RCP, un salvavidas que llega a las aulas

Ana Martínez
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Unos 400 alumnos del colegio Mari Llanos Martínez practicaron las maniobras de reanimación de un infarto o un atragantamiento

Los alumnos aprenden la posición de manos, brazos, cuerpo y el ritmo del masaje. - Foto: Rubén Serrallé

Las practican por parejas para corregirse entre ellos y las aprenden durante la clase de Educación Física. Cada vez son más las personas interesadas por recibir un curso básico en Reanimación Cardiopulmonar (RCP), un conjunto de maniobras pensadas para asegurar el aporte de sangre oxigenada al cerebro, que si se aplican en los primeros minutos de un infarto pueden salvar la vida. Se da la circunstancia de que el 75% de los paros cardíacos se producen en el hogar, lo que aconseja que, al menos un miembro de la familia, debería tener conocimientos prácticos en reanimación.
Con este dato tan significativo, unido a la capacidad de absorción y aprendizaje que tienen los niños, el maestro Arturo López introdujo hace cuatro años estos primeros auxilios en las aulas del colegio público Mari Llanos Martínez, donde ejerce de maestro de Educación Física y jefe de estudios. La aventura la inició después de asistir a un curso de RCP impartido por el personal sanitario del 112, dentro del programa de formación docente que oferta la Junta de Comunidades. «Gracias a este curso, que fue corto, pero muy intenso, entendí la importancia que tiene la reanimación y, sobre todo, aprenderla en edades tempranas porque se asimila todo mucho mejor».
Tan concienciado y sensibilizado quedó que Arturo López le propuso al equipo directivo del Mari Llanos Martínez incorporar estas nociones a la programación de Educación Física de quinto y sexto de Primaria, alumnos a quienes se les imparte una parte teórica para que sepan lo que es una parada cardiorespiratoria y la importancia de una buena reanimación a tiempo, para después pasar a la práctica.
Los cinco maniquís adquiridos por el colegio se distribuyen en hilera en el suelo del gimnasio. Por parejas, los alumnos aprenden la posición lateral de seguridad que se debe aplicar a una persona que se encuentre tendida en el suelo en estado de inconsciencia pero respirando. En este caso, dejaremos una pierna extendida y la otra doblada sobre la primera, con el fin de que el cuerpo quede en posición lateral, con una de sus manos entre la cara y el suelo, ya que de esta forma, en caso de vómito, se evita el atragantamiento.
«No me canso de repetirles que lo más urgente es llamar al 112», explica el jefe de estudios del Mari Llanos Martínez, que enseña al alumnado a identificar, en primer lugar, cuando una persona está o no inconsciente y si respira o no, pues si en ambos extremos la respuesta es negativa ya nos está indicando que esa persona «está en parada cardíaca». Después, insistimos, de llamar a la ambulancia o decirle a alguien que lo haga y de asegurarse de que esa persona no ha recibido una descarga eléctrica o el impacto de algún objeto que pueda poner en peligro la vida del menor, este debe colocarse en un lateral del cuerpo tendido y practicarle la maniobra frente-mentón para facilitarle la respiración por la tráquea. Seguidamente, se utilizan tres de los cinco sentidos: la vista, el oído y el tacto, el primero de ellos para observar si su pecho sube y baja y los otros dos para comprobar que oye su respiración o le llega oxígeno.

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