Europa decide su futuro

M.R.Y (SPC)
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Más de 500 millones de ciudadanos están llamados a las urnas para apoyar el avance del proyecto de integración comunitaria o apostar por dotar de una mayor soberanía a los Estados y minimizar el control ejercido desde Bruselas

Europa decide su futuro

Qué Unión Europea quieren sus ciudadanos es la respuesta que deben dar los más de 500 millones de ciudadanos que están llamados a las urnas este fin de semana, unos comicios determinantes de cara al futuro de un bloque que está sumido en una crisis existencial.
Con más de 100 millones de indecisos, las europeas determinarán el devenir del grupo comunitario con la amenaza de los euroescépticos y eurófobos en el aire. Un movimiento que ya desafió a la UE en las anteriores elecciones, en 2014, y que ahora pone en jaque la unidad de los todavía Veintiocho, a la espera de que el Reino Unido se divorcie del bloque.
Y es que, al margen de los numerosos partidos que se presentan, son dos las tendencias políticas por las que decantarse: la de una Unión Europea que siga avanzando por la integración y la de devolver más competencias a los Estados y restar poder a la alianza de países. 
En juego está la prosperidad de una asociación de naciones sin barreras, que se erige como un bloque que trasciende las fronteras nacionales para hacer un frente común a las grandes potencias mundiales y que ha garantizado la paz durante los últimos 60 años, algo excepcional en la Historia del Viejo Continente.
Esos son los principales asuntos esgrimidos por los europeístas, que también abogan por una unión bancaria y un sistema comunitario de seguridad y protección de los países. Y, enfrente, el desafío de quienes apuestan por una minimización del control de Bruselas sobre los socios y permitir que sean los Gobiernos nacionales los que tengan el timón, dejando a la Unión como un ente residual.
Los eurófobos, que según los sondeos podrían llegar a agrupar a un tercio de la Eurocámara, se aferran a lo que denominan el «fracaso» de la política migratoria y de asilo, con unas cuotas de acogida de refugiados que no se cumplen y de las que son contrarios.