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El atavismo fronterizo

Ana Martínez
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Caudete, el primer punto por el que sale el sol en Castilla-La Mancha, destaca por su rico patrimonio urbano y su carácter multicultural influenciado por varias regiones

Joaquín Mollá, bajo la arcada del antiguo Ayuntamiento, hoy Sala de la Villa, cuya fachada principal se encuentra en la plaza de la Iglesia. - Foto: Rubén Serrallé

Caudete es una de esas localidades de la que se escucha hablar con asiduidad, principalmente por su significativo papel en el ámbito de la cultural en general, y de la acuarela en particular, muy condicionada por el nacimiento y la residencia de uno de sus hijos más ilustres: Rafael Requena.

Ser cruce de caminos entre Albacete, Murcia, Alicante y Valencia le ha conferido un carácter singular y diferente, tanto en la forma de ser de sus vecinos, en su deje, como en su variado patrimonio arquitectónico, donde se conservan claramente las influencias castellanas, levantinas y aragonesas. No en vano, la villa de Caudete perteneció al Reino de Valencia más de 400 años y todavía hoy hay una parte de la sociedad caudetana que reclama su pertenencia a esta comunidad.

Su cercanía con Villena, en la provincia de Alicante, originó también que Caudete sea, aun en la actualidad, la única localidad de Albacete que no tiene el prefijo 967, pero sí el 965, correspondiente precisamente a la provincia alicantina. «A Telefónica le costaba más barato tender el cable desde Villena, que está a 18 kilómetros de aquí, que desde Almansa, que se encuentra a 30», señala Joaquín Mollá Francés, caudetano de nacimiento y, como tal, telespectador de cadenas de televisión autonómicas de Murcia, Alicante, Castilla-La Mancha… «Aquí hay una mezcolanza de apellidos valencianos, murcianos, manchegos, catalanes, bailamos la seguidilla manchega, la jota murciana, sevillanas…», afirma Joaquín, que explica por qué Caudete es uno de los escasos pueblos de la provincia de Albacete que no solo no se ha despoblado, sino que ha visto aumentar su padrón: «Es por las comunicaciones y la cercanía de localidades como Villena, Murcia, Almansa o Fuente la Higuera, donde mucha gente de aquí trabaja».

Uno de los enclaves más típicos de Caudete es su actual plaza de la Iglesia, que a lo largo de la historia ha sido rebautizada con nombres como plaza Mayor, de Alfonso XII, de Alfonso XIII, de la República, del Caudillo… Famosa por las fiestas de moros y cristianos que celebra la localidad a principios del mes de septiembre, en este enclave se encuentra la antigua sede del Ayuntamiento, hoy Sala de la Villa, que llegó a albergar la cárcel municipal y un pequeño mercado donde se reunían los jornaleros para ser contratados cada día. El edificio, del siglo XVIII, cuenta con el escudo de Caudete en su fachada meridional.

De camino a su castillo se encuentra la iglesia parroquial de Santa Catalina, simbiosis de estilos gótico, renacentista y barroco y con una marcada inspiración valenciana. El templo se elevó sobre una mezquita y fue objeto de varias ampliaciones en los siglos XVI y XVII.

Junto a la iglesia se conservan los restos amurallados de Caudete, una fortaleza medieval que tuvo su origen en una construcción musulmana surgida entre los siglos XI y XII, si bien su fisonomía actual se define entre los siglos XIV y XV, ya en época cristiana. El Ayuntamiento lleva varios años trabajando en su restauración para hacerlo visitable y para poner en valor la importancia que tuvo la localidad en la guerra de los dos Pedros y en el patrimonio arqueológico, pues cabe recordar que en Caudete se encontró La Cierva, una figura íbera que se encuentra custodiada en el Museo de Albacete.

«Mi pueblo es precioso y tiene unas posibilidades tremendas», afirma Joaquín Mollá, que estudió Derecho en Valencia pero, al casarse, regresó a su pueblo natal para trabajar en una empresa en Yecla antes de ocuparse de la conserjería de la Casa de la Cultura, su actual puesto de trabajo. Asegura que en la localidad caudetana «se vive muy bien», porque cuenta «con todos los servicios que puedas necesitar» y, además, hay trabajo en las localidades vecinas, así como suficiente oferta estudiantil que reparte a los jóvenes entre Alicante, Valencia, Murcia y Albacete.

«Caudete es un pueblo tranquilo, tenemos muy cerca el Hospital General de Almansa, el centro de salud funciona muy bien, tenemos cuatro colegios, un instituto y un ambiente cultural envidiable», presume este caudetano de nacimiento, gran conocedor de su tierra, que explica que aunque vivienda nueva no hay y prácticamente se construye sobre pedido, «el mercado de la segunda mano está floreciendo, porque si en 2005 la gente se bajó al Ensanche, tras la pandemia la gente joven está buscando casas antiguas para rehabilitar», lo que está posibilitando el asentamiento de nuevas familias.

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