Los nombres importan

Pilar Cernuda
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Los responsables políticos se han jugado su futuro, en gran parte, al elaborar listas primando más las afinidades que la valía profesional

Los nombres importan

En su vanidad, bastante generalizada en la clase política, los líderes de los partidos creen que su sola presencia en una lista electoral es suficiente para acumular el voto, y no hacen el obligado esfuerzo para tantear al electorado respecto a las simpatías que tienen hacia otros miembros de sus partidos. Lo que les preocupa, más que cualquier otra consideración, es dejar bien colocados, en puestos de salida a sus afines. 
En la noche electoral, llegará el llanto y crujir de dientes cuando se conozcan los resultados, que casi siempre reflejan que los votantes han demostrado en las urnas su rechazo a las veleidades de los que hacen las listas con criterios personalistas, reflejo de sus filias y fobias.
Hay partidos que han desaparecido o se encuentran bajo mínimos por el empeño de sus dirigentes en imponer listas que no gustaban a la militancia ni a sus votantes. 
Los nombres importanLos nombres importan - Foto: Nico RodriguezPodemos sufre una crisis de imprevisibles consecuencias por premiar el servilismo al líder en lugar de dialogar con los que mostraban su disconformidad con decisiones relevantes, y el PSOE está debilitado porque sus mejores líderes han desaparecido de Ferraz o de los Parlamentos y Gobiernos autonómicos y municipales. 
Al PP le puede pasar lo mismo, por mucho que Pablo Casado repita que ha hecho un esfuerzo de integración. No es cierto. Ha laminado a los mejores que no le respaldaron en las primarias. Lo ha reconocido su polémica cabeza de lista al Congreso por Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo, cuando dijo: «Este PP no es el PP de Rajoy», pensando que así conseguía votos del electorado españolista catalán.
Albert Rivera, que ha cometido serios errores desde la dirección de Ciudadanos, la más importante los bandazos entre PP y PSOE que han restado toda credibilidad a sus promesas de no llegar a ningún acuerdo con Pedro Sánchez. Sin embargo, ha actuado con inteligencia ante el trato que han recibido personajes muy conocidos de ambas formaciones que Sánchez y Casado han dejado fuera del Congreso y del Senado.
La elección de Cs al Parlamento Europeo es buena muestra de ello, y es que ha colocado a miembros destacados de la extinta -o casi- UPyD, con Maite Pagazaurtundúa, una de las eurodiputadas que más se han significado en esta legislatura, en el número dos de la lista. Inmediatamente después de Luis Garicano, al que Rivera ha mantenido en cabeza a pesar de que en Castilla y León se significó muy activamente contra la candidata oficial del partido, Silvia Clemente, ex PP, que finalmente perdió las primarias en una operación que ha obligado a una investigación interna por evidente pucherazo a favor de Clemente. Cs ha ofrecido también un puesto en la lista europea, como independientes, a la exportavoz parlamentaria socialista Soraya Rodríguez, castigada por Pedro Sánchez, y al expresidente balear del PP José Ramón Bauzá, y ha incluido en la municipal de Barcelona al exministro de Zapatero Celestino Corbacho.
El Partido Popular es la formación en la que se visualiza más el desencanto. No solo entre los relegados, que también, sino entre militantes y votantes. 
Ya se había iniciado ese desencanto al conocer las listas del Congreso de los Diputados, pero la del Parlamento Europeo ha producido auténtica conmoción. Porque todo el mundo daba por hecho que González Pons sería el número uno, ya que ha realizado un trabajo tan relevante en su primera legislatura que, incluso, ha sido elegido por el Partido Popular Europeo para ser su portavoz parlamentario -el PPE es el grupo más numeroso de la Eurocámara- si Weber es elegido presidente de la Comisión en sustitución de Juncker . El desencanto se acrecienta porque la sustituta de Pons es Dolors Montserrat, que ha cosechado polémicas intervenciones como portavoz en el Congreso desde que Pablo Casado fue elegido nuevo líder conservador. 
Por otra parte, se ha situado en lugares de imposible escaño a personas como Carlos Iturgáiz -que ha renunciado finalmente a ir en la lista- para incluir a candidatos sin experiencia europea pero que se han significado en el congreso del partido por apoyar a Casado o Cospedal, como el exministro Zoido. 
 

Maltrato. Se suma al malestar de quienes no acaban de ver los aciertos de Casado, que de nuevo, se ha visto la larga mano de Aznar. El gabinete del presidente en Génova está plagado de personas del círculo más cercano a Aznar, incluido el jefe de ese gabinete, Fernández Lasquetty, pero, además, en la lista europea se han colado dos personas absolutamente aznaristas, sobre todo, Javier Zarzalejos, actualmente director de FAES. Es hombre de valía, pero sin experiencia internacional. Aunque la decepción máxima la provoca Isabel Benjumea, que ha entrado en la candidatura europea sin que se conozcan sus méritos en política comunitaria.
Los miembros de la lista fueron convocados el pasado lunes a Madrid, para una fotografía conjunta con Pablo Casado. Ninguno de ellos sabía qué lugar ocuparían y, cuando se lo comunicaron llegaron las decepciones. Los casos más sonados fueron los de Iturgáiz, Francisco Millán y Zoido. Iturgáiz decidió renunciar a pesar de las llamadas de Casado y Teodoro García.
Situación muy parecida a la que se vivió en el PSOE, aunque Sánchez no telefoneó a los desalojados de más renombre, Pepe Blanco, Elena Valenciano y Ramón Jáuregui. Probablemente, tampoco lo esperaban. Blanco, a pesar de que fue quien inventó a Pedro Sánchez y fue pieza clave para que fuera elegido secretario general del partido la primera vez. Valenciano y Jauregui, para Sánchez, pertenecen al grupo que considera agua pasada en la historia socialista.
Los responsables de los partidos se han jugado su futuro, en gran parte, al elaborar las listas. Han primado las afinidades más que su hoja de servicios y profesionalidad.