El valor de San Román y la clase de Molina caldean la tarde

P.J.G
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El albacetense abrió la puerta grande y el mejicano, que paseó un apéndice, escucho los tres avisos en el quinto de la tarde

José Fernando Molina sale en hombros. - Foto: Ví­ctor Fernández Molina

No falló la previsión, la meteorológica, claro, que en estos días se habla más del tiempo que de otra cosa en la Feria, quizás por las ganas de disfrutar la fiesta, la general todos y la taurina los aficionados, que el año es muy largo y es preciso saborear cada una de las 10 tardes del abono. Bastante teníamos con lo visto en el ruedo, con la excepción de la encerrona de Pinar, como para que ayer, aunque fuese una novillada, se suspendiese el festejo por la lluvia, pero como ya indiqué, acertó la previsión y no llovió, aunque hubo otro invitado más molesto, el viento, por lo menos para los novilleros, Diego San Román y José Fernando Molina, quienes calentaron el ecuador del abono y una tarde que acabó fría y, una vez más, con casi tres horas de duración, ya que por fas o por nefas nos estamos abonando a los festejos largos, que terminan pesando hasta en el ánimo  del más pintado. Ese calor taurino de la tarde llegó con unos novillos que, aunque de desigual juego, también pusieron algo de su parte para elevar el tono ganadero de los últimos días y, sobre todo, con dos novilleros que interpretaron a la perfección su papel, cada uno de ellos con sus armas, el mejicano con el valor seco y el albacetense con la clase de su toreo. Distintos conceptos y distinto premio, porque Molina paseó una oreja del segundo de la tarde y otra del cuarto, esta un poco más barata, algo que no es baladí, teniendo en cuenta que era la que le abría la puerta grande, mientras que San Román paseó un apéndice del tercero y acariciaba otro del quinto, pero su fallo de los aceros hizo que del triunfo pasase a escuchar los tres avisos, en un amargo momento para el novillero. Y todo, con un reloj que no marcó las horas, estropeado por las inclemencias meteorológicas de la mañana, como la labor de San Román con la espada, que ahí es cuando comenzó el frío final del festejo y ya no se volvió a calentar en una tarde taurina que fue de más a menos en el coso albacetense y que también tuvo muchas cosas que el viento se llevó.

La clase de Molina. José Fernando Molina volvió a triunfar en la Feria Taurina de Albacete y cimentó su conquista en la clase que atesora y que afloró, principalmente en su primera faena, al segundo de la tarde, un novillo con clase y entrega con el hierro de Encinagrande, al que realizó una faena que comenzó con gusto por bajo, pero que tuvo que retardar el inicio de las series con la derecha por un viento molesto que no le dejaba presentar la muleta a su enemigo. La calma de Eolo trajo series por ambos pitones de mano baja, temple, clase y mando que embriagaron tanto al novillero que en los pasajes finales se vio sorprendido por un novillo que se arrancó y le dio una buena voltereta, de la que se levantó enrazado para recetarle otra firme serie con la derecha. Dejó media estocada trasera y tendida que fue suficiente para acabar con el astado y pasear la primera oreja de la tarde, evidenciando que  está para actuar en más festejos de los que actuó en este temporada, porque, curiosamente, tiene mérito lo suyo con lo poco que él se     prodiga.
Ante su segundo enemigo, otro buen ejemplar, en este caso de Juan Manuel Criado, noble y con entrega, realizó una faena que fue desigual, ya que se sucedieron pasajes de mando y temple en las series del novillero albacetense con otros deslucidos por los enganchones del astado. Dejó una estocada contraria que el novillo escupió y entró nuevamente a matar, dejando otra estocada que fue suficiente para acabar con la vida de su enemigo tras escuchar un aviso. Segunda oreja y puerta grande para el albacetense, el único de las cinco novilleros que actuaron en el ciclo albacetense que sale en hombros, con un empujón desde el palco.
Su tercer enemigo fue el sexto de la tarde, que ya entró en la parte fría del festejo, porque el astado de Juan Manuel Criado fue soso y sin entrega, realizando Molina una faena marcada por la voluntad que puso en arrancar las embestidas del burel por ambos pitones, con algún pasaje aislado de lucimiento, hasta que el toro se paró y el novillero desistió, porque la tarde ya estaba echada. Tras pinchar, dejó una estocada contraria y su labor fue silenciada.
El valor de San Román. El novillero Diego San Román, que hizo su presentación en el coso albacetense llegó más rodado, con más festejos a sus espaldas y eso también es un punto a sumar, pero sobre todo, lo que destacó fue el valor y la firmeza de este novillero, que se desenvuelve mejor en las distancias cortas y que entre los pitones de los astados parece estar cómodo, con el bueno y con el menos bueno. Su primer enemigo fue manajable, blando y sin clase y, aunque en los primeros compases no terminó de acoplarse con el astado, con varios enganchones y un desarme, en la recta final calentó los tendidos con un buen arrimón que caló, aunque pinchó con la espada y precisó de una estocada que fue suficiente para que el toro doblase y él fuese ovacionado.
Mejor condición tuvo su segundo enemigo, con nobleza y entrega, que aprovechó el mejicano con series de mayor lucimiento e intensidad que en su anterior labor, con un nuevo arrimón en el tramo final y un remate con ajustadas bernadinas. Todo ello rematado con una estocada que le valió para pasear una oreja.
El quinto fue devuelto tras romperse un pitón al rematar en un burladero. El quinto bis fue un novillo sin clase ni entrega ante el que puso todo el novillero mejicano, muy valiente y con otro arrimón, metido entre los pitones del novillo. Acariciaba la oreja y la puerta grande, pero el fallo con los aceros le dio la vuelta a la tortilla y pasó el trago de escuchar los tres avisos.