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Caballero, Peñaranda y Hernández triunfan en Casas Ibáñez

Redacción
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Manuel Caballero debutó con picadores con un rotundo triunfo de tres orejas, igual número de trofeos que logró Alejandro Peñaranda, a los que acompañó Víctor Hernández, al hacerse con dos apéndices

Caballero, Peñaranda y Hernández triunfan en Casas Ibáñez - Foto: José Miguel Esparcia

El 14 de mayo de 2022 quedará marcado a fuego en el currículum del joven Manuel Caballero al significar su debut con picadores. También quedará grabado por ser su primera puerta grande en el escalafón recién estrenado, merced a dos faenas impropias de un debutante, al que se le presupone su bisoñez. Manuel Caballero demostró ayer en la novillada de Casas Ibáñez una gran madurez delante de la cara de los utreros y con temple, ligazón y detalles toreros marca de la casa de su progenitor logró conectar con los tendidos y cosechar su primer gran triunfo -dos orejas en su primero tras una estocada trasera y tendida y un descabello, y una oreja del que cerraba plaza tras un pinchazo, una estocada contraria y trasera y un descabello-. Es un aldabonazo que pone a las claras las facultades innatas de este joven espada, bien encauzadas tanto por los profesores de la Escuela Taurina de Albacete, Sergio Martínez y Gonzalo González, como por su padre, figura del toreo de décadas pasadas. Hay detalles a mejorar, pero el fundamento lo tiene.

Como se titula el pasodoble taurino de Albacete Aquí hay toreros, la afición puede ilusionarse con Manuel Caballero, pero también con otro espada salido de la Escuela Taurina de Albacete, Alejandro Peñaranda, de Iniesta, quien estuvo en torero toda la tarde y firmó dos faenas completas y rotundas. Logró dos orejas de su primer oponente después de una estocada tendida, y un trofeo, tras su segunda faena, rematada con un pinchazo y una estocada trasera.

Por su parte, Víctor Hernández, que reaparecía, demostró que su triunfo en Las Ventas no fue casual, ya que estuvo muy entregado toda la tarde y con una técnica que está al alcance de muy pocos novilleros. Logró un apéndice de cada uno de sus utreros -en su primero pinchó para después dejar una estocada tendida, por lo que tuvo que descabellar, mientras que en su segundo volvió a pinchar antes de firmar una estocada con voltereta incluida-.

El encierro del hierro de Alcurrucén que envió a Casas Ibáñez la casa Lozano fue manejable y muy noble, lo que permitió el lucimiento de los novilleros, que si hubieran estado más acertados con la espada, hubieran conseguido más trofeos.