Repobladores natos

R.L.C.
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El antropólogo Enrique Llanes y la ambientóloga Helena Sánchez desarrollan un proyecto de permacultura pionero en la comarca desde un antiguo molino de Barajas de Melo que data de 1480.

Repobladores natos

Hace poco más de dos años y medio que dos jóvenes decidieron regresar a su país desde Canadá y se instalaron en Barajas de Melo, donde desarrollan un proyecto de permacultura pionero en la comarca. Su filosofía de vida pasa por trabajar con la naturaleza, llevan a cabo un sistema de principios de diseño agrícola, social, político y económico, basado en los patrones y las características del ecosistema natural. «Ser sostenibles es una manera de vivir, no es una cosa que practicas dos horas al día», cuenta Enrique Llanes, antropólogo gallego, que pone como ejemplo que todos los residuos de su chimenea van a los biofertilizantes, después al compost (tierra obtenida por la descomposición de la basura), y todos los residuos orgánicos de la casa a las gallinas. O la práctica continua de la economía circular, como con la paja plantada por su vecino en el campo que utilizan para producir setas y después, ya con el micelio, que contiene antibióticos y sustancias que se asocian con las raíces de las plantas y ayudan a pelear contra las plagas y a mejorar la retención de agua, se incorpora a la huerta. 
Junto con la ambientóloga madrileña Helena Sánchez, especializada en hidrología, están al frente de Rhizobium. El pasado fin de semana participaron en la marcha de La España Vaciada en Madrid. Para luchar contra la despoblación creen que es necesario que la fibra óptica llegue a las zonas rurales, ventajas fiscales para nuevas empresas o incentivos a la natalidad, pero también apostar por la agroecología. «Da muchos empleos, crea productos de Denominación de Origen, nosotros estamos plantando guisante lágrima que vale 200 euros el kilo», explican. A pesar de las dificultades por estar en una provincia marcada por la dispersión de la población, forman parte de una especie de red agroecológica en la que colaboran en el traslado de productos con otros proyectos similares que existen en Cuenca. 
pueblos cooperactivos. Enrique y Helena están dando los primeros pasos para la creación de una asociación provincial para la repoblación, Pueblos Cooperactivos. El objetivo clave es cubrir las necesidades reales de un repoblador que quiere asentarse en un pueblo de Cuenca, para ello apuestan por compartir información sobre recursos y conocimientos que ayuden a fijar población. 
La primera medida será crear una base de datos de propiedades disponibles, viviendas y locales,  para alquilar o donar  en los distintos pueblos. «Hemos tenido amigos, voluntarios, a lo mejor al año vienen 40 ó 50 personas de todo el mundo a aprender, y no han podido quedarse por no encontrar un sitio donde asentarse», diceLlanes.
Ahora mismo aprende permacultura con ellos en El Molino de los Pobres un estudiante de Malasia, y han tenido gente de Alemania, Japón o Estados Unidos. Desde Rhizobium remarcan que es algo que «no nos reporta dinero, ellos aprenden y a cambio nos ayudan», pero sí que consideran que están cumpliendo con la función social  y pública de su proyecto. 
Como también hacen con las jornadas de puertas abiertas que periódicamente organizan, visitas guiadas o con el programa de investigación de la Universidad de Alcalá de Henares en el que participan. En concreto, están colaborando con otros expertos para crear un mapa de plagas frecuentes en la zona de centro de España, información pública que divulgarán con una aplicación para quienes practiquen su tipo de agricultura. «Aquí no es como en la tradicional, tienen una plaga, fumigan con cancerígenos y ya está, aquí todo está vivo, lo único que no está balanceado», concreta el antropólogo. 
Su huerta está rodeada de otras donde sí se utilizan agroquímicos y pesticidas, por lo que las plagas tienen en las plantaciones de Rhizobium su refugio odeal, algo que combaten introduciendo otros predepredadores, «insectos como larvas de mariquita, que comen ocho veces su peso de pulgón al día, es como un tiburón». Frente al monocultivo, que consideran machaca toda la diversidad que existe en el suelo, fomentan el policultivo.
Revolución verde. «Nuestras camas están acolchadas con materia orgánica que retiene mucho mejor la humedad y está inoculada con cierto tipo de bacterias como rhizobium y ciertas setas microrizas que ayudan a pasar mejor la sequía, a retener el agua y a la mejor succión de los nutrientes del suelo», relata in situ Llanes.
Cuando llegaron a Barajas de Melo no fueron pocos los que pensaron que estos dos jóvenes estaban «locos», y es que su huerto es uno de los pocos de la provincia activo los doce meses del año. 
Mientras que para los agricultores tradicionales no arar las tierras puede vincularse con no trabajar adecuadamente el campo, en un taller práctico sobre el cultivo del olivar explicaron a los hortelanos de la localidad cómo «cada vez que se ara, y a esa profundidad, se cargan la biodiversidad que hay en el suelo, que es con lo que nosotros trabajamos, respetando en casi todo los ciclos naturales», cuentan. 
Personas que prueban los vegetales que ellos cultivan, destacan la diferencia en la calidad y es que, según Rhizobium, existe toda una explicación científica, «nuestras plantas, al tener que trabajar un poco más duro para conseguir nutrientes, crean más terpenos, que son los que hacen más densas en nutrientes, en sabor, las verduras, entonces el resultado final es otro».
A través de diferentes actividades, en cada visita particular o de colectivos de la zona que reciben, por ejemplo el año pasado se celebró allí el Día de la Mujer Rural, intentan concienciar sobre la existencia de otras formas de producir «más eficientes que las que nos dio la revolución verde, que son a base de glifosatos, sustancias cancerígenas para nuestro cuerpo, los acuíferos y el medio ambiente». 
Con la permacultura, defienden, no solamente producen de manera más eficaz por metro cuadrado, sino «mucha más biodiversidad, lo que cultivamos es el suelo, no la planta». También su aprendizaje propio es continuo, con experimentos como las plantaciones que tienen en dos de las laderas de la finca. «Hemos plantado lo mismo, pero en la que tiene mucha más horas de sol y es más seca tiene más vegetación que ha sobrevivido, la otra no, es un poco el principio en el que nos vamos a basar para el Bosque Alimentario, que tendrá un biodigestor, reserva de agua de lluvia y asociaciones de frutales, el proceso es lento, todo es a mano», avanzan. Uno de los problemas que se han encontrado es la mala calidad del agua, que aseguran «nos hace cambiar nuestros equipos cada seis meses, es muy calcárea y los nutrientes no pueden acceder a la planta, estamos buscando soluciones a largo plazo». Sus cultivos estaban esperando, como se dice el refrán «como agua de mayo», un descenso de las temperaturas. Con un febrero con hasta 25 grados y la escasez de agua o una oscilación térmica que no es natural ni en la zona, está provocando que estén ante «una época muy difícil». 
cambio. Desde Rhizobium creen que está empezando un cambio de paradigma, pero también se están dando «muchos cabezazos contra la pared» con situaciones que no ayudan a la despoblación o el cambio climático, como el peligro de desaparición de las abejas y que no se prohiban los pesticidas, la compra de frutas y verduras de invernadero o el tema de las macrogranjas, «hay un cerdo por persona en España, los purines son orgánicos pero no en esas cantidades».