La guerra estalla en Trípoli

SPC
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El Ejército Nacional Libio intensifica su ofensiva sobre la capital para acabar con el Gobierno impuesto por la ONU, que lanza la 'operación Volcán de Ira' para frenar a los insurgentes y declara el estado de emergencia en los hospitales del país

La guerra estalla en Trípoli - Foto: ESAM OMRAN AL FETORI

Después de horas de asedio y de tensión, en las que la comunidad internacional llamó a las partes a la calma, el conflicto estalló ayer en Trípoli, donde el general Jalifa Haftar, líder del insurgente Ejército Nacional Libio, se lanzó al ataque de la capital, mientras que, casi al mismo tiempo, el Gobierno del país puso en marcha la operación Volcán de Ira cuyo objetivo es «purgar la capital de fuerzas agresoras ilegítimas». Por su parte, el Ministerio de Salud declaró el estado de emergencia en todos los hospitales de la ciudad, ante el avance de Haftar.
Las ofensivas se sucedieron con bombardeos por ambas partes, que al cierre de esta edición se habían cobrado más de una veintena de muertos y cerca de una treintena de heridos, si bien el intercambio de fuego amenaza con desencadenar un baño de sangre en la ciudad.
Los combates arrancaron poco antes del amanecer, con las milicias fieles al Gobierno impuesto por la ONU en 2016 tratando de evitar el avance de las tropas orientales a través de Wadi Raba, una zona agrícola en el sureste.
La situación se recrudeció el pasado sábado, después de que Haftar asegurara al secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, de visita oficial en Bengasi, que no detendría su ofensiva. Y de que Fayez al Serraj, jefe del Ejecutivo avalado por la comunidad internacional, acusara al general de propinar «una puñalada trapera» al proceso de paz destinado a concretar unas hipotéticas elecciones que pusieran fin a una crisis abierta en 2011, con la caída de Muamar Gadafi.
Durante las horas siguientes, Serraj se reunió con el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, el general Mohamed al Sharif, y con la embajadora de Francia en el país, Béatrice du Hellen, para acusar al Gobierno de Emmanuel Macron, cara a cara, de haber alentado a Haftar para llevar a cabo lo que describió como «la invasión de Trípoli» con la intención de apropiarse de los recursos energéticos bajo control de su Gobierno. 
El mandatario no solo acusa a Francia, sino que sospecha que la ofensiva ha contado con apoyos dentro del propio Ejecutivo, de ahí que el ministro del Interior, Fathi Bashagha, haya pedido a todos los «socios del Ministerio que entreguen los nombres de los involucrados en esta operación antes de 72 horas». 
Ayer, la aviación de Haftar comenzó a bombardear los alrededores de Trípoli, concretamente el campo de Naqliya. El ataque fue respondido por la fuerza aérea del Gobierno con un bombardeo sobre la región de Wadi Rabea, donde se ha concentrado parte de las tropas insurgentes. 
Prácticamente al mismo tiempo que comenzó esta contraofensiva, el Ejército de Trípoli inició la operación Volcán de ira para «derrotar a las fuerzas golpistas y extralegitimadas» en todo el país. «Nuestras fuerzas disponen de tácticas firmes y precisas que desbaratarán cualquier ataque que las fuerzas de Haftar quieran realizar contra Trípoli», apuntó un portavoz militar, que agregó que se ha dado orden a los militares de avanzar «por todos los frentes» y que han capturado «una importante cantidad de vehículos castrenses de Haftar», desencadenante de un ataque que «ha destruido las esperanzas de los libios en un futuro democrático mientras se preparaban para la conferencia de paz en Ghadames». 
En este ambiente de creciente violencia, el mando central de Estados Unidos en África (Afcom) ordenó la retirada de todas las tropas en el país, desplegadas hace tres años para combatir a grupos yihadistas como el Estado Islámico. En un comunicado, el comandante jefe de la fuerza, general Thomas Waldhauser, admitió que la seguridad «se está volviendo compleja e impredecible» y aseguró que el repliegue «no reduce la capacidad operativa» en defensa de los intereses de los norteamericanos.