«Es una vergüenza permitir que una de cada ocho personas pase hambre»

ANA MARTÍNEZ
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Pilar Martínez es la nueva presidenta de Manos Unidas en Albacete, organización en la que lleva desde 2007

Pilar Martínez, nueva presidenta de Manos Unidas - Foto: ARTURO PÉREZ

Es católica, practicante y tiene una actitud de disponibilidad. Pilar Martínez Cuervas-Mons se ha formado en proyectos de desarrollo y en las campañas de sensibilización. Lleva desde 2007 en Manos Unidas y, tras expirar el mandato de su antecesora, ha sido nombrada recientemente presidenta de esta organización no gubernamental. Su reto para los próximos tres años es conseguir más voluntarios, especialmente jóvenes, y la implicación solidaria de los empresarios de esta ciudad.
El mapa de las organizaciones no gubernamentales en España es muy amplio. ¿Por qué de entre todas ellas escogió incorporarse como voluntaria a Manos Unidas?
Porque Manos Unidas me dio mucha tranquilidad y seguridad. Mis dos hijas han trabajado con organizaciones no gubernamentales fuera de España y me decían que el dinero que manda Manos Unidas llega en su totalidad a su destino. Esto es algo que también confirman los misioneros o seglares que vienen a visitarnos cuando iniciamos la campaña anual. Es gente que no está vinculada a Manos Unidas y que trabaja en escuelas y hospitales, con las comunidades más empobrecidas, y corroboran que ese dinero llega. Además soy católica y Manos Unidas es una organización católica que, además, es muy seria.
¿En qué momento de su vida una persona decide colaborar activamente con una ONG?
En el momento en el que me di cuenta de que tenía mucho tiempo libre. Mis hijas crecieron y se fueron a trabajar fuera, son independientes. Yo soy una persona muy activa, no me puedo quedar en mi casa sin hacer nada, voy a la Escuela de Idiomas pero me gusta hacer algo por los demás. Siempre he considerado  que he recibido mucho en la vida, he tenido unos padres y unos suegros estupendos y pienso que soy afortunada y que mi tiempo libre lo tengo que dedicar a los demás, porque hay muchas personas desfavorecidas que pasan muchísima hambre.
¿Y a qué ha dedicado su tiempo libre en Manos Unidas antes de alcanzar la presidencia?
Al principio ayudaba en el reparto de propaganda, en el envío de cartas, en las labores administrativas y, como soy profesora, me he dedicado a la educación en valores a través de las campañas de sensibilización social que hemos trasladado especialmente a los jóvenes con el material que nos manda la central de Madrid y que repartimos por institutos, colegios, asociaciones... Es una manera de sensibilizar a la población y de hacerle ver que hay mucha necesidad en el mundo, que por suerte vivimos en un país rico, que nosotros tenemos cosas que ellos no tienen y que están en crisis permanente, y que hay que luchar por los que no tienen ni agua y tienen que recorrer muchos kilómetros para poder beber.
No dejamos de escuchar noticias de la situación de estos países subdesarrollados. Guerras civiles, esquilmación de sus recursos naturales, servicios básicos inaccesibles, les roban las tierras, no tienen formación ni educación... Manos Unidas lleva 55 años luchando contra la pobreza y todavía hay 800 millones de personas que pasan hambre... ¿Qué está pasando?
Manos Unidas lleva 55 años denunciando las injusticias que se siguen produciendo entre los países del Norte y del Sur. Pienso que hemos ido mitigando un poco ese hambre, esa miseria, esa falta de sanidad y de educación. Gracias a muchos proyectos de cooperación se ha reducido la mortalidad infantil y la maternal. Ahora mismo, casi el 47% de las mujeres embarazadas ya son controladas durante la gestación. Pero es cierto que todavía hoy una de cada ocho personas en el mundo pasan hambre y esto es una vergüenza que lo sigamos permitiendo. Tenemos que seguir luchando contra esta injusticia, no creo que podamos acabar con la pobreza en unos años, pero poco a poco vamos poniendo nuestro granito de arena que, para ellos, es muy importante.
¿Cree que hay intereses gubernamentales para no acabar con la pobreza?
Primero hay que tener en cuenta un defecto importante: la mala distribución de la riqueza y de los alimentos. Mientras en España y en Europa se desperdician cantidades ingentes de comida, en otros países no se puede ni realizar una comida al día. Si no llega el dinero que mandan las ONG es por los altos niveles de corrupción que hay tanto en el Norte como en el Sur. En ocasiones se manda mucho dinero a países africanos y no llega a la población por sus gobiernos corruptos. Es triste que los ciudadanos donen su dinero para la gente que lo necesita y que se quede a medio camino. Esta situación también pasa con la ropa que se manda, que hay gobiernos que la revenden, y esto es muy triste. Pero Manos Unidas no manda dinero a los gobiernos, sino que financia aquellos proyectos que solicitan desde la propia comunidad.
¿Cómo ejerce el control de la financiación de los proyectos?
Lo primero que exige Manos Unidas es la implicación de las personas que piden el proyecto; queremos que se involucren en lo que se tenga que hacer. Luego exigimos facturas de todo lo que se vaya a gastar para cuantificar al céntimo cada proyecto. Si no hay una persona implicada que mande estas facturas, el proyecto no se hace.
¿Con cuántos proyectos y por qué cantidad se ha comprometido Manos Unidas Albacete este año?
A nivel nacional, Manos Unidas tiene 600 proyectos aprobados. La delegación de Albacete escoge aquellos que sabe que va a poder financiar por el cálculo aproximado de la recaudación de años anteriores. Este año vamos a pagar proyectos en Mozambique, Kenia, Ecuador, Nicaragua y la India. Todos ellos suponen más de 373.000 euros.
¿Y en qué consisten?
Pues van desde la construcción y el equipamiento de una escuela preescolar y otra de Primaria hasta la creación de nuevos sistemas de agua potable y de una presa de agua comunitaria.
Manos Unidas Albacete tiene un empeño especial en mejorar la sanidad y la educación de los pueblos empobrecidos.
Sí, es cierto, casi todos nuestros proyectos están relacionados con la sanidad y la educación, porque hay que darles una vida digna, con condiciones. Facilitarles el agua, el acceso a la educación y a la sanidad es lo mínimo que se puede hacer para vivir con dignidad.
¿Es posible aumentar la recaudación para poder financiar más proyectos?
Ojalá, pero desde 2007 ha habido un descenso de ingresos, mientras que Cáritas ha aumentado a pesar de la crisis, porque Albacete es una ciudad muy solidaria y ve con más inquietud los problemas de hambre y necesidad que tiene más cerca. Pero bueno, este año hemos podido financiar cinco proyectos y si en un momento dado vemos alguno que tiene más envergadura, pues lo desglosamos y pedimos dinero a las instituciones o hacemos nuevas actividades para recaudar fondos.
Otra línea importante de Manos Unidas es la sensibilización. ¿Sigue funcionando?
Manos Unidas tiene dos líneas de trabajo esenciales: por un lado, denunciar y dar a conocer el hambre en el mundo y las causas que lo originan para poder mitigarlo; y por otro, conseguir los medios suficientes para que estas personas que pasan hambre tengan dignidad y puedan vivir en sus países de origen sin sentirse obligados a emigrar. Tenemos el deber de crear las condiciones adecuadas para que puedan vivir en sus pueblos con dignidad, porque es una vergüenza que en el siglo XXI se permitan las pateras y todo lo que está pasando en el Estrecho. Es triste que dejen morir a cientos y miles de personas al año porque las leyes no permiten salvarlos. Aunque todo sea difícil y, sobre todo, muy lento, no nos podemos rendir, porque sacar a una persona cada día de la pobreza es un logro.
La anterior presidenta, Juana Perete, ha realizado una gran labor en Manos Unidas. Usted ha sido su compañera durante estos años, conoce bien la organización. ¿Qué sello le gustaría dejar durante su mandato?
Me gustaría llegar a los jóvenes, a los menores de 35 años que están ajenos a la solidaridad. Desgraciadamente, la juventud está inmersa en un consumismo exacerbado, antes no, antes teníamos otros ideales, otras metas..., ahora sólo se preocupan por el dinero y por las compras. Tenemos que saber llegar a esos jóvenes para que se impliquen en la solidaridad.
Esa falta de valores también se tiene que trabajar en casa, con la familia.
Estoy de acuerdo. Llevo 40 años dando clases de Educación Secundaria y antes los padres se implicaban más en la educación de sus hijos, eran más respetuosos y educados. Ahora no, ahora no se inculca la educación en valores y creemos que los padres tienen que recapacitar para que sus hijos se formen también como personas.
¿Quizá sean reacios a ser de Manos Unidas por pertenecer a la Iglesia?
Cáritas también depende de la iglesia y es la organización que más ayuda a la gente de Albacete. Si no fuera por la ayuda que presta Cáritas y las parroquias, habría mucha hambre en esta ciudad. Hace dos años, una señora donó una cantidad muy importante de dinero y cuando quisimos corresponderle con una imagen de la Virgen de los Llanos nos dijo que no era católica, pero sabía que la labor que hace Manos Unidas en el Tercer Mundo es muy importante y que el dinero llega a la gente necesitada. Esto es lo realmente significativo.
¿Algún reto más?
También queremos hacer campaña con los empresarios de Albacete para que sean más solidarios. Si no recuerdo mal, en una sola ocasión un empresario del polígono industrial de Campollano se implicó en un proyecto y pensamos que no todo en la vida consiste en ganar dinero, sino que pueden donar una pequeña cantidad. Mis objetivos como presidenta de Manos Unidas para los próximos tres años será la captación de gente joven y de nuevos socios para regularizar los ingresos y poder seguir financiando cinco o seis proyectos al año.
¿Compaginará la presidencia con la docencia?
Me iba a jubilar este año, pero no he podido porque al principio de mi vida laboral estuve siete años en investigación con una beca y no coticé. Me he tenido que esperar un año más, pero trabajaré a media jornada en el instituto Julio Rey Pastor. No creo que tenga problemas con el tiempo libre.
¿Cómo acepta este nuevo cargo en Manos Unidas?
Lo acepto con gran ilusión y con mucha responsabilidad. Es un honor que me hayan elegido. Juana ha dejado una organización muy unida con un equipo de 33 voluntarios que están muy implicados en la organización. Además, Juana es una mujer muy creativa, espero que me lo contagie a mí para hacer cosas nuevas que supongan más recaudación para financiar más proyectos.