Las agresiones de hijos a padres se duplicaron en 2018

Josechu Guillamón
-

Los datos de la Fiscalía de Menores recogen que a lo largo del pasado año se registraron 25 casos de violencia filioparental, un problema que en muchas ocasiones está asociado al consumo de estupefacientes

Imagen simulada de la agresión de un menor a su padre. - Foto: RUBEN SERRALLE

Los casos de agresiones de hijos a padres se duplicaron durante el pasado año. Los datos de la Fiscalía de Menores reflejan que a lo largo de 2018 se registraron 25 casos de violencia filioparental, frente a los 12 que se contabilizaron en 2017. 
Según la fiscal delegada de Menores, Pilar Eslava, no existe una razón concreto para este aumento. «Quizá el aumento puede deberse a que hay más padres que han denunciado y no a que ha habido un crecimiento de los casos. Puede ser que en 2017 los padres no ratificaran su denuncia acogiéndose a su derecho a no declarar».
En este sentido, recordaba que el tener que denunciar a un hijo, supone para las familias una «situación muy extrema».
Por otra parte, la fiscal recuerda que no hay un perfil que defina a los menores que cometen estas agresiones. «No hay un perfil concreto, igual que en otros tipos delitos si que podríamos decir que proceden de un entorno más de riesgo, en la violencia filioparental no es así, no existe un patrón de un nivel socioeconómico, puede ser que los progenitores tengan formación universitaria. Incluso a veces en familias con un perfil socioeconómico medio-alto hay más conductas de este tipo, que en familias en situación de riesgo, que pueden cometer otros delitos, pero no el de la violencia filioparental».  
Aunque no es posible establecer un perfil definido, lo cierto es que si que hay algunos patrones que se repiten. «Indudablemente el consumo de estupefacientes propicia ese comportamiento. Se repite el hecho de menores que consumen sustancias a una edad más temprana y la permisividad que existe a veces, en cuanto al consumo de marihuana, ha hecho que en algunos casos aumenten determinadas conductas agresivas. Eso lo vemos cuando hablamos con los menores, porque ellos reconocen que consumen y que si no lo hacen es mucho más difícil para ellos controlar su ira».

MÁS INFORMACIÓN EN EDICIÓN IMPRESA