con un pinchazo hondo y una estocada caída. Más manejable y noble fue su segundo enemigo, pero también soso y la faena de Román fue más lineal, con el añadido de que todavía estuvo más desacertado con los aceros. En ambas ocasiones fue ovacionado.
Completó la terna el onubense David de Miranda, al que poco se le puede juzgar por la tarde de ayer. Su primer enemigo fue un marmolillo que no tomó la muleta ni por un pitón ni por otro, por lo que abrevió la faena. El segundo, un manso rajado, tampoco estaba para muchos lucimientos y poco más que voluntad pudo poner el diestro, que, eso sí, en ambos casos estuvo fallón con los aceros.