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El atentado que acabó con una tregua

EFE
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Nueve meses después de anunciar el alto el fuego, ETA voló la Terminal 4 de Barajas en la víspera de la Nochevieja de 2006 matando a dos personas y alejando la esperanza de paz

Dos miembros de los equipos de Emergencias contemplan las ruinas del aparcamiento de la instalación aeroportuaria, inaugurada apenas unos meses antes. - Foto: EFE

El 30 de diciembre de 2006, ETA mató a dos ecuatorianos en un atentado contra la terminal T4 del aeropuerto de Barajas. No solo rompió así una tregua de nueve meses, sino que obligó al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a cortar el diálogo con la banda que había arrancado después de que los terroristas anunciasen un «alto el fuego permanente» el 22 de marzo de ese mismo año. Pero, ¿se llegó a frenar de verdad?

En la víspera de la Nochevieja de 2006 y, tras una llamada a los servicios de ayuda en carretera en el País Vasco, hace estallar en el aparcamiento de la Terminal 4 de Barajas una moderna instalación que había costado 6.200 millones de euros y había sido inaugurada en febrero de ese año, una furgoneta bomba cargada con entre 200 y 800 kilos de explosivos.

Cientos de coches quedaron dañados (las indemnizaciones superaron los 12 millones de euros), más de 40 personas resultaron heridas leves y dos ecuatorianos, Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate, se dieron por desaparecidos. Ambos, trabajadores de la construcción, esperaban dentro de sus respectivos coches la llegada de familiares desde su país. Iban a pasar juntos la llegada del Año Nuevo. Sus cuerpos fueron encontrados días después entre los escombros.

Apenas 24 horas antes del atentado, el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo gala de su confianza en el diálogo que se había abierto tras la declaración por parte de ETA del alto el fuego. Durante una rueda de prensa para hacer balance de su gestión, expresó su «convicción» de que «dentro de un año estaremos mejor que hoy» en la búsqueda del fin de la violencia terrorista. Horas después, los terroristas dejaban de nuevo su marca.

Zapatero tuvo que abandonar su descanso navideño en Doñana y compareció en La Moncloa para anunciar que suspendía todas las iniciativas para desarrollar el diálogo con la banda. «El de hoy es el paso más equivocado e inútil que han podido dar los terroristas», apuntó el presidente. Y añadió: «Lo que ha sucedido hoy, el gravísimo atentado de ETA, es radicalmente contrario a esa voluntad inequívoca», por lo que daba por roto ese diálogo.

Pero, ¿se rompió de verdad? Años más tarde, Zapatero explicó que se continuó con los contactos tras la acción terrorista de la T4 por el «deseo de instancias internacionales», que esperaban que «pudiera verse la luz al final del túnel». Fue consciente del «riesgo político» que asumía, según reconoció, pero no quiso abandonar el diálogo porque «existía un terreno para poder llegar al final dialogado de la violencia».

A la espera de 'Txeroki'

Por esta acción, una de las últimas de la banda con víctimas mortales, fueron condenados a 1.040 años de prisión los etarras Igor Portu, Martín Sarasola y Mikel San Sebastián, como autores del atentado con una furgoneta bomba en esa terminal. Sin embargo, y a instancias de la Fiscalía, el juez de la Audiencia Nacional Alejandro Abascal reabrió el caso a mediados del pasado noviembre, porque quiere averiguar si el entonces jefe de la banda Mikel Garikoitz Aspiazu, Txeroki, dio la orden de atentar contra la terminal aeroportuaria.

El próximo 5 de enero, el Tribunal de Apelación de París tomará la decisión de si entrega al histórico terrorista a la Justicia española para que rinda cuentas.