La crisis climática depende de una dieta sostenible

EFE
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El grupo de expertos de la ONU alerta de que en el planeta se derrochan entre un 25 y un 30 por ciento de la comida y combatir este problema reduciría los bosques, aumentaría el suelo agrícola y disminuiría el CO2

Debemos cambiar la dieta para combatir el cambio climático - Foto: HOTLI SIMANJUNTAK

La meta del Acuerdo de París de mantener el calentamiento global muy por debajo de 2 grados no podrá lograrse sin cambios en el uso global del suelo, que llevan aparejados nuevos hábitos en el consumo de alimentos, se advirtió hoy en un informe de la ONU, que será la base para futuras negociaciones sobre cambio climático.
En el documento, aprobado tras cinco días de reuniones de científicos en la 50 sesión del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, dependiente de Naciones Unidas), se destaca que "una mejor gestión del suelo puede contribuir a frenar el cambio climático, aunque no es la única solución".
El informe, segundo de los tres encargados al IPCC tras la firma del Acuerdo de París de 2016 para facilitar su cumplimiento, es clave para futuras negociaciones entre Estados firmantes e influirá en las que se produzcan durante la cumbre climática anual que se celebrará en diciembre en Santiago de Chile.
El amplio análisis contiene recomendaciones para que los gobiernos dicten políticas con el fin de cambiar el uso forestal y agrícola del suelo para así contribuir a la lucha contra el cambio climático, teniendo en cuenta que, entre otras cosas, los bosques absorben cerca de un tercio de las emisiones de dióxido de carbono (CO2).
En este sentido, en el documento se recomienda la puesta en marcha de "políticas que reduzcan el despilfarro de comida e influyan en la elección de determinadas opciones alimentarias", en alusión a dietas menos carnívoras y que reduzcan la población obesa o con sobrepeso, próxima a los 2.000 millones de personas.
De acuerdo con el informe, se derrocha entre un 25 y un 30 por cien de la comida que se produce en el planeta, por lo que combatir este problema puede rebajar las presiones por reducir bosques y aumentar el suelo agrícola, contribuyendo así a una reducción de las emisiones de CO2 (principal gas causante del efecto invernadero).
También se propone retomar prácticas agrícolas, ganaderas y silvícolas de las poblaciones indígenas tradicionales, ya que según el documento "su experiencia puede contribuir a los desafíos que presentan el cambio climático, la seguridad alimentaria, la conservación de la biodiversidad y el combate de la desertización".
En el informe se fija, por primera vez, la relación directa entre el cambio climático y la degradación del suelo global (zonas más áridas, pérdida de biodiversidad, desertización) y se advierte de un aumento de las sequías en regiones como el Mediterráneo o África del Sur debido al calentamiento global.
En otras zonas, como los bosques boreales, los efectos del cambio climático podrían incluir mayor riesgo de incendios forestales o de las plagas, según el texto del IPCC. 

 

Ribera respalda la llamada

La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha respaldado hoy el llamamiento de los expertos en favor de una dieta más sostenible en el mundo, con nuevos hábitos frente a "modelos cada vez más hiperproteicos" y cultivos que no ayudan a mitigar las emisiones contaminantes en la atmósfera.
Hoy se publica el informe sobre el uso de la tierra del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) dependiente de la ONU y entre cuyas recomendaciones se incluye mejorar la gestión del suelo en el uso agrícola y ganadero con sus consiguientes efectos también en los hábitos de consumo alimenticio.
Los fertilizantes en la agricultura y las emisiones de metano y óxido de nitrógeno asociadas al ganado son una fuente significativa de emisiones de gases invernadero, según los científicos.
El problema con el suelo es que, debido a sus nuevos usos, está dejando de ser el gran sumidero de carbono que mitigaba las emisiones de efecto invernadero y el impacto del cambio climático, ha advertido la ministra.
Con la deforestación y los nuevos usos del terreno para cultivos, actividades industriales o construcción de infraestructuras de áreas urbanas el suelo se está convirtiendo en generador de emisiones de efecto invernadero en lugar de absorberlas.
El 72 por ciento de la superficie no helada en la Tierra está destinada a actividades humanas, preferentemente a agricultura, ganadería y construcción de infraestructuras, de acuerdo a las cifras.