Padrinos sin alas

A.M.
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El programa 'Apadrina a un vencejo' del CRFS cuenta, en apenas 20 días, con una veintena de familias acogedoras que cuidan y alimentan a más de 200 crías hasta que logran volar

Imagen de una clase práctica para aprender a dar de comer al ave. - Foto: José Miguel Esparcia

Decenas de cajas de zapatos agujereadas para que entre el oxígeno hacen las veces de incubadoras salvavidas. En cada una de ellas, al menos tres crías de vencejo se hacen compañía para motivarse unas a otras y no perder esa costumbre de la especie de vivir en comunidad. Los veterinarios no dan abasto: los polluelos tienen que comer cuatro o cinco veces al día y como no han aprendido a hacerlo de forma autónoma, reciben por alimento grillos y tenebrios, insectos con los que deben alcanzar los 42 gramos de peso antes de estar listos para volar... y no parar. 
El problema es que  cuando el veterinario quiere terminar la primera ronda de alimento del medio centenar de vencejos que se encuentran en la clínica del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre (CRFS) de Albacete, tiene que empezar con la segunda y así sucesivamente hasta cuatro o cinco diarias.
El gran volumen de vencejos que inunda nuestros cielos -se estima que la población de ejemplares sigue creciendo cada temporada-, junto a una mayor sensibilidad social con la protección del medio natural en el que vivimos, ha originado en los últimos años que el Centro Provincial de Recuperación de Fauna Silvestre de Albacete se vea desbordado por el ingreso de pollos que los ciudadanos encuentran en la vía pública, bien porque se han caído del nido, bien porque han sufrido algún tipo de colisión contra edificios acristalados.
Entre mediados de junio y finales de julio, el Centro Provincial de Recuperación de Fauna Silvestre viene recibiendo una media de 600 llamadas de vecinos de Albacete y provincia que comunican que han encontrado un vencejo herido o tirado sobre el asfalto, contratiempos que han originado la atención y cuidado de más de 200 ejemplares desde que se produjera el primer ingreso el pasado 19 de junio hasta hoy.
Entendida la importancia que por el aumento de población estaban teniendo las crías de vencejo en el centro de la carretera de Ayora y visto que el número de ejemplares era inasumible para su personal, en 2013 se puso en marcha un programa para apadrinar vencejos que, poco a poco y gracias a la difusión y publicidad por redes sociales y por otros medios de comunicación, va adquiriendo tanta notoriedad  que ya cuenta con familias acogedoras muy fidelizadas.
La iniciativa, que como es lógico solo funciona en la temporada en la que las bandadas de vencejos aparecen en Europa -y en España- para anidar y criar, comenzó a mediados de junio y culminará hacia finales de julio, fecha en la que la especie comienza su migración hacia el sur de África para pasar el invierno, aunque una de sus características es que es capaz de vivir en territorios muy fríos como Escandinavia.
Familias cuidadoras. Mientras ese éxodo sucede hacia la parte más baja del Sáhara y el Cono Sur africano -migración que permite que en Albacete podamos observar bandadas de vencejos procedentes de Europa una vez pasado el mes de julio-, el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre cuida y alimenta a medio centenar de vencejos cada día y mantiene controlados a otros 85 que están acogidos por una veintena de padrinos, más concretamente madrinas, pues «son más mujeres que hombres los que participan en este programa de apadrinamiento», puntualiza Jesús López.
Otro de los motivos por lo que hay mayor número de vencejos atendidos en el CRFS es su condición urbanita, es decir, que su presencia en las ciudades y  pueblos lo hace más detectable a las personas. En este sentido, Jesús López destaca la capacidad de adaptación que ha tenido esta especie, antes más campera, al entorno urbano, de forma que «se ha antropizado bastante, porque el medio urbano les facilita los huecos que necesita para hacer unos nidos muy rudimentarios». Y aunque siguen aprovechando los huecos que de forma natural les ofrecen árboles y rocas, «es verdad que los vencejos se han adaptado al medio urbano porque hay construcciones que dejan huecos de calidad y consiguen anidar de una forma más confortable, más estable y con más calidad».
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