El San Mateo que pudo ser y no fue

Leo Cortijo
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'La Tribuna' revive de la mano de peñistas, maromeros, corredores y demás protagonistas de estas fiestas de Cuenca sus mejores recuerdos y pulsa su sentir ante la imposibilidad de celebrarlas

Fotografía de familia con los protagonistas de San Mateo. - Foto: Reyes Martínez

En estos días, las vaquillas deberían correr por un catedralicio y patrimonial escenario, guiadas en la retaguardia por el buen hacer del equipo de maromeros, santo y seña de esta fiesta milenaria. En la vanguardia, los mozos más valientes se dispondrían a liberar adrenalina con carreras trepidantes delante de las astifinas y cárdenas astas de los animales de Juan Vicente Mora. También a estas horas, casi 5.000 peñistas tendrían que inundar el Casco Antiguo en esa marea multicolor de camisetas con ingeniosos nombres bañadas por el elixir de Baco. Sin olvidar, claro está, sus pantagruélicas viandas. Así es como Cuenca y los conquenses, como todos los años en los estertores del verano, rendirían tributo a la hazaña de las huestes del rey Alfonso VIII en 1177. Pero esta vez no. Este es el San Mateo que pudo ser y no fue...
«Vacío y triste». Así se siente el presidente de la Asociación de Peñas Mateas, Javier Benayas. «Ahora mismo estaría de aquí para allá con mil cosas en la cabeza, pero también divirtiéndome con los míos», comenta apesadumbrado. Para él San Mateo es el momento del «reencuentro» con aquellos que un día se fueron y vuelven a celebrar, o de la «despedida» de los que han pasado el verano en Cuenca y tienen que volver a la rutina. San Mateo es una fiesta «basada en una relación social abismal», pues «comemos y bebemos todo el día uno al lado del otro y de la misma sartén». Por no hablar de cómo se corre la vaca... por pura física es imposible mantener la distancia de seguridad. Con estos ingredientes, Benayas fue consciente hace ya muchos meses que San Mateo 2020 tenía las horas contadas. «Es lo lógico, lo coherente y lo prudente», dice.
Con todo, y junto a la concejalía de Festejos que gestiona Adrián Martínez, se ha ido trabajando en cómo podían ser las fiestas de este año. Tras muchas reuniones se decidió no hacer ningún tipo de acto que pudiera generar aglomeraciones. «Al final, la evolución de la pandemia es la que ha regido nuestras acciones». Y de esta forma, como único acto simbólico, el balcón consistorial luce los pañuelos de todas las peñas, además de una pancarta conmemorativa. También se ha realizado una ofrenda floral a Alfonso VIII y a San Mateo.
Adrián Martínez y Javier Benayas colocan los pañuelos en el balcón consistorial.Adrián Martínez y Javier Benayas colocan los pañuelos en el balcón consistorial. - Foto: Reyes Martí­nezLas peñas mateas, en los peores días del terremoto del coronavirus, también aportaron su granito de arena. Donaron material desechable de menaje a los albergues de acogida que se abrieron durante el confinamiento, así como 1.500 mascarillas a residencias de mayores y trabajadores municipales. Asimismo, más de la mitad de las cuotas de este año, unos 1.300 euros, se han entregado al Banco de Alimentos.
En esta tesitura, y sabiendo que en 2020 ya no hay nada que hacer, es «inevitable» no pensar en el año que viene, empezando por si la celebración tendrá un día más de fiesta, tal y como ya se está barajando. «Eso supondrá más trabajo y un esfuerzo extra en todos los sentidos», avisa Benayas, «pero se hará con todo el gusto del mundo». Ahora bien, apostilla cargado de razón, «eso es algo que no va a elegir ni el Ayuntamiento ni las peñas, dependerá de la pandemia y nos lo marcará la autoridad sanitaria». Con todo, este lapso de tiempo se puede aprovechar. Entre otras cosas, por ejemplo, para trabajar en el reglamento de las fiestas mateas, «que viene de 2005 y que precisa evolucionar tal y como lo ha hecho la fiesta en sí».
Más protagonistas. El dolor es doble, si cabe, para Carlos Peñuelas. Primero, porque se ha criado en el Casco Antiguo y ha «mamado» esta fiesta desde que tenía chupete. Y segundo, porque es corredor y, además, de los mejores. No en vano, hace dos años se llevó el trofeo a casa. «Estos días hay que tirar de fotos, vídeos y recuerdos, no queda otra, es una pena porque ahora las calles en las que me he criado tendrían que oler a serrín y a vaca, y no es así», comenta. Carlos conoce el papel que juega en esta fiesta, y es que además del disfrute personal de salvar las embestidas de las vaquillas, debe facilitar y ayudar en su tarea a los maromeros. «Eso es fundamental» para el buen transcurrir del espectáculo taurino. Álvaro Guijarro, uno de los encargados de portar la maroma, le da la razón asumiendo que esto es cosa de ambos.
Darío Dolz, Isidoro Gómez Cavero, Javier Benayas y Adrián Martínez realizan la ofrenda floral a San Mateo.Darío Dolz, Isidoro Gómez Cavero, Javier Benayas y Adrián Martínez realizan la ofrenda floral a San Mateo. - Foto: Reyes Martí­nezÉl, que atesora casi 30 años como maromero de forma ininterrumpida, no puede esconder la «pena» que le da este alto en su inmaculado camino. «Nunca estás preparado para algo así, porque estás todo un año esperando a que lleguen estos días..., pero las circunstancias son éstas y hay que aceptarlas», afirma con resignación. Este sentir lo comparten el resto de maromeros, a los que solo les queda el consuelo y la esperanza de que el año que viene puedan correr de nuevo con la vaca enmaromada.
Uno de los encargados de seleccionarlas en el campo junto al ganadero es Óscar Contreras. El también responsable de las cuadras mateas, destaca que en este momento, «si no hubiera un bicho haciéndonos tanto daño», viviría unos días «superintensos». «Estaría con 60 llamadas, de un sitio a otro, rezando para que no ocurriera nada en el embarque y desembarque de los animales, que toda la documentación estuviera perfecta, echándoles pienso y paja...». Y sin embargo, añade, «aquí estoy de brazos cruzados como el que dice».
En esta misma posición contemplativa, porque así lo exige el guión, se encuentra Julio Perdido, que se encarga de lanzar desde hace más de dos décadas los cohetes que avisan de las salidas de las vaquillas. «Esto lo hemos vivido desde niños y por eso nos duele tanto no poder disfrutarlo este año». Así lo cree él y, seguramente, todos los que aman las fiestas de San Mateo.