Confían en que los precios suban cuando avance la vendimia

A.G
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El responsable de Vino de UPA, Alejandro García-Gasco, confirmó la previsión de un descenso del 30% de cosecha, con el «problema principal» de las existencias que quedan en bodegas

Entrega de uva en una bodega castellano-manchega. - Foto: Ví­ctor Ballesteros

La recogida de las variedades más tempranas de uva blanca comienza a generalizarse por toda la provincia. Iniciada la campaña, poco han cambiado las previsiones que ya hicieron a principio de campaña las organizaciones agrarias, con un descenso de producción que estará cercano al 30% y una calidad notable del fruto.  
Por tanto, la producción estimada de vino será de algo más de 20 millones de hectolitros en Castilla-La Mancha, donde se alcanzaron los 29 en 2018. Mientras, en la provincia de Albacete, las cifras podrían quedarse en algo menos de 3,5 millones (a falta de conocer la afección exacta del granizo en Villarrobledo), por cerca de cinco en la vendimia anterior. En cuanto a las toneladas de uva recogida, probablemente serán algo más de 400.000 toneladas en los viñedos albacetenses.   
Los porcentajes de reducción serán similares a nivel nacional, según detalló Alejandro García-Gasco, responsable de Vino en la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), quien detalló que el descenso se debe principalmente a la sequía, pero también «al descanso de la planta» tras un año de altísima producción.
En cuanto a la preocupación causada por las últimas tormentas, más allá del daño causado por el pedrisco en varios municipios, se espera una incidencia escasa en otras zonas, sin preocupación aún porque pueda acelerar la pobredumbre. «La lluvia hará algo de bien a la salud de las variedades más tardías, como la airén, sin implicar ya un aumento de la cosecha», señaló García-Gasco.
Por tanto, en un contexto de reducción de la oferta de uva, podría pensarse en un aumento de precios, posibilidad remota de momento «porque nos encontramos con un problema principal, las existencia de vino» en las bodegas, que se cifran en torno a los seis millones de hectolitros. «Cada cinco años hay una campaña que despunta y luego nos da quebraderos de cabeza», resumía García-Gasco.
«Aún no tenemos tablillas y no sabemos por dónde van a romper los precios ante una campaña corta», detalla el responsable de UPA, añadiendo que «la esperanza de los viticultores es que suban progresivamente cuando avance la campaña y hayan salido esas existencias». 
Llama además la atención sobre la necesidad de «ser conscientes de que competimos en un mercado global», en el que se detectan señales tanto positivas como negativas. Entre las primeras, la previsión de que la cosecha sea corta también en Francia. De las segundas destacan la estabilización del consumo interno o el Brexit.

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