Un viaje por los recuerdos

EFE
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Los Rodríguez presentan su obra más personal. Una biografía que ve la luz 30 años después de la llegada de Andrés Calamaro a Madrid para formar un grupo con Ariel Rot, Julián Infante y Germán Vilella

Los músicos y los autores del libro, ayer en Madrid. - Foto: Ricardo Rubio

Fueron solo unas horas y con el único objetivo de presentar una biografía, pero tres de los cuatro miembros supervivientes de Los Rodríguez volvieron a juntarse ayer. Un reencuentro histórico en el que reflexionaron, por ejemplo, sobre qué les hizo especiales como banda en los años 90.
«Fuimos Tequila reposado», resumió Andrés Calamaro de la idiosincrasia de aquella asociación de poco más de seis años junto al batería Germán Vilella y dos de los exintegrantes de Tequila, Ariel Rot y Julián Infante. Ellos fueron, precisamente, los que hace 30 años acudieron a recogerle al aeropuerto de Barajas de un vuelo procedente de Buenos Aires, donde dejó casa, pareja y carrera, para «renacer con bigotes» y emprender aquella aventura musical recopilada en Sol y Sombra. Los Rodríguez (BAO Bilbao Ediciones), de Kike Babas y Kike Turrón, autores en 2013 de la biografía de Leño.
«Andrés y yo éramos muy colegas y para mí era fundamental que viniera, porque habíamos establecido una alianza musical muy poderosa. La única condición que le puse a Julián para empezar esto fue que yo traía al cantante», rememoró Rot.
Pese a que ya habían probado a otro vocalista antes (Fernando de Diego), bastaron tres acordes juntos para convencer a Vilella de que la «epifanía» del exTequila era correcta y de que no se confundían con Calamaro, quien venía con solo una canción bajo el brazo (Demasiado tarde) y el título de otra (Algo se está rompiendo).
«En sus apenas seis años juntos no tuvieron tiempo de hacer un mal disco o de tener un bajón», destacaron los autores sobre el motivo de esta obra que reúne un centenar de testimonios, además de «la sana dosis de sexo, drogas y rock and roll que tan bien le sienta a las biografías musicales».
Entre las anécdotas evocadas se citan hitos como su concierto en la madrileña cárcel de Carabanchel, de su «vibración inquietante y la tensión con los celadores» (que revisaron hasta el bombo «por si uno de los presos se metía dentro») y de cómo Calamaro se reencontró allí con un viejo conocido (Jose, «el que movía costo en Malasaña»).
Siete años de trabajo ha necesitado la biografía, más de lo que duraron en activo Los Rodríguez, aunque en poco más de un lustro publicaron con gran éxito los álbumes de estudio Buena suerte (1991), Sin documentos (1993) y Palabras más, palabras menos (1995) y que en 1996 lanzaron el recopilatorio Hasta luego, solo como despedida temporal.
«No era una separación en realidad», precisó Vilella. «Fueron seis años de muchísima intensidad en los que quizás vivimos lo que otros grupos en una década o nunca. Podíamos pelearnos por un acorde y dejar de hablarnos durante dos horas, así que ese tiempo quizás fue suficiente», apuntó Rot.
El suyo no fue un recorrido de altura en Latinoamérica («No se dieron las condiciones para poder hacer giras por toda Latinoamérica, pero hubiésemos gustado mucho en Colombia y Perú», opinó Calamaro), pero su música sí llegó a Argentina y tocaron las estrellas en España.

Sin reencuentro

En este país pisaron los mayores escenarios, como la plaza de Las Ventas de Madrid, cuyo histórico directo de 1993 volvía estas últimas semanas en forma de disco al top 10 de la listas de ventas, prueba de que su legado sigue teniendo tirón.
A pesar de ello, solo Rot y Calamaro se reencontraron en los escenarios en 2006 para una pequeña gira llamada Dos Rodríguez y, más recientemente, en 2019, también con Vilella para grabar la canción Princesa en homenaje a Joaquín Sabina. Sin embargo, el regreso nunca se produjo.
Y eso que esos compases mestizos, que igual bebían del flamenco de Bambino, de la conga o de los Stones, que de los estadounidenses Texas Tornados, llevaron a que se hablase de ellos como la vanguardia del «rock latino».