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Sánchez: más humano y mirando al pasado

SPC-Agencias
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El socialista encara el futuro tendiendo puentes dentro de su propio partido y buscando ofrecer un lado más cercano a la ciudadanía

Sánchez: más humano y mirando al pasado

Unidad y socialdemocracia son las palabras que más pronunció Pedro Sánchez durante el Congreso Federal que el pasado fin de semana sentó la bases del PSOE del futuro. Y es que el líder socialista tiene la firme intención de inaugurar una nueva etapa en el Gobierno y el PSOE con una forma de ser más conciliadora, empática y próxima al centro, enterrando así buena parte del proyecto sanchista, basado, sobre todo, en la confrontación y en la polarización, armas de quien consideraban en Ferraz como el gran enemigo a batir en las urnas: el Podemos de Pablo Iglesias. Pero el que fuera secretario general de los morados ya no está, y esa ausencia se nota también en la hoja de ruta del presidente.

De hecho, el cambio empezó a ser visible en julio, con la remodelación del Gobierno, y se consolidó en Valencia durante la celebración del 40 Congreso Federal del PSOE. Si en el anterior cónclave el lema escogido fue Somos la izquierda, en éste el eslogan oficial que aparecía en todos los vídeos e imágenes era Avanzamos, aunque podría haber sido unidad o socialdemocracia por ser las palabras más repetidas en boca de sus asistentes y sobre todo de Pedro Sánchez.

El presidente del Gobierno y líder de los socialistas ha logrado sanar las heridas internas del partido con su cambio de actitud, alabada incluso por viejos enemigos, tanto delante como detrás de las cámaras. «Has logrado que este sea el Congreso de la unidad, la fraternidad y la cohesión», le dijo a Sánchez en el acto de clausura el presidente valenciano, Ximo Puig, que apoyó a Susana Díaz en las primarias de 2017 en las que la andaluza cayó frente al madrileño, a pesar de contar con el apoyo del aparato de la formación.

Consciente de la necesidad de contar con un partido fuerte y cohesionado para afrontar las próximas citas electorales, el jefe del Ejecutivo se ha esforzado en tender puentes con sus compañeros y ha fomentado un nuevo liderazgo, más cercano y empático. En la configuración de la nueva Ejecutiva, por ejemplo, ha integrado a todos los territorios tras escuchar las demandas de los barones socialistas.

También ha dado relevancia a las nuevas caras de su Gobierno, especialmente al ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, que entra en la Ejecutiva como secretario para la Reforma Constitucional y Nuevos Derechos. Bolaños se afianza así como el nuevo hombre de confianza de Sánchez, que con el cambio de Gobierno prescindió de personas que hasta entonces tenían ese papel, como la vicepresidenta Carmen Calvo, el ministro y secretario de Organización José Luis Ábalos y el que fuera su jefe de Gabinete, Iván Redondo, muy cuestionado en el PSOE por su estrategia. Para ocupar el lugar de Redondo, el presidente rescató a Óscar López, un histórico en el partido al que él mismo había relegado de la primera línea.

Junto a Óscar López, que fue secretario de Organización del PSOE en la etapa de Alfredo Pérez Rubalcaba, estará de número dos en el Gabinete otra antigua pieza clave del partido: Antonio Hernando, portavoz socialista en el Congreso antes de la llegada de Sánchez a la Presidencia y que fue defenestrado tras ser la cara visible que defendió en la Cámara la abstención socialista que permitió gobernar a Rajoy.

Una doble apuesta de Sánchez por el pasado que muchos vinculan con su cambio de perfil, con un toque más humano, visible también en decisiones como el retraso de su viaje oficial a Nueva York el pasado mes de septiembre para visitar La Palma tras la erupción del volcán.

González y Zapatero

La reivindicación de Sánchez del pasado del PSOE fue una constante en el Congreso Federal, donde se erigió como heredero y continuador de la tarea de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. Los dos expresidentes lo arroparon durante el cónclave, que también fue una constatación de la voluntad del líder socialista de aproximarse al centro por su apasionada defensa de la socialdemocracia.

Con esta nueva era, el madrileño parece dar por enterrado parte del sanchismo, un término acuñado por la derecha que relaciona con una forma de hacer política muy personalista y autoritaria, alejada del viejo PSOE.

Lo que no cambia es la capacidad de reinvención y adaptación de Sánchez, que resurgió como líder tras la grave crisis interna del PSOE en 2016 gracias al empuje de la militancia y ahora lo hace enfundado en el traje de político conciliador y socialdemócrata.

Una estrategia con la que marca distancias respecto a su socio de Gobierno, Unidas Podemos, y que puede ayudarle a captar votos de otras fuerzas como Ciudadanos, que con su caída en picado deja libre parte del espacio de centro.