El restaurante El Sembrador supera ya los 5.000 comensales

E. REAL JIMÉNEZ
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Los alumnos del certificado de Sala tienen también un módulo de Cocina - Foto: F.E.S.

La iniciativa de inserción, que acaba de cumplir su medio año, permite formar en certificados de profesionalidad de Sala y con nociones de Cocina

El proyecto tenía todos los alicientes para poder tener éxito. Una empresa de inserción que permite formar a un grupo de albaceteños, sobre todo jóvenes, con poca cualificación y en situaciones sociales complicadas para trabajar en el sector de la Hostelería. Y, además, que la ciudadanía pueda disfrutar, en un restaurante, de la puesta en práctica de sus avances.
Así abrió sus puertas, en diciembre de 2018, el restaurante El Sembrador, última criatura de la Fundación con el mismo nombre y, como reconoce su gerente, Rafael López, «probablemente la que más visibilidad ha tenido».
Desde entonces, hasta la fecha, «ya contamos por encima de los 5.000 clientes», lo que, de primeras, es una «satisfacción». Los tres primeros meses «tuvimos prácticamente lleno todos los días», apunta también. No en vano, es necesario reservar, tanto para los servicios diarios, que son a mediodía y se prepara un menú -se puede consultar en las redes sociales-, como para los viernes y sábados, cuando está abierto también para cenas.
La clave es que integre dos vertientes, la de centro de formación y la de empresa de inserción. En la primera, los alumnos han podido lograr sus certificados de profesionalidad en cocina y en sala, comenta el gerente de la Fundación, y en la segunda, ponen en práctica los conocimientos adquiridos «y se están formando como trabajadores con un contrato». Disponer de un salario, aunque sea pequeño, les incentiva también, aunque «también hay gente que descubre que la Hostelería no es lo suyo, y lo deja a mitad», indica.
A la mayoría les gusta, como el curso de Sala que se está formando ahora. Esta misma semana visitaron las instalaciones de la Escuela de Hostelería del IES Universidad Laboral. «Yo ya he dicho que quiero dedicarme a esto y seguir formándome, me gusta este mundo, es una pasión que tengo», dice Tamara López Martínez, que tiene 25 años «y una nena de tres». Ella ya había trabajado antes en este sector, de camarera, pero recibir esta formación «me está sirviendo mucho, aprendes un montón y te dicen cómo hay que hacer las cosas».
tratar, cuesta. José Antonio Jiménez Martínez, que es el jefe de sala, es el que les da las pautas, y resalta que quizás «lo que más les cuesta es el contacto con los clientes», aunque Tamara afirma que «a mí no me cuesta, yo soy muy simpática con todo el mundo».
Los alumnos tienen cada día dos horas de formación y, tras una pausa, arranca la jornada de trabajo, de lunes a jueves comidas y viernes y sábados comidas y cenas. Si bien este certificado de profesionalidad es de Sala, «también hacen una parte en cocina», para que adquieran nociones básicas, el manejo de los utensilios, cómo reciclar o algunas de las técnicas. De ello se encarga Patricia Alfaro Roa, docente de Restauración. «Les preparo recetas sencillas para que se vayan soltando y que pongan en práctica la teoría que vemos en clase».
El jueves dieron el salto, y pasaron a cocina para ponerse manos a la masa con Patricia y lo que ella les ha enseñado. «No sabían por ejemplo lo que era una puntilla» -un cuchillo básico que se usa todos los días- «pero se les nota evolución».

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