Trasvases internos: ¿La solución del agua en la región?

C.S.Rubio
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El sector agrario, liderado por Asaja, plantea cerrar los trasvases hacia el Levante y sustituirlos por derivaciones de agua al Alto Guadiana. Eso sí, más allá de los 50 hm3 ya firmados comprometidos en su día en el PEAG de Zapatero y Barreda

El Alto Guadiana incluye buena parte de la provincia de Ciudad Real y los municipios ‘manchegos’ de Cuenca, Albacete y Toledo. - Foto: Reyes Martínez

Las últimas sentencias del Tribunal Supremo en torno al Tajo y la necesidad de mantener su caudal ecológico han vuelto a poner sobre la mesa de debate la viabilidad del  Trasvase Tajo-Segura. Como apuntaba hace unos días el secretario general de Asaja en la región,  José María Fresneda, en Murcia «ya saben que poco a poco se les va a ir acabando» esta manera de obtener agua. Pero, a la vez, se ha abierto un nuevo foco de discusión, esta vez dentro de las fronteras de la comunidad: ¿los trasvases internos son la solución para el problema del  agua en Castilla-La Mancha?
Desde Asaja se cree que sí. Es más, en las últimas semanas la patronal agraria ha ido elevando el tono de su discurso en este sentido, insistiendo en que el agua del Tajo que ahora se va por el acueducto al Segura, debe servir para cubrir el déficit hídrico de toda la región. Una reflexión en la que  incluye a los pueblos ribereños de la cabecera del Tajo, pero también a la Llanura Manchega. Es decir, a buena parte de la provincia de Ciudad Real y los pueblos ‘manchegos’ de Toledo, Cuenca y Albacete.
Una idea que no es nueva. Rodríguez Zapatero ya impulsó a requerimiento del entonces presidente regional, José María Barreda, el llamado Plan Especial del Alto Guadiana (PEAG) que, entre otras cosas, incluía la construcción de la llamada ‘tubería manchega’ para llevar hasta 50 hectómetros cúbicos a la zona. 
Una tubería que se comenzó a construir en 2008 y que a día de hoy sigue a medias. Las cifras son reveladoras: de los 130 millones previstos para su ejecución solo se han invertido 30 en estos años.
Desde el Gobierno regional se sigue apoyando esta solución. Es más, hace apenas dos meses la Junta de Comunidades advertía de que la solución de los problemas del Alto Guadiana está a la «vuelta de la esquina», en parte gracias  «a la llegada de más recursos de agua a través de la tubería manchega».
 Pero a Asaja ya no le vale con la promesa de estos 50 hectómetros cúbicos anuales que, sobre el papel, deberían llegar todos los años al Alto Guadiana desde el Tajo. Su propuesta pasa ahora por cerrar el envío de agua al Segura y reutilizar parte de ella para la regar La Mancha, rehidratar los acuíferos sobreexplotados del Guadiana  y, lógicamente, abastecer toda la cuenca del Tajo. Cuenca que, por cierto, comenzaba este año 2019 con restricciones al regadío en la zona del Alberche y parte de Guadalajara.
En este sentido, a los agricultores no les gusta nada que el debate se enfoque ahora en la defensa de los caudales ecológicos.  Fresneda lo justifica en la necesidad de ‘salvar’ a Castilla-La Mancha de la despoblación. Como explica, «hemos cogido un mapa de España con los datos de densidad demográfica y hemos superpuesto otro con la superficie de regadío en el país. Y el resultado no puede ser más revelador: las zonas de secano ‘rabioso’ coinciden exactamente con los municipios en riesgo de despoblación». Mientras que «alrededor de los regadíos de España se encuentran los mayores porcentajes de concentración de ciudadanos, ya sean los regadíos de aguas superficiales, los de aguas subterráneas o los de otras procedencias, como las explotaciones regadas con agua de trasvase», añade. 
Tanto es así, que desde la patronal agraria no dudan en tachar la directiva europea en materia de agua  de «normativa hecha por ambientalistas y ecologistas» y comienzan a instigar a los partidos políticos para que la frenen.
En cuanto al trasvase en sí, desde Asaja también son partidarios de  reutilizar la infraestructura, que acaba de cumplir 40 años. Y es que, como advierten, «hay que ser serios, no se va a poner una bomba al trasvase para destruirlo». 
No hay que olvidar aquí que la infraestructura en sí ya se está usando en algunas zonas de Albacete para regadío y para abastecer a la capital. Eso sí, siempre para llevar agua del Júcar, no del Tajo. ¿Cómo es posible esto? Pues porque en el pantano de Alarcón se mezcla el agua del trasvase con la del Júcar y, desde ahí, sigue su rumbo hasta el Levante, pasando por Albacete y dejando allí la cantidad que le corresponde del Júcar. Tanto es así, que los regentes del Segura ya han solicitado alguna vez quedarse también con parte de este agua, además de con la del Tajo.
«En el tajo no hay agua para todos». ¿Dónde estaría el problema a todo esto? Pues en que en el Tajo no hay agua para todos, según insiste el presidente de la Asociación de Municipios Ribereños de Entrepeñas y Buendía, Francisco Pérez Torrecilla. 
A priori, la propuesta de Asaja no le parece mal, ya que plantea la prioridad de la cabecera del Tajo para el uso y disfrute  de este agua. El quid de la cuestión está en que para cubrir estas necesidades y mantener el caudal ecológico del río se necesitarán, al menos, 1.000 hectómetros cúbicos en Entrepeñas y Buendía. Pantanos que a día de hoy apenas llegan a los 600. 
Una vez alcanzados estos 1.000 hectómetros cúbicos, «que se vaya el agua a dónde se tenga que ir», pero, como insiste Pérez Torrecilla, «está comprobado que no sobra nada».
En este punto, defiende la política de mantener en el Tajo un caudal ecológico mínimo, tal y como se recoge en las últimas sentencias del Tribunal Supremo y que obligará a abrir más las espuertas de Entrepeñas y Buendía para nutrir al río. 
Como insiste, el objetivo no es otro que mantener «un río vivo». Por eso, no entiende los reproches de los agricultores en este sentido.
En los años en los que se aprobó el Plan Especial del Alto Guadiana se hizo popular en Castilla-La Mancha el eslogan ‘Agua para todos sí, agua para todo no’, contra el uso de los recursos del Tajo para regar  campos de golf en Murcia.  ¿Habrá que recuperarlo ahora?  Se verá.