El año de los precipicios

Antonio Pérez Henares
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El año de los precipicios - Foto: ALBERT GEA

Tras cerrar 2018 con una «parafernalia» con Torra con sabor a rendición incondicional, el Gobierno iniciará 2019 con el juicio del procés y otra avalancha independentista en la recámara

Si el año que ahora acaba ha sido convulso, el que viene amenaza infartos. Cuando lo último en la retina de los españoles es ver al presidente de su Gobierno mendigando reunirse con un separatista para hacerse una foto y en medio de una parafernalia donde para cualquier lego pareciera un encuentro de dos Estados y en cuyo comunicado final se tacha la palabra Constitución para no molestar a quien tiene como objetivo volarla en mil pedazos, lo que cabe esperar son las peores curvas y caminar al borde de un precipicio tras otro. Cuando, además, quien de manera mendaz, prometiendo elecciones de inmediato, se hizo con La Moncloa con el triple apoyo de la extrema izquierda, los separatistas y, de postre, Bildu, es quien tiene el Poder Ejecutivo y quien debiera ser el máximo de la ley y la soberanía nacional, la ciudadanía tiene los perores y más amargas sensaciones. Y si encima el susodicho hará cualquier cosa antes que permitir a esa ciudadanía expresarse en las urnas, el grado de impotencia puede ir in crescendo hasta convertir nuestra sociedad en una olla a presión.
La última del personaje que hemos podido saber es que Torra, amén de humillarle todo lo que quiso pisoteando la dignidad de todo el pueblo español, fue la de pasarle por escrito una lista nueva de exigencias separatistas entre las que figuran el famoso referéndum en el cual nos extirpa el derecho de votos a todos los demás españoles y, ahora, encima, supervisión y mediación internacional. Los cascos azules de la UBO, vamos. Y el traidor Sánchez se marcha en Falcón de vacaciones a Canarias ocultándolo de manera torticera y vergonzante. A eso Pedrisco Sánchez le llamó «Un nuevo clima en las relaciones». ¿Qué clima? ¿El de la rendición incondicional? 
Los precipicios por los que habrá de ligar la nación española con tal presidente al frente van a ser temibles. Lo primero, el juicio contra los golpistas acusados de rebelión, secesión y prevaricación. La Justicia va a tener enfrente, lo tiene ya, no solo a la avalancha secesionista, sino ministros a puñados, la primera la de Justicia, la colegui de Villarejo y su jefe verdadero, el exjuez Baltasar Garzón, condenado por el Supremo por prevaricación. Un alto tribunal al que, de inicio, se pretenderá condenar en vez de a quienes están siendo juzgado por violar la Constitución y pretender dar un golpe de Estado. Para muchos voceros, los magistrados serán los reos y los acusados los héroes. Y no solo los separatistas. Al clamoreo se unirán desde Pablo Iglesias al sanchismo en general y ya no digamos a los abrazaoteguis en general. Todo ello, muy retransmitido tanto por las teles okupadas por el eje sanchi-podemita, como las que fueron desde el inicio las alfombras y púlpitos de la operación. 
Ser un ciudadano español, partidario de la Constitución, defensor de la soberanía, respetuoso con sus símbolos y que cree firmemente que no hay mejor senda que la que se inició con la reconciliación nacional, se convertirá en una especie de mancha y pecado original al que se le marcará con los peores estigmas y se le colgará el más atroz de los sambenitos de la neo-inquisición, ese que vale para un roto, un descosido y todo lo que a ellos les dé la gana y, en general, fascistas todos, pero todos, hasta el apuntador de la venganza de don Mendo. A cuyo autor, por cierto, fusilaron al hombre de manera vil, por «facha» también.
Sin embargo, con todo lo que se viene encima, con la tremenda encrucijada en la que va a jugarse el futuro de España hay algo, que también ha emergido, y como respuesta popular a este disparate, que puede hacer girar el aire y aventar tanta humareda. Las urnas andaluzas y los pactos alcanzados el miércoles pasado son para que todos se pongan a pensar. Que dejen de creer que por llamarle a este o aquel cualquier exabrupto ya vale como un amuleto que les va a proteger y evitar que las gentes se acerquen, en cuanto les dejen, con el «voto justiciero» a las urnas. 
El terremoto que ha sacudido a las izquierdas andaluzas, 17 escaños y 700.000 votos menos (400.000 PSOE, 300.000 Podemos), bien puede convertirse en tsunami en todo el territorio cuando llegue mayo. Por ello, los barones han empezado a piar. Pero me da que no tienen claro, que eso ya no es suficiente, que se tiene el recuerdo de lo calladitos que estuvieron cuando él perpetraba su felonía y no osaron ni rechistar. Así que, o bien hacen algo en positivo y contundente que le impida seguir los atropellos a la nación y al pueblo soberano, o el pedrisco sanchista a quienes primero les va agujerear el techo va a ser a ellos muy en particular. Que Pedro ya ha pagado a los separatistas porque le dejen prestado un paraguas para poder irse a las Canarias al sol.