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Ganaderos, una especie a proteger

Vidal Maté
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Desde Transición Ecológica a Moncloa, las amenazas les llegan de todas las direcciones

Ganaderos, una especie a proteger

E l sector ganadero y, en paralelo, el de la industria de la carne, no ganan para sustos. Hace unos meses, con el silencio inicial del ministro de Agricultura, la rama ganadera ligada fundamentalmente a las explotaciones extensivas que mantienen el territorio se ponía en pie contra la decisión del Ministerio de Transición Ecológica, empeñado en incluir al lobo entre las especies de protección especial sin haber hecho un balance sobre la evolución de su población y el impacto negativo que esa medida supondría para esas ya castigadas cabañas ganaderas. Siguen los debates y las amenazas.

Hoy, tras este primer ataque a una actividad ligada fundamentalmente al pastoreo, se ha repetido la ofensiva contra el sector de la carne y el conjunto de todo el sector ganadero, pero ésta vez desde el propio Palacio de La Moncloa a través de su ‘Estrategia España 2050’. En sus expectativas sobre ambos sectores dentro de tres décadas, la Presidencia del Gobierno centra sus reflexiones sobre los peligros de consumir carne desde la perspectiva de la salud y del impacto de la ganadería sobre el medio ambiente por la emisión de gases de efecto invernadero.

Como en la iniciativa anterior, desde el Ministerio de Agricultura no se ha escuchado una posición en contra de ese contenido para limitarse a señalar, a instancias de los medios, que se trata simplemente de unas reflexiones muy a largo plazo que siguen la línea de los debates que hoy existen en los foros internacionales.

Entre otras muchas advertencias «en defensa» del conjunto de la actividad cárnico-ganadera, el documento de la Estrategia apuesta por frenar la demanda porque «numerosos estudios señalan que el consumo de carne de la población española es entre dos y cinco veces superior al recomendable». Sigue atacando al sector desde la perspectiva del medio ambiente y del uso de los recursos. Dice que «el abandono progresivo de la dieta mediterránea y el incremento del consumo de productos de origen animal es responsable del 80% de las emisiones asociadas a nuestra alimentación». En relación con el mismo problema, el documento oficial acusa a los sectores industrial y agropecuario de suponer en España el 33% del total de las emisiones, además de asociar a ambos con un uso excesivo de recursos naturales, como tierra y agua, sin entrar en otras consideraciones, siguiendo las críticas clásicas de las organizaciones ecologistas.

Como no podía ser de otra manera, contra estos planteamientos se ha levantado el conjunto de las industrias de la carne, 3.000 fundamentalmente en zonas rurales, además de todas las organizaciones interprofesionales de vacuno, porcino, aves, cerdo ibérico, ovino y caprino y conejos (que suman unas 360.000 explotaciones agrarias, presentes en 25 millones de hectáreas, con un valor en origen de 16.000 millones, 28.000 millones en la industria y 9.000 millones de exportación). Todas las organizaciones agrarias (ASAJA, COAG, UPA y Unión de Uniones) han rechazado y denunciado el contenido de la ‘Estrategia España 2050’ en lo que afecta al sector de la carne y a la actividad ganadera en su conjunto por sus alusiones en pro de una reducción de la demanda por cuestiones de salud y responsabilizando a la ganadería que sostiene el territorio de elevadas emisiones de gases efecto invernadero.

En relación con las acusaciones sobre su peso en ese tipo de emisiones, el sector señala que los datos oficiales achacan a la ganadería de carne solo el 7,8% de ellas y que además se trabaja en la mejora a través de cambios en los sistemas de alimentación animal. Además se echa en falta una cita en positivo sobre el papel de la ganadería en el sostenimiento del territorio.

Las organizaciones agrarias coinciden en que no se puede criminalizar al sector ganadero de todos los males de la salud y el medio ambiente, cuando la carne es una parte importante de la dieta mediterránea y España tiene una alta esperanza de vida. Desde UPA se añade la necesidad de que el ministro de Agricultura, Luis Planas, haga oír su voz en el Consejo de Ministros y se ponga a la cabeza en la defensa de la actividad frente a otras posiciones.

Desde la Asociación Nacional de Industrias de la Carne (ANICE) el secretario general Miguel Huerta lamenta que ante una caída general del consumo de carne en los últimos años, desde el propio Gobierno se aliente con alusiones negativas y cifras que no coinciden con la realidad a una reducción de la demanda por razones de salud, en lugar de analizar la situación con el sector y buscar soluciones a los problemas que pudieran existir. La patronal de la carne niega los datos de FAO manejados sobre el consumo de carnes en España que cifra en 100 kilos y señala como más reales los 46 kilos del Ministerio Agricultura. Además, entre los años 2012 y 2019 el consumo de carne en los hogares ha sufrido una importante caída, pasando el vacuno de 6,38 a 4,85 kilos por persona y año, de 1,89 kilos a 1,33 kilos el ovino y caprino, de 14,7 a 12,37 kilos en pollos y de 10,6 a 9,64 kilos en porcino, donde el sector crece solo por la exportación. En 2020, con la crisis y el recorte de la movilidad y bajadas de precios, se registró un ligero aumento de la demanda en los hogares.

En el sector cárnico-ganadero preocupa que las consideraciones negativas contenidas en el Estrategia 2050 se vienen a sumar a una larga lista de reflexiones, propuestas o campañas contra el consumo de carne por diferentes organizaciones públicas y privadas con diferentes intereses y con argumentos distintos.

Aparte de las razones medioambientales, el sector cárnico-ganadero está viéndose afectado por la oferta al alza de productos veganos y, sobre todo, porque estos productos veganos se están comercializando en su mayor parte bajo la etiqueta de carnes, cuando se halla prohibido por la normativa estatal.

En contra de ambos sectores se hallan las posiciones de la Organización Mundial de la Salud cuando señala los riesgos del consumo excesivo de las carnes rojas de cara a enfermedades cancerígenas. Finalmente, en esa línea se hallan las críticas desde la propia FAO al considerar a la ganadería como una actividad costosa por el uso elevado de materias primas, tierra y agua para la obtención de proteínas, siguiendo las críticas salidas desde algunas organizaciones ecologistas.

Con todo ello por delante, en Agricultura se necesita una Lista de Especies de Agricultores y Ganaderos a Proteger. Lo duro es que sea frente a la propia Administración central.