El Encuentro con la Verónica retó a la lluvia

M.M.B
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El Encuentro con la Verónica retó a la lluvia

La recreación de la entrega del paño por parte de la Verónica a Jesús de Nazareno sí que se celebró en el Altozano, pero hubo de suspenderse la procesión prevista para después por la tormenta.

La lluvia no lo impidió. Aunque algo más breve de lo normal y sin procesión de regreso a la Catedral por las principales calles de la ciudad, pero sí que tuvo lugar el encuentro de la Verónica con Nuestro Padre Jesús de Nazareno. Tal y como estaba previsto, la recreación de este pasaje bíblico tuvo lugar a las doce en punto en la plaza del Altozano. Las primeras gotas empezaban a caer. De hecho, la talla de San Juan Evangelista estaba cubierta en parte por plásticos para protegerse de la irremediable tormenta. A su lado, en las inmediaciones del Paseo de la Libertad, se instaló el trono de Nuestra Señora de los Dolores, portado por primera vez a costal. La Verónica aguardaba en la esquina de Marqués de Molins la llegada de Jesús de Nazareno, que se adentró en el Altozano a unos minutos del medio día con su banda de cornetas abriéndole el paso. Entonces se hizo el silencio. La Verónica, portada por 30 costaleras que demostraron un enorme pundonor, se adentraron en la plaza, inclinaron la imagen ante Jesús de Nazareno y en ese instante dejaron caer el protector del paño que portaba la imagen para exhibir otro con el rostro de Jesús estampado. La lluvia iba en aumento. Así que tras un breve baile de las imágenes y una oración que fue presidida por el obispo Ángel Fernández, se acordó el repliegue de las cuatro imágenes a la Catedral por la calle Martínez Villena, en lugar de recorrer la calle Ancha, Tinte y retornar por la plaza Mayor. Imágenes como la de San Juan Evangelista fue llevada a la carrera sobre ruedas a la Catedral, pero las otras tres fueron portadas a hombros pese a la lluvia. Las costaleras de la Verónica, sin importarles el aguacero que caía en ese momento, bailaron la imagen en la explanada de la Catedral, ante la admiración del público que se congregó bajo los paraguas.