Rozalén y el destierro vasco en La Mancha

I.M.
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Una de las canciones, 'El hijo de la abuela', saca a la luz la historia de un joven de 20 años deportado en 1968 de Guipúzcoa por sus 'ideas' durante tres meses a Letur, pero Miguel Elola no es el único, hubo otros cuatro 'exilios' más

Imagen de archivo de María Rozalén, - Foto: Rubén Serrallé

María Ángeles Rozalén Ortuño, conocida artísticamente como Rozalén, lanzaba en el 2017 su tercer álbum de estudio y que lleva por título, Cuando el río suena; un álbum del que se comentó en algún medio que era una colección de canciones que conjuga con gran imaginación ritmos y géneros diversos (del folk y la ranchera al pop y el drum’n’bass) y en la que la de Albacete canta en esta ocasión sobre historias personales transmitidas por su abuela y sobre causas que incluyen el feminismo y la memoria histórica, pero también sobre el amor y el desamor.
La historia personal transmitida por su abuela no es otra que la que se cuenta en la octava canción de este álbum, El hijo de la abuela, en la que se narra la historia de «Miguel, dice la canción, un joven apuesto que trabaja en el tren, que nace en Alegia, Euskadi, en el momento en que era complicado si tenías ideales diferentes si hacías mucho ruido»  y cómo este guipuzcoano, cuando sólo tenía 20 años  de edad, acaba en Letur en casa de su abuela. Llega, continúa la letra,  «después del asesinato premeditado de Melitón Manzanas» cuando «se decidió que todo aquel fichado sería detenido, encarcelado, torturado, deportado lejos a pueblitos perdidos». 
Al «llegar,  ella (su abuela Ángeles) abrió la puerta y preguntó: muchacho tú tienes madre. Asintió y no pudo decir que no» a que Miguel Elola Olano,  «tuviese un techo, un plato en la mesa, una cama, una madre y una hermana en la que iba a ser su casa en el tiempo en el que estuvo allí»,  señala Rozalén en la letra de la canción.
«Se comentaba cómo tenía tanto valor para recoger a uno de la ETA y yo les contestaba: y yo que sé», le dice la abuela a su nieta en el documental que se puede ver en Youtube sobre El hijo de la abuela y Rozalén. Además, Miguel, «un hombre bueno», explica la abuela,  llegaba a un pueblo en el que «inicialmente levanta desconfianza hacía él, en el que nadie comprende que hace allí, ni por qué cada día pasa por el cuartelillo», explica la letra de la canción, para dejar constancia de que no había huido. Venía procedente de la cárcel de Madrid y con la única ropa que la que llevaba puesta, y además, lo hace a una casa, relata  la abuela de Rozalén en Youtube, «que no tenía un cuarto de baño, ni nada», pero pese a ello, «recogía a una persona que no había quien lo recogiese».  
No obstante, conforme va pasado el tiempo no sólo le llega el paquete que le había enviado su madre con ropa sino que también  la desconfianza inicial dará paso a la confianza,  a la amistad  de las gentes de un pueblo en el que nadie, allá por 1968,  había oído hablar de ETA y en el que, sin que nadie supiese por qué, el joven llegó acompañado de la motorizada (en alusión a la Guardia Civil).
Miguel, que fue presentado como un etarra, estuvo en Letur durante tres meses hasta que se lo llevaron en noviembre para hacer el servicio militar. Luego, comentan Rozalén y su abuela en el citado documental, la relación entre la familia y el joven se pierde hasta que, no obstante, llega esta canción y se reanuda con el envío de fotografías y  de una carta,  y de hecho, el documental finaliza precisamente con la lectura de un escrito de Miguel a la abuela Ángeles, dándole las gracias.

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