Mujeres que se arman

MAITE MARTÍNEZ BLANCO
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Más de 200 mujeres de todas las edades reciben nociones básicas de autodefensa en unos cursos gratuitos promovidos a raíz del asesinato de Laura Luelmo

Dos de las participantes en estos cursos gratuitos. - Foto: Rubén Serrallé

El 17 de diciembre se levantó con la noticia de la muerte violencia de Laura Luelmo, la joven profesora zamorana, que fue raptada, violada y asesinada en un pequeño pueblo de Huelva. Y decidió que algo había que hacer. «Las mujeres deben poder ejercer su derecho a la defensa», se dijo Loli Panadés, instructora de artes marciales. Se puso manos a la obra y comenzó a dar clases para dar a las mujeres armas suficientes con la que poder zafarse de un eventual agresor y pedir ayuda. 
No se trata de forjar heroínas, pero sí entrenarlas en técnicas básicas de autodefensa. Y, sobre todo, conseguir que a nivel emocional se sientan fuertes, capaces de defenderse, y no darse por vencidas a la primera de cambio, «hay que evitar esa indefensión adquirida de la víctima, que se rinde a la primera». Para eso es importante que adquieran técnicas físicas, pero también de autocontrol e incluso de respiración. En definitiva, poder sentirse «seguras, protegidas y capaces». 
Echó así a caminar el proyecto Pelea como una chica, que hoy aglutina a más de 200 mujeres de todas las edades. Empezaron en dos gimnasios de la ciudad que han cedido gratuitamente sus espacios, Fujiyama y Play fitness, y desde este sábado disponen también del pabellón polideportivo del IES Tomás Navarro Tomás. «Lancé la idea y en cuatro horas tenía a 100 mujeres interesadas», cuenta Loli, que en esta misión cuenta como aliados con la Policía Local, la Policía Nacional y entidades como Cruz Roja y la Asociación de Padres y Madres de Niños y Afectados por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (Apandah). 
Otilia Gómez es una de las mujeres que respondió a la invitación de la instructora de artes marciales. Trabaja en un centro de salud de un barrio conflictivo y ha vivido alguna que otra situación complicada, si bien cruza lo dedos, jamás ha sufrido una agresión. Eso no quita para tomar precauciones. Está encantada con las seis sesiones a las que ha asistido, «he aprendido a confiar en mis posibilidades, no es que me vaya a convertir en una experta en artes marciales, pero creo que puedo sentirme más segura ante una situación de peligro, sobre todo si llego a automatizar una serie de defensas e incorporarlas a la memoria motriz».
Su hijo, aficionado a esta disciplina deportiva es una de las personas que colabora en la instrucción de las mujeres que se han inscrito en estos cursos de autodefensa personal, que son totalmente gratuitos. 
«Eso está muy bien, porque estas clases valen un dinero y no todo el mundo puede pagarlas», dice Doni Fernández, que acude a estas sesiones con su hija, Verónica Sanjuan. «Venimos a pelearnos un ratito», dicen divertidas, mientras cuentan lo aprendido en estos días. «Jamás iba a imaginar que un golpe con un móvil podía hacer tanto daño», desvela Verónica, de quien partió la iniciativa de inscribirse en este curso. Su madre la escucha y aprovecha para reiterar algunos de los consejos escuchados, «eso de salir de la biblioteca e irse para casa pendiente del móvil no está bien, hay que ir atenta a lo que pasa en la calle». 

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