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¡Feliz Año Electoral!

Carlos Dávila
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Sánchez y su caterva de asesores han compuesto un cronograma que depende de lo que ocurra en Castilla y León el 13 de febrero

El inquilino de La Moncloa se ha presentado esta semana como un triunfador que puede ganar allí donde no se le espera, o sea, en la región que preside Mañueco. - Foto: Eduardo Parra

Multielectoral porque, fíjense, la especie que circula por los tópicos mentideros de Madrid. No es broma; el Día de Inocentes, ya tan desprestigiado, se quedó atrás. Al parecer, Sánchez y su caterva de asesores públicos y privados han compuesto un cronograma que depende de lo que ocurra en Castilla y León el venidero 13 de febrero.

 Si, como avanzan las encuestas, el PSOE de Tudanca, pero sobre todo de Sánchez, se pega ese día un buen morrazo en las urnas, el presidente del Gobierno esperaría por si los siguientes comicios, los de Andalucía, se adelantan (esa es la impresión generalizada) al 26 de junio y, entonces, ensayaría una jugada: disolver el Parlamento nacional y adosar las elecciones generales a las regionales andaluzas. El PSOE ya lo hizo una vez. Chaves, penado ya por la Justicia, creyó anticipadamente en su derrota y llamó en auxilio a Felipe González. La estrategia le salió bien. En el mitin postrero de 2021, Sánchez, sin que nadie le preguntara por ello, declaró que las elecciones generales serían en 2023. Ya se sabe: Excusatio non petita, accusatio manifesta.

 Y es que, además, el gran consejero que fue de Sánchez, el gurucillo Redondo, va moviendo el rabo allí donde hay un tonto que le escuche y predice que la única forma posible de que Sánchez siga residiendo en La Moncloa, es intentar este doblete que avanzamos. Claro está, que el tal Iván El Terrible no está precisamente ahora mismo en la cresta de la ola, más bien al contrario. Donde va ofreciendo sus servicios es obsequiado con una enorme pedorreta. Un partido que le recibió recientemente, el PNV, le transmitió un mensaje nada alentador para él: «¡Cómo nos vamos a fiar de un tipo como tú!». De nada le sirvió al gurucillo presumir de que su mamá es forofa de los sabinianos de Urkullu. 

 El año empieza ya y en la misma fecha se abre la campaña electoral. Sánchez ha querido presentarse esta misma semana como un triunfador que puede ganar incluso allí donde no se le espera, o sea, en Castilla y León. Pero la vida se le ha puesto en cuesta: los contagios por el maldito virus no dejan de aumentar, la inflación y la deuda parecen del franquismo, sus socios frankenstein le avisan que no van a aprobar, así sin más. La soñada reforma la laboral, aquella que «iba a ser derogada sin duda alguna», los empresarios le han dicho tururú a una foto en familia en La Moncloa, y para mayor inri, y pese a las groseras manipulaciones del cenizo Tezanos, las encuestas no le dan un respiro. 

Para colmo, el Rey, bien es verdad que con mucha prudencia, le ha llamado la atención. Le ha pedido respeto para las instituciones y compromiso con la Constitución que inscribe meridianamente la «indisoluble unidad de la nación española». O sea, una advertencia, que podría haber sido más ruda, eso es cierto, pero que choca frontalmente con esa infame financiación que Sánchez está realizando a los independentismos. El último episodio, los casi 40.000 millones de euros que va a regalar a los fanáticos catalanes.

 Si la bofetada al PSOE con la que se regocija anticipadamente mucho más de una de las dos Españas se consagra es muy posible que dentro de un año por estas fechas, este país ahora atribulado y a punto de perder su identidad y su esencia histórica, se alivie, ponga las cosas en su sitio y la democracia que está laminando este pérfido barrenero, se consolide otra vez. Será, de verdad, si así se cumplen los pronósticos, un muy feliz año electoral, el que empieza exactamente mañana mismo. Lo truenos ya se han escuchado; ¡hay que oír con atención los dos balances del curso que realizaron el pasado martes Casado y la propia Ayuso! No se andaron con chiquitas. La tesis de la primera es que a Sánchez le importa mucho más arrasar con toda la herencia de la Transición que asegurarse unos años deambulando de vacaciones de palacio en palacio.

 En cualquier otro país no se toleraría -y sé de qué hablo- que el Gobierno, con su jefe al frente, cuestione todo un entramado institucional que ha sido considerado ejemplar aquí, acá y acullá. ¿Se imaginan algo parecido en Alemania donde los partidos separatistas están perseguidos? ¿O en Estados Unidos donde cualquier atentado contra el Estado mismo se considera delito de alta traición? ¿Por qué a las muchas personas que piensan que a Sánchez se le puede aplicar el Artículo 102, párrafo 2 de la Constitución: «Si la acusación (se refiere a la responsabilidad criminal del presidente) fuere por traición o por cualquier delito contra la Seguridad del Estado…» se les considera todavía unos talibanes muy cercanos al ala más extrema de Vox? ¿Cómo calificar el hecho de la complicidad de un partido, Bildu, que homenajea, sin que el Gobierno lo impida, a los asesinos más terribles de la historia terrorista de ETA? Mañana, Henry Parot, va a ser celebrado en su pueblo de adopción, Lasarte-Mondragón, por una tribu de sujetos enrabietados que aún aplauden sus criminales fechorías. Hace días, Otegui, el tiparraco terrorista (fue condenado por eso), aseguró que ya no habría más actos de este jaez. ¿Ha cumplido con lo dicho? De ninguna manera. ¿Por qué lo tolera el Gobierno? Fácil, porque es un socio indispensable para su proyecto de voladura de España.

Todo esto no ocurriría, queremos creer, si una alternativa política decente ganara el poder en las urnas de España. La primera oportunidad se abre el 13 de febrero en las tierras castellanas y leonesas. Para estas elecciones, Sánchez, el gobernante más felón que haya sufrido nuestro país desde Fernando VII, únicamente puede gozar de un aliado: la desunión del centroderecha español. 

Perspectivas

Es un peligro cierto que, al parecer, quiere correr el PP en menor medida y, desde luego, Vox cuyo presidente está escondido desde hace un tiempo, justo desde que regresó de Brasil donde articuló con el bárbaro Bolsonaro una especie de Internacional de la Ultraderecha mundial. Las perspectivas no son buenas viendo, por ejemplo, cómo se las ha gastado este partido en el Ayuntamiento de Madrid.

Si al final no se cumple este ferviente deseo del ¡Feliz Año Electoral!, alguien tendrá que responder ante el pueblo español de que Sánchez, sus taimados corifeos, los independentistas pagados a lo bestia con nuestros impuestos, y los proetarras que homenajean a acémilas como Parot, sigan destrozando la nación más antigua de Europa.