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La COVID calla los clarines

Agencias-SPC
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El verano, considerado como la época más taurina del año, verá reducida su actividad a la mitad por la pandemia, con plazas insignes como Bilbao o Madrid cerradas

La COVID calla los clarines - Foto: SUSANA VERA

Si hay un mantra que se sabe de memoria cualquier aficionado a la Tauromaquia es aquel que hace referencia al considerado como día más taurino del año: «Quien no se viste de luces el 15 de agosto no es torero». Y es que, una vez que arranca el verano, la temporada empieza a tomar velocidad para acabar por explotar en el octavo mes del año, especialmente en las jornadas cercanas a la festividad de la Virgen. Pero la pandemia de coronavirus sigue presente, a pesar de la relajación de la quinta ola, lo que vuelve a marcar, por segundo año consecutivo, las jornadas en las que tradicionalmente se agolpan más citas cada curso. 

Algo más de 100 festejos mayores -entre corridas de toros, novilladas con picadores y rejones- están anunciados para agosto, aunque el número podría crecer casi sobre la marcha ya que, debido precisamente a la crisis sanitaria, algunos carteles se están oficializando apenas unos días antes de su celebración, pendientes de que mejoren las medidas vigentes en ese momento en cada región, especialmente las que marcan el aforo de las plazas. Ese centenar de citas taurinas supone un incremento muy notable respecto a 2020, cuando por las restricciones de la COVID solo tuvieron lugar un total de 29, pero sin llegar aún a las cifras de 2019, que en este mes registró en España y Francia hasta 237 espectáculos mayores.

Precisamente, las restricciones que aún se mantienen, y que varían entre comunidades, son las culpables de que este despegue en los número sea menor de lo esperado. El ejemplo más claro se da en el País Vasco, donde el Gobierno regional ha puesto como límite, en el mejor de los escenarios, 5.000 personas en los tendidos. Actualmente, sin embargo, solo permite el 20 por ciento de la ocupación en casi todo su territorio por lo que la Casa Chopera -regente de las plazas de San Sebastián y Bilbao- ha decidido no organizar ni la Semana Grande donostiarra ni las Corridas Generales del Botxo. En Euskadi ya se cayó un clásico del verano, el abono de Azpeitia (Guipúzcoa), que se celebra en torno a la festividad de San Ignacio (31 de julio). 

Del mismo modo, y también por las restricciones de aforo, tampoco se celebrarán este mes de agosto las ferias de Pontevedra y Huesca, mientras que Málaga verá reducida su cartelería a la mitad. Por su parte, la Monumental de Las Ventas, abierta solo tres tardes este año y a la espera de la Feria de Otoño, permanecerá cerrada, a pesar de que el 15 de agosto, festividad de la Virgen de La Paloma, es uno de los más tradicionales del coso de la capital.

Sin embargo, la ausencia de abonos en grandes capitales durante agosto ha trasladado el foco a municipios más pequeños, donde este mes aparecen anunciados grandes figuras, como ocurre en El Espinar (Juli, Ventura, Manzanares, Roca Rey...), Guijuelo (Perera y Pablo Aguado), Roa de Duero (Diego Ventura), Calatayud (Morante), Tomelloso (Juli y Manzanares), Illescas (Perera), Cuéllar (Ventura)... Algunos de estos nombres aparecen también en municipios que no son capitales, como Linares o Colmenar Viejo, pero se trata de plazas históricas donde siempre han comparecido las figuras.

Impacto económico

Más allá de aquellos que se visten de luces, los bares, alojamientos, gasolineras o comercios verán cómo adelgaza el interior de sus cajas registradoras, al igual que los ganaderos, quienes sufren la disminución del número de corridas de toros, así como la cancelación de festejos populares taurinos, los que más están sufriendo las restricciones por la pandemia. Y es que resulta mucho más complicado controlar las calles o el campo, donde se celebran el mayor número de estos eventos, o los cosos accidentales, como aquellos que se montan en las plazas mayores con talanqueras. Los aforos en estas instalaciones apenas se pueden numerar y, menos aún, venderse como butacas preasignadas. Pese a ello, algunas localidades de Castilla-La Mancha y de la Comunidad Valenciana ya han anunciado su intención de recuperar sus tradicionales festejos, aunque tengan que esperar a septiembre u octubre.

A la espera de esa relajación de las medidas, el impacto económico de estas dos campañas a medio gas se nota en las localidades que se han quedado sin ferias o han visto disminuir sus citas. Y es que la Fiesta, en todas sus vertientes, aporta dinero a las ciudades. Lo dicen las cifras. Los últimos datos aportados por la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (ANOET) se remontan a 2017, cuando se celebraron 19.882 festejos taurinos de toda índole en España, con un impacto económico nacional de 4.500 millones de euros o, lo que es lo mismo, un 0,36 por ciento del PIB. En cuanto al trabajo, según la patronal taurina, la Fiesta creó ese año uno 57.000 empleos directos y casi 200.000 indirectos.

Aunque, sin duda, los que más están sufriendo la pandemia son los ganaderos. En 2020, solo se lidiaron en festejos reglados 918 reses, 6.282 menos que en 2019; mientras que la suspensión de los populares dejó en el campo más de 5.000 animales. Así, según la Unión de Criadores de Toros de Lidia (UCTL), las pérdidas de los criadores de reses bravas el pasado año superaron los 120 millones de euros.