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José Fernando Molina confirma su gran proyección y seriedad

Pedro Belmonte
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Junto con Cristian Pérez, es el novillero con picadores de Albacete que más veces se enfundó el vestido de luces durante esta temporada, con ocho actuaciones y 13 orejas cortadas

Imagen de José Fernando Molina en su triunfo en la plaza de Casas Ibáñez. - Foto: Arturo Pérez

Ha sido, junto con Cristian Pérez, el novillero con picadores de Albacete que más veces se han enfundado el vestido de luces durante esta temporada, con buen resultado, ya que han sido ocho novilladas picadas y 13 orejas cortadas, con actuaciones en plazas de todas las categorías, entre ellas en Saint Sever, Dax y Albacete. El toreo de Molina va cogiendo altura en cuanto a profundidad y seriedad, empeñado en transmitir buen toreo, lo que va calando en los aficionados que ven a un diestro con una gran proyección, tal y como apuntó en su época de alumno de la Escuela de Albacete, aunque una inoportuna lesión de rodilla y después la pandemia, están retrasando su trayectoria hacia los primeros puestos.

«Es solo un número las actuaciones que he tenido esta temporada, aunque ocho novilladas es un buen número, tal y como están las cosas, porque todas han sido por su camino, con las cosas bien hechas, como deben ser. Mi impresión de la temporada ha sido buena, aunque uno siempre quiere más, pero lo importante es que ha sido positivo el año y conforme van pasando los días te vas encontrando mejor, y cuando te quieres dar cuenta y mejor estás, se acaba la temporada. Siempre me he encontrado mejor al final de temporada, que es cuando hay que cortar. Me quedo con todas las novilladas, porque en todas se evoluciona, cada una en un aspecto, pero me quedaría especialmente con Casas Ibáñez, que fue una tarde muy emotiva, con Dax y Albacete. Con ganas de volver otra vez, evolucionar y que te vean mejor que la vez anterior».

Se ha notado especialmente este año una mayor profundidad en su toreo, en las formas y en el fondo. «Uno siempre intenta ir evolucionando y la verdad es que este año me he encontrado mejor, más maduro, porque hay que tener en cuenta que venimos y estamos en una pandemia que nos ha frenado a todos y nos ha dado tiempo a pensar, encontrarte a ti mismo y eso hace que te hagas más y profundices en tu toreo, buscando ser un torero serio. Quiero ser un torero clásico, el de nuestra tierra, buscando muchas cosas, como levantar la figura, no forzarla, pero siempre yendo con la verdad por delante, pero al final, lo que se marca en la plaza es tu personalidad. Es cierto que a veces hay que forzar un poco la figura porque el animal viene por dentro y hay que limpiarle el muletazo, como me ocurrió en el primer novillo en Albacete, que era muy bravo y quería coger los trastos, por lo que era muy difícil limpiar el muletazo y había que forzar para llevarlo más lejos y hacerlo todo por abajo para que aquello fuese limpio. Nosotros estamos expuestos al público y a los críticos, pero hay que saber de que va eso, de las reacciones de un animal, por lo que no es tan fácil como se ve desde arriba».

Transmitir en la plaza. Habla de disfrutar como lo imprescindible para transmitir en la plaza. «Cuando tu disfrutas, disfruta el que está arriba y entonces se crea algo bonito. Cuando entreno, me gusta irme a gusto a casa y ver que hago los deberes, buscando esa felicidad necesaria para entrenar al día siguiente, y en la plaza igual, disfrutar desde que te vistes de torero». El miedo, algo con lo que aprenden a convivir los toreros. «El peor miedo es el del fracaso. Cuando estoy solo, toreando en el campo, sin presión por que puedan verte, no tengo miedo, pero cuando estás en una plaza y te expones a mucha gente, a que opinen sobre ti, y quieres que salga todo perfecto, entonces aparece ese miedo escénico a no estar bien, entonces te responsabilizas y eso es lo que más miedo me da. Tu vas dispuesto a jugarte la vida y por distintas causas no puedes hacerlo como quieres y eso te da miedo, miedo al fracaso. La preparación te da seguridad y cuando estás seguro, estás más tranquilo».

Sale la tarde en Albacete, rozando la puerta grande. «La espada asomó en el segundo novillo, pero eso es una suerte, y por ello se le llama la suerte suprema y el destino quiso que fuese así, y no se puede hacer nada, porque te tiras por su sitio y con todas tus ganas y en ocasiones no sale como quieres. Esto te sirve para no aflojar y si Dios quiere, el año que viene abrir la puerta grande».

No ha entrado en Valencia, algo difícil de explicar. «Tuve una actuación destacada en 2019 y aunque en 2020 estuve anunciado en la novillada de mayo, la de la Virgen, que se suspendió por la pandemia, este año, con el cambio de empresa, no ha podido ser, pero es algo que no me preocupa porque Valencia seguirá estando allí y ya la pisaré».

Satisfecho con su apoderado, Jacinto Salazar. «Estoy muy contento con él, con el trabajo que hace y con la relación personal, por lo que estoy muy tranquilo, hablamos a diario».