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Hernández fue el más 'aventurado'

P.J.G.
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El rejoneador paseó una oreja de cada enemigo, Munera se cerró la puerta grande con el rejón y Lea Vicens cortó un apéndice

Hernández clava una banderilla corta al violín. - Foto: José Miguel Esparcia

La tarde de rejones, antaño una de las que garantizaba el lleno en los tendidos en el abono ferial, registró dos tercios de entrada sobre el aforo permitido, quizás porque los seguidores de este festejo no tuvieron el ánimo de ediciones pasadas o quizás también por la ausencia de Diego Ventura, que ya saben ustedes que en la actualidad la sombra del rejoneador portugués es muy alargada, pero éste se encontraba en tierras galas, a mucha distancia del coso albacetense. El público asistente se entregó con los tres rejoneadores y el más ‘aventurado’, no por que su rejoneo se asemejase al del portugués, sino en la acepción de afortunado del adjetivo aventurado, porque la ayuda del respetable para que abriese la puerta grande fue considerable y si no sumó tres orejas en su cuenta es porque ante el cuarto, la gran petición de una segunda oreja no fue atendida por la presidenta, Genoveva Armero, quien posteriormente se llevó una pequeña bronca por no sacar el pañuelo. Hizo bien en no conceder una segunda oreja, porque por muy maravillosa que fuese la labor del rejoneador, que no lo fue, con un rejón de muerte contrario y trasero no se puede conceder ese segundo trofeo. Juan Manuel Munera pudo acompañarle en la salida en hombros, pero no fue así porque falló con el rejón ante el que cerraba plaza y se tuvo que conformar con la oreja que paseó del tercero, mientras que Lea Vicens, que fue a más, también paseó un apéndice del quinto de la tarde.

Leonardo Hernández tuvo un toro con movilidad y manejable en su primer enemigo, con el que no estuvo certero a lomos de Giraldillo a la hora de clavar los rejones de castigo, uno caído y el otro trasero. Algo cambió a mejor el panorama con Calimocho, más templado y colocando las banderillas al quiebro, aunque con Sol, curiosamente, no brilló, sin apreturas y muy desigual tanto en su rejoneo como a la hora de dejar los palos. Finalizó sobre Xarope, más en la distancia corta, con un tono más populista, aunque igual de desacertado a la hora de dejar el rejón de muerte, trasero y contrario, lo que no fue impedimento para que aflorasen los pañuelos y pasease la primera hora del festejo.

Mejoró el panorama con el segundo de su lote, con un Leonardo Hernández más espectacular y lucido, sobre todo con Enamorado y Eco en banderillas, clavando más agrupado y con salidas más airosas y vistosas del encuentro con el toro. Con Xarope lució doma, que ya saben que eso da muchos grados para calentar los tendidos, y tras clavar al violín las banderillas cortas y el desplante del teléfono dejó un rejón contrario y trasero que le valió para pasear otra oreja, con dos vueltas al ruedo, quizás como protesta propia por no haber recibido el segundo apéndice.

A Lea Vicens le correspondió en suerte como primer enemigo uno de los toros más parados de Fermín Bohórquez y tampoco es que ella pusiese mucho de su parte para que el marmolillo se moviese, por lo que le costó más encontrar la conjunción para clavar los rejones de castigo y las banderillas, aunque en su favor cabe decir que lo hizo más agrupado que Hernández, con más ortodoxia. No tuvo suerte con el rejón de muerte, porque tuvo que realizar hasta tres entradas para acabar con su enemigo y su labor fue ovacionada.

Cambió el panorama con el quinto de la tarde, con más movilidad y manejable, y Lea Vicens lo supo aprovechar para lucir más sus monturas y su rejoneo, en una labor con más intensidad y en la que, nuevamente, dejó reunidas las banderillas y flores que colocó. Tras dos pinchazos dejó un rejón trasero, pero al igual que le sucedió a sus compañeros, el público no penalizó esta cuestión, por lo que afloraron los pañuelos y logró un apéndice del quinto.

Munera, el único que repitió en el cartel sobre el último festejo de rejones celebrado en la capital albacetense, dio muestras de que el paso del tiempo ha sido bueno para su rejoneo. Tuvo un primer enemigo de condiciones similares al manso y parado que le correspondió en primer lugar a Vicens, pero el de Villarrobledo supo provocar las arrancadas del toro y lograr que fuese a  más para ofrecer pasajes de buen rejoneo, los más brillantes con Arrebato, con el que el jinete estuvo muy templado. Despachó al astado a lomos de Misterio y dejó un rejón trasero que precisó de dos golpes con el descabello para acabar con el toro y pasear una oreja.

Muy decidido salió Munera ante el que cerraba plaza y, en esta ocasión, lo más brillante lo logró con Bárbaro, un caballo con el que templó y expuso, en exceso por momentos, con algún tropezón del toro en la montura, pero fueron los pasajes más intensos y que más calaron en el tendido, aunque falló en el momento clave, con el rejón de muerte, y la oreja que ya acariciaba se esfumó.