Después de la urna, el zoco

Antonio Pérez Henares
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Después de la urna, el zoco - Foto: SUSANA VERA

Los partidos 'mercadean' con sus apoyos para alcanzar los Gobiernos, a falta de una segunda vuelta que daría el poder a sus legítimos dueños, los votantes

Si en España, como sucede en toda Europa, hubiera una segunda vuelta para la elección de alcaldes y presidentes regionales no estaríamos metidos en el cisco de siempre y en los mercachifleos habituales para hacerse con el cargo. La palabra final la tendríamos los ciudadanos y punto. Eso es democracia sin adjetivos. Lo de ahora es un zoco. 
Así, en Castilla y León- en Castilla-La Mancha no haría falta pues Emiliano García-Page ha arrasado con una mayoría absoluta- se elegiría entre los dos más votados, Luis Tudanca y Alfonso Fernández Mañueco, y se acabó el lío y el enjuague. Otro tanto para las Alcaldías donde tampoco haya habido mayoría absoluta, que me parece que son casi todas, con la excepción de Soria entre las capitales de provincia y Talavera entre las poblaciones más grandes. Pero eso, tan testado, tan sencillo, tan directo es algo que los partidos no quieren ver ni en pintura. La razón es muy simple, les quita poder y se lo devuelve al votante. Así que ahora en lo que estamos es en la indefensión y ellos, los capitostes de los partidos, pueden hacer con nuestro voto lo que les venga en gana. En ello andan enzarzados.
Las elecciones municipales, autonómicas y europeas han dejado, al margen de lo dicho, algunas cosas claras, a nivel nacional, regional y local. En manera tuitera, el paisaje después de la batalla puede resumirse en algo así como esto: Sánchez revalida victoria y aparece como gran y único macho alfa de las izquierdas; el PP resucita in extremis, a medianoche y por Madrid, retiene la primogenitura de la derecha y Casado salva la cabeza; Ciudadanos queda lejos del sorpasso, pero tiene llaves; Vox truena menos, pero gana utilidad; de Podemos y Pablo Iglesias no han quedado ni las raspas. Los cuatro primeros, uno muchas y otros menos, tienen alguna tajada en el plato. Menos el podemita a quien le han quedado migajas y ni eso por la meseta de abajo.
Broche definitivo. La victoria de la rosa socialista ha sido muy lucida y vistosa, pero amargada por algunas espinas, pongamos que hablo de nuevo de Madrid, cuando daba la flor ya por cortada, o que pueden ser inútiles en otros lados y agostarse al no alcanzar la savia del poder. Pero ha sido, en términos generales, un broche definitivo para apuntalar el poder del social-sanchismo en estos cuatro años que vienen en España. También con reflejo en Europa, donde la victoria ha sido aún más neta y ha hecho ya del gobernante español, de la mano de Borrell, una pieza determinante en los repartos donde cabe esperar que recuperemos espacios perdidos.
La otra gran incógnita era la primogenitura de la derecha que Rivera disputaba a Casado. En esta lucha, más de primos peleados por los lindes que de hermanos, ha ganado Pablo. Le ha sacado ocho puntos y casi dos millones de votos en las europeas y en las regionales y municipales, incluso en territorios donde Albert había cogido pequeña ventaja, Madrid y Aragón por ejemplo, esta se ha esfumado y ha sido batido con bastante claridad. Y le toca de nuevo el papel de segundón que tan mal lleva. Pero es que, aunque siempre dice que gana sobre lo anterior, siempre sigue perdiendo en cuanto a resultado final y expectativas.