La teoría de los nombres propios

Diego Izco
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Los grandes, en los partidos donde son claramente favoritos, no necesitan jugar demasiado:baste con que una de sus reconocibles figuras realice un buen encuentro ante un puñado de 'anónimos'

Morata se ha convertido en la estrella del Atlético de Madrid

No está formulada, pero ya es hora de hacerlo: la Teoría de los nombres propios es la que sostiene que, en igualdad de condiciones entre ambos contendientes, un partido se desiquilibrará nueve de cada 10 veces en favor del equipo que tenga jugadores más famosos. Por ejemplo: en un Barcelona-Celta, el nombre propio es el de Leo Messi, la figura planetaria por antonomasia. El peso específico de su nombre es muy superior, en este caso, al del nombre propio más reconocible del rival (Iago Aspas). Al Barça no le hace falta jugar un buen encuentro si Messi en este caso (o Suárez cuando está fino y atina, o Griezmann si algún día vuelve a jugar a fútbol, ya se entiende) tiene un buen día: gol de penalti, gol de falta, gol de falta y 4-1 en el marcador. ¿Es injusto decir que sin Messi el choque hubiese terminado en empate? Tal vez, pero los grandes tienen onces y profundidad de banquillo suficientes como para  solventar partidos enquistados: cuantos más anónimos tenga el modesto, menor su capacidad de sorprender al gigante. 
Por ejemplo, el Eibar. Un equipo local bien trabajado con mimo casi paternal por Mendilíbar fue un flan en manos de un Real Madrid lleno de nombres propios. Por encima de ellos, al menos en lo que va de Liga: Karim Benzema. El francés ya juega sin lastre: si hubo un día en que le molestaban o afectaban las críticas constantes («no es un nueve», «no se esfuerza», «no vale»), ahora está dos palmos por encima de ellas. De hecho, las ha acallado: nueves goles, movilidad, asistencia y dolor de cabeza constante para el rival.  
Podríamos ir reforzando esta teoría partido a partido, como dice Simeone de su Atlético: ¿Jugó para perder el Espanyol? No: jugó para ganar el local, cuyo nombre más reconocible en la actualidad es del Morata, el futbolista español más caro de la Historia (80 millones pagó el Chelsea en su momento: y ojo, sigue cedido en el Wanda hasta final de campaña). 
Ninguno de los candidatos está jugando bien, pero esas individualidades les permiten comandar la clasificación.