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Javier Ruiz

LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


El volcán

23/09/2021

El volcán Cumbre Vieja ha comenzado a arder y a todos se nos ha vuelto a pasar por la cabeza la imagen del fin del mundo. Ya están aquí los apocalípticos y milenaristas que comienzan a colocar cruces en el calendario dentro de la cuenta atrás indómita que hace tiempo comenzaron. La pandemia desató todas las costuras tejidas durante mucho tiempo y ha dejado un cráter por el cual ahora se escapa la lava del agotamiento. Los que están en la Palma dicen que la erupción es lenta y la velocidad de la materia incandescente tampoco muy veloz. Sin embargo, avanza despacio e inexorable la vomitona de fuego, arrasando todo aquello que encuentra a su paso. Su destino, el mar, será un sarcófago de pólvora y bombas cuando llegue y estalle. La nube tóxica puede ser peligrosa para la población. Hay quien lo perderá todo, incluso aquello que nunca tuvo, pero reposa en el corazón de las cosas y la mente. Los destrozos de la Naturaleza son incalculables y uno ya no sabe qué pensar. Por no mirar al presidente del Gobierno y buscar un gafe de dimensiones incalculables. Desde que manda Sánchez, todo son pandemias, huracanes y nevadas. Ahora el volcán. Lo próximo, nos conformamos con una lluvia ácida pasajera.
La psicología de la calamidad también se agota y veo a los coaching desentrenados ante tanta adversidad. Al final, es mejor ir a los clásicos y leer a Séneca y los estoicos. No esperar nada de un mundo enrevesado que hemos puesto bocabajo. Los optimistas tenemos trabajo por delante, aunque se nos esté secando el cerebro como a Don Quijote. Los expertos del cambio climático todo lo echan al saco y es una forma de dar razón y apariencia a lo que sucede. No aceptamos lo que no entendemos y nos supera. Por eso, buscamos explicaciones para interiorizar el contradiós y ponerle remedio. Un remedio que solo habita dentro de uno, en ese otro mundo por conocer desde Delfos y su glorioso mandato, conócete a ti mismo. Pero entre búsqueda y búsqueda, arde nuestro cerebro en el magma de la inteligencia abrasada.
A veinte días de la DANA, hemos recibido la declaración de zona catastrófica del Gobierno en Castilla-La Mancha. Esperemos que las ayudas lleguen pronto y no como en Filomena. Aquí, en Toledo, todavía no las hemos visto. Deberán espabilar un poco si quieren aprobar en algo que no sea Tezanos. Hablo con toledanos que están en la Palma y me cuentan el espectáculo desolador. Uno de ellos, Rodrigo, se casó el sábado y el fuego del volcán se unió al cortejo. Me dice que ahora viajará a Islandia, donde también hay otra erupción de varios meses. Al final, llevará razón la ministra Maroto y haremos turismo de volcanes. A mí nunca me gustó mirar por la boca de los cráteres y los pozos por si me caía.
El campo de Calatrava, dicen los expertos, permanece dormido y es poco probable que se active. Aunque nunca se pueda asegurar al cien por cien. Parte de la llanura manchega se levanta sobre un mar de volcanes que permanecen dormidos desde hace cinco mil años. El último en explotar fue el Columba, entre Calzada y Granátula. Allí, en el XIX, nació otro ciclón, Baldomero Espartero, varias veces presidente del Gobierno y regente de España. Dijo que cada noventa años había que bombardear Barcelona. Y aquí seguimos.
La lava devora inmisericorde la existencia de La Palma. En este caso, no nos queda ni el consuelo de Quevedo. Cenizas, medulas que han gloriosamente ardido. Polvo será, pero ni siquiera polvo enamorado.