Concluye la restauración de la iglesia de Mahora

A.G
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Pinturas murales halladas en la "casa abadía". - Foto: D.N.

El Obispado, la parroquia y el Ceder Manchuela costearon el proyecto de remodelación de la cubierta y la vivienda del párroco, en la que se descubrieron pinturas murales del siglo XVIII

En estos días concluyen en Mahora los trabajos de restauración en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, templo catalogado como Bien de Interés Cultural. 
Fue un proyecto ya de por sí complejo, que fue complicándose más según avanzaban las obras, pero va a concluir con resultados «muy satisfactorios» para todas las partes implicadas. Así lo explica Diego Noguerón, arquitecto técnico y gerente de la empresa Creta, responsable de los trabajos, con la dirección de obra de la arquitecta Raquel Giménez.
Tras realizar una primera intervención en la balaustrada, de la que se habían desprendido elementos, la empresa recibió el encargo de llevar a cabo de la reparación de la cubierta, un proyecto promovido por la iglesia, con un presupuesto de algo más de 82.000 euros. De ellos 56.000 llegaron de los fondos europeos Leader, gestionados en la comarca por el Ceder Manchuela. 
El objetivo principal de esa intervención era la retirada de la estructura metálica que se instaló en la década de los 60, que estaba provocando daños estructurales en el edificio. Para ello se siguió un proyecto realizado por Manuel Fortea («uno de los mejores técnicos del país, experto en bóvedas») y René Machado, que realizaron los cálculos estructurales.
La obra se realizó en el invierno de 2017 y, tras desmontar la nave, fue necesario instalar un complejo sistema de impermeabilización auxiliar para que los rigores de la meteorología no hiciesen mella en la iglesia. La mencionada cubierta metálica fue sustituida por otra de madera, más fiel a la original del templo, pues recuperó su configuración a tres aguas.
Concluida esa fase, la tarea prosiguió en la llamada «casa abadía», la sacristía original que luego se utilizó como vivienda del párroco. Allí, según Noguerón, encontraron «un caos», en el que intentaron «conservar la esencia» del inmueble y habilitar a la vez una vivienda funcional.

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