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El independentismo saca músculo

Maricruz Sánchez (SPC)
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El 14-F deja un escenario abierto para la formación de un ejecutivo que ERC tiene todas las papeletas de liderar y en el que las fuerzas separatistas podrían gobernar con una holgada mayoría si logran superar sus vetos

El independentismo saca músculo - Foto: José Méndez José Méndez

Ganar unas elecciones no implica gobernar, y menos si se toma como referencia lo ocurrido en los últimos años en Cataluña. Los resultados de los comicios del pasado 14-F dejan, como muchos ya vaticinaron, un escenario abierto en el que ERC, segundo partido en votos pero empatado con el PSC en escaños, tiene todas las bazas para liderar el Govern. Además de sus 33 diputados, su posición en el tablero político hace que el camino de la investidura pase casi necesariamente por los republicanos.

Asimismo, aunque las fuerzas independentistas sumen la mayoría absoluta necesaria para constituir un ejecutivo, el crecimiento del PSC (con su demostrada capacidad para alcanzar pactos transversales que Ciudadanos), el giro a la izquierda del electorado y las tensiones entre Junts y los comunes pueden dar opción a otras alternativas. Eso sí, en todas las posibles, el papel decisivo lo representa ERC.

La primera opción pasa por que el bloque independentista se ponga de acuerdo. Los partidos secesionistas aglutinan 74 escaños, cuatro más que en 2017, lo que les confiere una mayoría absoluta. Los 33 de ERC más los 32 de Junts suman 65, pero necesitan a la CUP para superar la barrera de los 68. Lo que parece estar claro es que la Presidencia estaría en manos republicanas, en concreto de Pere Aragonès.

Aunque en principio esta vía es la que tiene mayores opciones de salir adelante, las tensiones entre los principales socios del Govern pueden dar al traste con el plan. Eso y las exigencias de los anticapitalistas sobre el proceso separatista, habitualmente muy ambiciosas.

De hecho, fueron las asambleas de la CUP las que hicieron president a Puigdemont tras vetar a Artur Mas. Si bien es cierto, ahora no sería necesario su apoyo y bastaría con una abstención: si los nueve diputados cuperos no votan, ERC y Junts suman 65 escaños, frente a los 61 del resto de partidos.

La otra alternativa en Cataluña, la segunda, requiere un pacto de izquierdas entre PSC y ERC, más los Comunes. Esta es la opción más verosímil para hacer presidente a Salvador Illa, una reedición del tripartito que lideró en su día José Montilla entre PSC, ERC y los comunes. Esta combinación sería, también, reflejo del apoyo de ERC al Gobierno del PSOE y Unidas Podemos y sumaría los escaños de PSC (33), los republicanos (33) y Podem (ocho), para alcanzar una cómoda mayoría de 74 escaños.

Pero hay algo que bloquea esta opción: poco antes de las elecciones, Catalans per la indepèndencia, una organización promovida por exdirigentes de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), logró que todos los partidos independentistas se comprometieran por escrito a no pactar con los socialistas la formación de Govern. Frente a ello, los comunes siguen apostando por un «gabinete de izquierdas», la fórmula que a su entender lograría la mayoría más amplia.

Existe una tercera y complicada alternativa que pasa por un acuerdo «amplio», con la autodeterminación y la amnistía como ejes centrales, entre independentistas y lo que ERC llama «mayoría social de izquierdas en Cataluña»: la CUP y Podemos. En caso de recabar el apoyo de los comunes y los cuperos, los republicanos solo necesitarían el o de la abstención de Junts, pues el voto en contra impediría la suma aunque el PSC se abstenga.

En cuarto lugar, y ya en el apartado casi de quimeras imposibles, está la opción de un gran acuerdo entre los partidos no separatistas. Esta suma de votos no sería suficiente para gobernar, aun en el extraño caso de que las mismas formaciones que chocan a diario en Madrid lleguen a un consenso en Barcelona. Además, Illa dejó claro en campaña que negociaría con todos menos Vox. Así pues, la suma de los diputados del PSC (33), Podem (ocho), Cs (seis) y PP (tres) se queda muy por debajo de los 68.

Juego de abstenciones

En la política catalana no hay ahora mismo, con los resultados del 14-F en la mano, mucho margen a soluciones intermedias, vía abstención. La opción más plausible es el apoyo tácito de la CUP al acuerdo de ERC y Junts. Mientras, la abstención del PSC tampoco sería suficiente para garantizar un gobierno republicano que libere a los de Junqueras del condicionante de Puigdemont: ERC, los comunes y la CUP sumarían 50 escaños, bloqueados por Junts, Vox, C’s y PP (52).

En caso de lograrse un pacto entre ERC y Junts, bastaría también la abstención de En Comú para sumar mayoría, incluso si las bases de la CUP señalan el voto en contra. Un pacto de ERC con CUP y los comunes (50 escaños) para gobernar en minoría estaría, por el contrario, sujeto a la abstención tanto de Junts como del PSC, ambos con capacidad de bloqueo.

Finalmente existe una posibilidad que nadie quiere contemplar, pero que es igual de factible que el resto: la repetición electoral. Si el candidato a la investidura no logra recabar apoyos, se activa un plazo de dos meses, a contar desde la primera votación fallida, lo que podría llevar a la repetición de los comicios aproximadamente a mediados de julio.