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Música: Royal Opera House

Antonio Soria
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Donde nacieron las óperas de Haendel

Fachada de la casa de la ópera en la capital británica.

Cuando digo «Ópera en Casa», Dios me libre de recomendar vivirla sólo entre nuestras cuatro paredes. No, y menos cuando parece quedar atrás por fin un tiempo aún reciente confinamiento en que, por protección y obligación, tuvimos que encerrarnos en casa. Eso sí, gracias a la diafanidad de la telecomunicación, pudo disfrutarse, y mucho, de puertas abiertas online en salas de conciertos, museos, teatros, también de ópera..., bibliotecas, en un ejercicio de prevención saludable que, bueno para quien supo aprovecharlo, mostró también una cara idílica de la cultura que puede llevar a confusión: no es gratis, cuesta. También los artistas, no sólo los técnicos y otros servicios, tenemos la costumbre de comer y beber todos los días. De lo cual es fácil inferir que, bien una institución pública (que pagamos entre todos), bien una privada, está detrás de la programación o eventos culturales si tiene responsables con criterio y capacidad, que haberlos haylos, aminorando costes de acceso a la cultura, o bien la contribución ha de ser directa para sostener un programa. La calidad del programa está íntimamente ligada a la calidad o nivel de los individuos que componen el grupo social, contribuyendo a su crecimiento (educando y complaciendo simultáneamente). Debe existir una oferta seductora con la suficiente honestidad cualitativa y por parte del consumidor un gusto o curiosidad, una sensibilidad o un apetito.

Propongo ahora un breve ejercicio de imaginación, viajando a dos lugares para ver y comparar el nacimiento de dos casas, distintas, como sus sociedades. Holísticamente, la sociedad es más que la suma de la identidad de quienes la integramos y va definiendo su propia personalidad, moldeada por quienes la dirigen y el devenir de los hechos. Por eso es tan importante un cargo de responsabilidad en el ámbito de la política, gestión y administración, que debe ostentarse desde el servicio y cumplimiento de las normas que nos establecemos, no utilizarse principalmente para la promoción y beneficio del titular.

Si nos vamos al Londres de principios del siglo XVIII, encontramos una ciudad con apenas 700.000 habitantes, lejos del millón que nutría las calles de Roma 1.800 años antes (según Scripta Nova, revista de geografía y ciencias sociales de la Universidad de Barcelona), y bien distinta a Albacete que, no declarada Ciudad hasta el siguiente siglo, estrenaba en 1710 el privilegio de feria franca concedido por Felipe V, quizá el más importante para su evolución desde el «privilegio de villazgo» de 1375 en Castillo de Garcíamuñoz. Muy querida la Feria por Albacete, tanto la quiso que le puso casa (dice el dicho), aunque tardo algo más de 70 años en decidirse a construir la monumental macroedificación ferial, hoy declarada «Bien de Interés Cultural», inaugurada el 7 de septiembre de 1783.

51 años antes, un 7 de diciembre de 1732, en Londres se inauguraba el primer Teatro Real, diseñado por el arquitecto Edward Shepherd, tras el éxito logrado por The Beggar's Opera, de John Gay, encargada por el actor y productor John Rich en 1728, que proveyó el capital necesario para su diseño y construcción.

Este primer teatro, conocido como Covent Garden, gozó del privilegio de los derechos de representación de drama hablado de forma casi exclusiva en Londres, concedido por Carlos II de Inglaterra. Musicalmente, desde 1735, fue la Casa que vio nacer muchas de las óperas y oratorios de un compositor tan relevante como el alemán britanizado Georg Friedrich Händel, hasta su muerte en 1759. El estrecho vínculo del compositor con la Casa y su promotor, se deja ver en que Händel, dejó en herencia su órgano a John Rich, ubicado en una posición destacada en el escenario, que ardió, junto a tantos elementos valiosos, en el incendio en 1808 del teatro, reconstruido y reabierto en un sólo año (18/09/1809). Ahora podemos celebrar que un día como hoy, 15 de mayo 1856, se inauguraba la tercera versión del teatro con Les Huguenots de Meyerbeer.

Posteriormente se acometieron importantes reformas, como la de 1990, mejorando los espacios e incorporando nuevos, como el Paul Hamlyn Hall.

En 1946 comenzó con el nombre Covent Garden Opera Company la actual The Royal Opera, con el principal objetivo de producir la representación de óperas cantadas en inglés, y con artistas británicos o de la Commonwealth. …Y luego dicen que los franceses son muy suyos. ¡Ea! Algo más de lo que aprender.