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El 'Duende Verde' y el héroe Ureña

P.J.G.
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El lorquino arrancó una oreja de cada uno de sus enemigos de un encierro blando, soso y sin clase de Juan Pedro Domecq

Muletazo con la derecha de Ureña sin la ayuda. - Foto: Rubén Serrallé

El serial Domecq en corridas de toros en el abono albacetense concluyó ayer y el sabor de boca quedó amargo, por el conjunto y sobre todo por el remate con los toros de Juan Pedro Domecq, protagonistas en el lado negativo de un festejo que comenzó con la emotiva colocación de un ramo de flores en la boca de riego de la plaza por parte de Juan Cantos Pimpi, en el día en el que el añorado Dámaso González hubiese cumplido años.

El festejo era de expectación, con muchos aficionados esperando la vuelta de Morante de la Puebla al coso albacetense, como quedó patente con la ovación inicial al diestro antes de que saltase al ruedo el primero de la tarde. Se esperaba el duende de Morante, vestido de verde botella y oro, pero el protagonismo se lo robó el encierro de Juan Pedro Domecq, convertido en Duende Verde que, para quienes no sean aficionados a los cómics o no hayan visto por televisión alguna de las muchas películas de Spiderman, es el apodo de varios villanos de ficción, que tienen el mal por meta y que sólo son sometidos por el héroe Spiderman. No es que Paco Ureña sea el hombre araña, pero ayer sí se convirtió en el que hizo frente a los ‘duendes verdes’ de Juan Pedro Domecq, con dos faenas firmes, de verdad en su toreo, de entrega hasta derrotar al enemigo y lograr el triunfo, materializado en una oreja de cada uno de sus astados y que le valió para abrir la puerta grande, para saborear la salida en hombros y para acercarse hasta la estatua de Dámaso González, su suegro, para darle las gracias, que algo debió hacer el maestro desde el cielo.  

emotiva tarde. Fue emotiva la tarde para los aficionados albacetenses porque la sombra de Dámaso González es alargada, y en un día tan especial, en el que se recordó al maestro en el día de su cumpleaños, Ureña lo vivió especialmente y salió decidido a regalar a su suegro una puerta grande de la que estará orgulloso. El primero de su lote, segundo de la tarde, fue el que más entrega tuvo de todo el festejo y Ureña lo aprovechó desde la salida, con las verónicas de recibo ganando terreno a su enemigo y con un quite por gaoneras tan ajustado que incluso acabó con el diestro por el suelo. Tras el brindis a su cuñado, Dámaso González hijo, inició la faena de muleta con sus habituales estatuarios, rematados con dos muletazos por bajo con gusto. Continuó con varias series sobre la mano derecha, en redondo, ajustado y templado, aunque bajó de tono la faena en el toreo al natural, más desigual, pero volvió a subir con los dos circulares iniciados por detrás, cambiando la muleta de mano a mitad del viaje para rematar con naturales. Faena con mucha verdad la del lorquino, quien se volcó en la suerte suprema, de la que casi sale prendido, y dejó una estocada caída para acabar con su enemigo y pasear una oreja de peso, incluso con petición de la segunda.

Peor condición tuvo su segundo enemigo, en la línea del resto del encierro, blando, soso, sin clase, pero Ureña sabía que estaba en una tarde especial y salió decidido desde el saludo con el capote y el posterior quite a la verónica hasta la estocada trasera con la que despachó al de Juan Pedro Domecq. Brindó la faena al público y tras un inicio de rodillas, en el que el toro también dobló, cimentó su faena en el toreo al natural, citando de frente, templado, pero a media altura, porque cuando intentó bajar la mano el astado doblaba. Se sucedieron las series, las últimas ya sin ayuda, para exprimir al toro en busca de un triunfo que llegó con la oreja que sumó a su esportón y que le abrió la puerta grande del coso de la capital.

devuelto por inválido. Morante de la Puebla vio cómo su primer enemigo era devuelto por inválido y saltó al ruedo un sobrero de Conde de Mayalde, tan manejable como blando y soso, con el que no afloró el duende del diestro vestido de verde, pero sí hubo pasajes de su maestría, como los dos muletazos que le recetó por bajo en los primeros compases de su faena o los dos trincherazos del remate de una serie al natural, dentro de un conjunto al que le faltó continuidad y mayor transmisión por la sosería del astado en suerte.

No mejoró el panorama para el diestro con el segundo de su lote, éste ya del hierro titular, blando y sin clase, ante el que Morante intentó cuajar una faena imposible, sin desfallecer, como lo hacía el toro cada vez que le intentaba bajar la mano. Tras un metisaca, pinchazo hondo y un descabello acabó con el burel y fue nuevamente ovacionado.

Juan Ortega, quien hacía su presentación en la plaza de toros de Albacete, en el marco de su ciclo taurino ferial, fue el peor parado de la tarde, con los toros más blandos del encierro, ante los que dejó detalles de su buen toreo de capa, porque con la muleta fue casi imposible, con enemigos que casi pasaron más tiempo por el suelo de la plaza que tomando el engaño de un torero que habrá que esperar a que llegue otra tarde para ver la dimensión de su verdadero toreo.