La molestia baja tono

E.R.J.
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La molestia baja tono

La reducción de las actas y denuncias que tuvo que tramitar en 2018 la Policía Local por ruidos y molestias en establecimientos y viviendas demuestra que hay una mayor conciencia ciudadana

Una de las luchas ciudadanas con más fuerza en los últimos años ha sido contra el ruido. La batalla a los decibelios de más se ha librado tanto en el ámbito privado como en el público y, a tenor de las actuaciones de las fuerzas del orden, con buenos resultados.
Medidas como la aprobación de la Ordenanza de Convivencia Cívica, que en su momento fue recibida con aplausos y críticas casi a partes iguales, se ha demostrado como una de las herramientas más eficaces. Ésta contempla, entre otras cuestiones, la prohibición del botellón -que, además de los efectos perjudiciales para la salud implicaba también que se perturbara el descanso de los vecinos donde se producían las concentraciones y que el lugar quedara lleno de restos de la aireada fiesta-, pero no es lo único. También se ha producido un refuerzo en el control de los horarios de cierre de los establecimientos hosteleros, en las terrazas, o en los excesos sonoros en las viviendas de particulares.
con datos. De esa mejoría generalizada, y en el descenso de las molestias por estas causas, se da fe, entre otros datos oficiales, en la Memoria de la Policía Local del pasado ejercicio, que se acaba de colgar recientemente en su web.
Las ciudades son hormigueros llenos de una bulliciosa actividad de miles de personas, cada una con sus aficiones, intereses y obligaciones. Todo ello hace que las urbes funcionen, pero también genera conflictos. De ahí, que la Ordenanza tratara de regular también estos episodios. Escuchar música en casa más alta de la cuenta, que una fiesta particular se prolongue de más, utilizar los electrodomésticos más ruidosos de madrugada o dejar al perro solo y que éste eche de menos a sus dueños y lo demuestre con ladridos son solo algunos de los muchos casos en los que se perturba el descanso vecinal.
La comunidad lo pasa una vez, lo pasa dos, pero a la tercera... De hecho, todos estos episodios llevan a que sean más las actuaciones de los agentes de policía, que terminan en incoaciones de actas y expedientes de denuncia, en verano que en invierno. Las ventanas sirven de tope a las ondas sonoras.
La convivencia no es fácil y eliminar todos estos conflictos, casi imposible, pero la mayor concienciación ciudadana ha llevado a que sí haya habido un avance.
Prueba de ello, como recoge la memoria policial, son las 22 denuncias menos por infringir la Ordenanza en materia de contaminación acústica que se pusieron en 2018 a vecinos de la capital. Esta causa generó, en 2017, un total de 196 expedientes, que bajaron hasta los 174 el pasado ejercicio. Supone, como se refleja en el documento, un descenso interanual por esta molestia de un 11%.
Las denuncias por perturbar el descanso fueron la cuarta causa con más expedientes abiertos, considerablemente por detrás de las otras tres (la principal fueron los 419 que se redactaron por miccionar en la calle). Es más, aunque la práctica del botellón se ha visto considerablemente aminorada, generó 242 denuncias durante todo el ejercicio pasado. Echando la vista un año atrás, lo que se confirma es un descenso, de 2017 a 2018, de un 30%, ya que en aquel se interpusieron 347 denuncias por el molesto sonora y visualmente motivo.
Para satisfacer la curiosidad, la segunda posición, en denuncias, la ocuparon los gorrillas. Pedir dinero por indicar dónde estacionar acabó, el año pasado, en 386 actas.
Desde la Policía Local se atribuye la reducción del número de denuncias al «trabajo constante de prevención y educación en estas materias», que se ha llevado a cabo a través «de charlas e institutos para concienciar de la importancia de comportamientos basados en el respeto y la buena convivencia» y, junto a ello, a la insistencia de que «el fomento de hábitos saludables, especialmente para los más jóvenes, supone una prioridad para el Servicio de Seguridad».

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