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En el ojo del huracán

M.R.Y. (SPC)
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Johnson vive su peor momento desde que llegó al poder ante la pérdida de confianza de los ciudadanos por sus fiestas en pleno confinamiento y la rebelión 'tory' tras la vuelta de las restricciones para frenar el coronavirus

En el ojo del huracán - Foto: HENRY NICHOLLS

Siempre ha estado rodeado por la polémica, pero nunca se había encontrado en una situación tan delicada. Boris Johnson vive su peor momento como primer ministro británico por la pérdida de confianza tanto de los ciudadanos como de sus propios compañero del Partido Conservador. La causa es común, la crisis sanitaria que vive el país y la manera de afrontarla por parte del mandatario. Pero con diferentes matices: mientras la población se indigna por las presuntas fiestas que el premier habría celebrado las pasadas navidades en pleno confinamiento, cargos tories han abierto una gran fractura con su jefe de filas por la decisión de recuperar algunas restricciones para frenar la pandemia e imponer medidas inéditas como la obligatoriedad de presentar el pasaporte covid para acceder a algunas instalaciones.

La llegada de su séptima hija no ha conseguido aplacar el enfado entre los británicos ni desbordar de felicidad a su padre. El nacimiento -el 9 de diciembre- se produjo en mitad del escándalo desatado por la filtración de una supuesta fiesta navideña en Downing Street en diciembre del pasado año, cuando en el Reino Unido estaban prohibidas las reuniones físicas de más de dos hogares, siempre que no fuese necesario por motivos de trabajo. Y apenas unos días después los medios denunciaban más actos masivos e irregulares entre noviembre y diciembre de 2020, tanto en la residencia oficial del mandatario como en el Ministerio de Educación.

En total -y al menos por ahora- son cuatro los eventos que, según anunció el secretario de Estado de Gabinete, Michael Ellis, se investigarán para saber si se llevaron a cabo y en qué circunstancias. A la espera de saber qué ocurrió o si tan siquiera son ciertas esas informaciones, la ciudadanía ha incrementado su descontento con el mandatario, también en la diana por un escándalo sobre la presunta financiación irregular para remodelar su piso en Downing Street que costó a las arcas públicas más de 130.000 euros.

Y así lo reflejan los sondeos: en este último mes, la popularidad de Johnson se ha hundido hasta el 33 por ciento y dos tercios de los británicos -un 66 por ciento- asegura tener una «opinión desfavorable» del premier.

La sombra de una moción

Con la oposición exigiendo su dimisión, también en el Partido Conservador comienza a visibilizarse un rechazo al mandatario y se teme que esta polémica pueda poner en jaque la credibilidad del Gobierno.

Para colmo, la decisión del Ejecutivo de imponer un certificado covid para acceder a discotecas y eventos multitudinarios le costó el pasado martes a Johnson la mayor rebelión interna vivida desde que llegó al poder: 96 diputados tories votaron en contra de su propio Gobierno, que consiguió sacar adelante esa medida gracias al respaldo puntual de los laboristas.

Se trata de un serio toque de atención al dirigente, sobre el que planea el fantasma de una eventual moción de confianza como jefe del partido, que se celebraría si al menos 54 de sus parlamentarios lo piden por escrito. De hecho, el diputado Geoffrey Clifton-Brown, una de las principales voces disidentes con las restricciones, aseguró tras la votación que ese escenario «está escrito» si Johnson «no cambia su estrategia» el próximo año.

Otro de los tories más críticos con el Gabinete, el diputado Steve Baker, aseguró que Johnson «no puede seguir así» y que la ciudadanía debe saber que las reglas también deben ser cumplidas por quienes las elaboran. «No podemos seguir con un Gobierno que no respeta las normas», aseguró, para, no obstante, evitar pedir su relevo, ya que no ve quién podría asumir el liderazgo del país ahora mismo. Y esa es la única carta a favor de Johnson, al menos por el momento: la falta de un sucesor le hace aferrarse al cargo a pesar de la polémica.