'El caso de Sara', una vida robada por ser 'trans'

Virgilio Liante
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Sara vivió una pesadilla durante décadas, que le llevaron a salir de su pueblo. - Foto: Rubén Serrallé

Denunció a su propia familia de una localidad albacetense por tenerla retenida contra su voluntad y agredida física y psicológicamente, ya que a lo largo de 23 años la amenazaban con quitarse la vida si salía a la calle vestida de mujer

Hay una frase muy extendida de que para las personas transexuales el cuerpo es la cárcel de su mente. Sin embargo, para Sara, nombre falso para proteger su identidad, «esto es mentira, porque la verdadera prisión la sufrí con mi familia y parte de la sociedad». El caso de Sara es el de un transexual al que su familia le robó 23 años de vida en un pueblo de la provincia. Quiso ser mujer desde pequeño y se topó de lleno con un padre intransigente que lo amenazó con que «se preparara, si de mayor me veía con un hombre de la mano». Pero también lo chantajeaban:«Mi padre me dijo que se pegaría un tiro y mi madre que si le pasaba algo a mi padre lo llevaría siempre en mi conciencia». Durante muchos años sufrió amenazas que le dejaron secuelas, aunque ahora las remonta con ayuda psicológica y de Esperanza Escribano, responsable de Asuntos Sociales y Lgtbi+ de Contigo Albacete, que se volcó en su caso desde el principio, así como de las amigas que tiene en la capital. 
Todo estalló el 12 de octubre de 2018, cuando Sara salió de su casa y se subió en el coche de la Guardia Civil para denunciar que siempre se había sentido mujer y que recibió durante dos semanas maltrato físico y psicológico. Pero no fue ese día cuando denunció, sino el 29 de octubre en la Comisaría de Policía Nacional de Albacete, ya que se encontraba en estado de shock y sin habla, y después de visitar Urgencias del Hospital de Albacete con una crisis de ansiedad y lesiones. «Mi padre reaccionó de una forma muy violenta y mi madre se puso de su parte». «Siempre me tuvo anulada. Mi padre me daba tortazos, me zarandeaba y estuvo así varios días», explica a La Tribuna de Albacete, para agregar que «estaba desesperada y por eso pedí ayuda a Esperanza», un caso que le derivó el mismo médico y por el que la activista llamó a la Policía Nacional, que dio vueltas durante una hora, para recoger a Sara en un sitio donde habían quedado, aunque no lo consiguieron. Después habló con la Guardia Civil y le contestó que «sin orden judicial no podían hacer nada». 

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