Sánchez va de sobrado

Pilar Cernuda
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Sánchez va de sobrado - Foto: Javier Lizón

El presidente afronta con mucha tranquilidad, junto a su asesor, Iván Redondo, las negociaciones para poder prorrogar su mandato

Amenaza a Iglesias con elecciones, sabe que es lo peor que le puede pasar al vallecano. Sin embargo, desde La Moncloa aseguran que Sánchez ni se plantea la posibilidad de no salir bien parado de la sesión de investidura. Es más, Sánchez está convencido de que no necesitará una segunda vuelta en otoño. Va sobrado.
Tiene motivos. Nadie pensó que pudiera superar ser desalojado de la Secretaría General del PSOE. La recuperó, ganó a la invencible Susana Díaz en primarias y desalojó por primera vez en democracia a un presidente a través de una moción de censura y, además, ganó las generales que se celebraron un año más tarde. 
De hecho, se ha ido a Osaka, a la cumbre del G-20, sin demostrar excesiva preocupación por dejar las cosas atrás muy abiertas cuando el próximo martes tiene que comunicar a la jefa del Congreso la fecha para la sesión de investidura. No se ha llevado a Iván Redondo a Japón, lo decidió en el último momento, se queda en La Moncloa porque de esa manera su hombre de máxima confianza puede sellar algún capítulo que debe cerrar antes de fijar la fecha sobre la que todo el mundo hace cábalas.
Pueden seguir haciéndolas, porque lo único cierto es que Sánchez no baraja ninguna, aunque pretende hacerlo en cuanto regrese. Lo único seguro es el voto del partido de Revilla -PRC-, el PAR y NC. 
Personalmente, no va a tener más interlocutores que Casado, Rivera e Iglesias. Los demás son cosa del jefe de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, la portavoz parlamentaria Adriana Lastra... e Iván Redondo, el todopoderoso jefe de Gabinete del presidente con competencias que van más allá de las que tradicionalmente lleva ese cargo. En Ferraz está aceptado que es el brazo derecho de Sánchez, en el Gobierno y el partido.
De los tres interlocutores que representan a los principales partidos de la oposición, paradójicamente, es Casado el dirigente en cuya palabra más confía. Les unen pocas cosas, las relacionadas con políticas de Estado, pero a pesar de los encontronazos que han tenido y que incluso han provocado meses de incomunicación, el presidente tiene al palentino por un hombre de palabra.
Hace un par de semanas le llegó el recado, a través una persona del círculo de Casado, un tanteo sobre una posible abstención del PP en la investidura para dar paso a un Gobierno no dependiente de ERC y Junts. Sánchez quiso contrastar si  el mensaje llegaba de Casado, y pronto dedujo que no ante el desmentido público del presidente del PP. Sin embargo, no descarta Sánchez que pudiera producirse, aunque no lo pide. 
Sí se la solicita a Ciudadanos, incluso con un tono de exigencia apelando al sentido de Estado que debería tener un partido como el que dirige Rivera. Olvida Sánchez que es él mismo la persona menos indicada para hacer ese tipo de consideración porque por no aceptar la abstención en la sesión de investidura de Rajoy causó una crisis sin precedentes en el PSOE, rompió el grupo parlamentario y perdió el número uno.
Con ese estado de ánimo aborda Sánchez todo lo relacionado con la investidura, volcándose en conseguir el apoyo de Podemos sin ofrecer cargos ministeriales, aunque sí de cierta relevancia y haciendo lo imposible para convencer a Rivera de que lo mejor para el futuro de su partido era permitir, con su abstención, que gobernara con el apoyo de Podemos. Si el naranja se empeña en el no, trabajará entonces Sánchez con Casado. No lo tiene fácil, pero cree que su poder de convicción es fuerte y, sobre todo, que el popular, que no ha logrado ni de lejos el resultado que esperaba en las generales, podría engrandecer su posición apoyando un Gabinete socialista estable libre de compromisos con los independentistas catalanes y con EH Bildu.
En ningún caso quiere acordar nada con los independentistas ni con los abertzales. Con ninguno. Si permiten que salga investido sin pedir contraprestaciones, dejando claro que ese voto es gratis, no habrá nada a cambio. En ese tipo de aguas se mueve bien Sánchez, y lo está haciendo en el caso de Navarra.
María Chivite necesita a Bildu para ser elegida presidenta, y ya ha hecho un guiño a la formación cercana a ETA cuando negoció un puesto para ellos en la Mesa del Parlamento foral. Sin embargo, Sánchez se ha mantenido completamente al margen de esa negociación, lo que le permite plantarse ante cualquier exigencia que le pueda hacer Bildu más adelante: que le pidan cuentas a Chivite, no a él. Los de Otegi no cuentan para nada en el Gobierno de España.


Con independientes 

¿Qué tipo de Ejecutivo quiere hacer Sánchez? Solo del PSOEy con un número destacad o de independientes, alguno de ellos incluso cercano a Podemos aunque sin pertenecer al partido. Sería la forma de conseguir el apoyo de Iglesias, que necesita y que cree que va a conseguir, imbuido de ese espíritu optimista con el que está afrontando las negociaciones. Ese modelo de Gobierno se lo adelantó a Casado en el primer encuentro que mantuvieron después de las elecciones. Y en el segundo, y en el tercero, porque en todos y cada uno de ellos el dirigente de Podemos exigía, no pedía, al menos un Ministerio. El progresista siempre le dijo que no… pero el morado estaba convencido de que iba a torcer el brazo del presidente y acabaría sentándose en la mesa del Consejo de Ministros. En Moncloa aseguran que no. Veremos. La incógnita se desvelará en cuestión de días.