Ossa de Montiel «intentará agarrarse» a todas las ayudas

A.G
-

Los vecinos siguen «volcados» en tareas de limpieza y el Ayuntamiento pedirá la declaración de zona catastrófica, para acceder a las medidas de compensación aprobadas por el Consejo de Ministros

Varios vecinos retiran enseres echados a perder, en una imagen del sábado. - Foto: Ví­ctor Fernández

Tres días después de la tormenta, el recuento de daños y la limpieza de espacios públicos y privados seguían siendo ayer la actividad principal en Ossa de Montiel, municipio que se ha «volcado» para intentar recuperar «poco a poco»  la normalidad, según explica su alcalde, Alejandro Chillerón, y aún cuantifica los perjuicios causados por el desbordamiento del arroyo Alarconcillo.
Como muchos otros vecinos, el regidor participa en esas tareas desde la misma tarde del viernes, cuando fue participante activo del rescate de un hombre que se mantenía aferrado a un árbol, al que consiguieron auxiliar él y el sargento de la Guardia Civil tras unas dos horas de angustia. 
Una vez que profesionales y voluntarios se aseguraron de que no hubiera daños personales, comenzó la más que complicada labor de mitigar los materiales. Junto a bomberos y otro personal de la Diputación, en ella está participando prácticamente toda la población, con «vecinos que prestan su maquinaria» y otros que se suman a las convocatorias de limpieza voluntaria, como los más de 30 que por la tarde se afanaron en adecentar el Centro Ocupacional, uno de los inmuebles más afectados.
 Los destrozos se expanden por «unos 10 kilómetros», la distancia aproximada desde el punto en que se desbordó el arroyo hasta el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, donde la riada motivó un considerable aumento del volumen de agua.
Entre las infraestructuras públicas dañadas destaca la estación depuradora, sobre la que «nos tememos lo peor, incluso que sea necesario construir una nueva», según detalla el primer edil, después de que ayer la visitasen los técnicos. El ya mencionado centro para personas con discapacidad, la glorieta municipal o el campo de fútbol, donde cayó una grada, son otros de los bienes municipales que necesitarán de obras de reconstrucción.
En cuanto a los bienes privados, son «varias decenas» los ciudadanos afectados, propietarios de viviendas o negocios situados en la parte baja del núcleo urbano o dispersos en la carretera hacia las Lagunas de Ruidera. A ellos se unen los de «unos 20 viñedos» que han quedado anegados, complicando enormemente la vendimia. 

 Para compensar unos y otros daños, el Consistorio está recopilando ya toda la información y el miércoles celebrará un Pleno extraordinario para aprobar la solicitud de declaración de zona gravemente afectada por una emergencia de protección civil. 
El objetivo de esa petición es «intentar agarrarse a todas las ayudas posibles», según explica Chillerón. La condición de zona catastrófica permitiría a la localidad acogerse a las medidas urgentes del Real Decreto-ley  que aprobó el pasado viernes el Consejo de Ministros, la misma fecha de la tormenta, y que entró en vigor el sábado. Entre esas ayudas, se incluyen subvenciones de hasta el 50% del coste de reposición de infraestructuras, compensaciones para propietarios afectados o bonificaciones fiscales.

(Más información en edición impresa)