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Archivo: Plano del término de Bogarra

Elvira Valero de la Rosa*
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Las respuestas al interrogatorio del catastro de la Ensenada en Bogarra comenzaron el 3 de diciembre de 1752

Archivo Histórico Provincial de Albacete. Papel de algodón. Tinta ocre. Medidas: 300 x 410 milímetros. - Foto: A.H.P.

Las respuestas al interrogatorio del catastro de la Ensenada en Bogarra comenzaron el 3 de diciembre de 1752. Presidió el acto el juez-subdelegado de la Intendencia de La Mancha, José de Aguilar, asistiendo por parte del Ayuntamiento el alférez, los regidores, el escribano y el cura propio de la parroquial. Bogarra era una villa de realengo, por ese motivo los impuestos generales se recaudaban para el Estado, pero el cobro de las alcabalas le correspondía a la duquesa del Infantado, al igual que ocurría en El Bonillo, Barrax, Almansa y Tarazona de la Mancha…Así hasta cuatrocientos municipios en toda España tenían enajenado por venta o pago de servicios el impuesto más importante del Antiguo Régimen a favor de la Casa Ducal. Esta operación era una forma de obtener dinero por parte de las siempre ávidas arcas de la Real Hacienda, aunque sus efectos eran muy negativos pues suponía una merma en los ingresos del Estado. Este era uno de los problemas que la imposición de la Única Contribución pretendía resolver. El otro, reformar el entramado desigual e injusto de impuestos que recaían sobre los más pobres. Así lo declaraba el título del catastro de la Ensenada: «Magna averiguación fiscal para alivio de los vasallos y mejor conocimiento de los reinos». De ahí la importancia de la averiguación sobre personas y sobre municipios.
El término de la villa tenía por forma un cuadrado que medía lo mismo de norte a sur que de este a oeste: dos leguas y dos cuartos y de perímetro cinco leguas, poco más o menos. Lindaba a levante y al sur con Aýna, y, al norte y poniente con la ciudad de Alcaraz. La información se completa con un croquis figurativo, norteado al este, con cartela, escala y firma de autor, Juan Fernández Ruiz, muy semejante a los de Bienservida, Cotillas, Riópar y Villaverde. La leyenda contiene el texto siguiente: «Plan de el termino de Bogarra, de lonjitud de punto a punto hay 500 baras y quedan las lindes, deesas. y baldíos lo que los puntos de el plan demuestran y de lindes a lindes dentro de su esférico la lonjitud de sus puntos. Y cave quantas figuras hay en el plan por los referidos puntos salvo lo tortuoso de los caminos y lindes».
El límite jurisdiccional aparece marcado por una sola línea. En su interior destaca el nombre de algunos de los baldíos y dehesas contorneados con líneas rectas o curvas. Llama la atención la superficie inmensa del baldío de los Calderones, tierra improductiva en un término ya de por sí escaso. En el centro del plano y rodeado por un círculo se halla el núcleo de población simbolizado por su iglesia. La única representación orográfica es la del río de Mencal, en el que confluye el río Madera, transformándose su nombre en río de Bogarra a su paso por la villa. El río, que divide la superficie en dos mitades de este a oeste, contaba con tres puentes para el tránsito de sus vecinos, porque si algo caracteriza al pueblo es el alto número de arrieros, 29, que traficaban con caballerías de distinta calidad, desde las mayores a los pollinos. Imaginamos a los arrieros transportando los paños y bayetas, cuya industria era importante en el municipio, y las provisiones para una población de mediana importancia. La villa dedicaba una partida de sus propios para la composición de los caminos.
Si comparamos Bogarra con las villas colindantes, esta supera a Aýna en diez familias, y si la comparamos con las 19 villas que conformaban el partido de Alcaraz, esta se situaría en octavo lugar, equiparada a Barrax con 280 vecinos o cabezas de familia, por debajo de los grandes núcleos como Villarrobledo, Munera, El Bonillo, Lezuza, Peñas de San Pedro, Elche de la Sierra y la propia Alcaraz, pero por delante de los doce restantes. 

Aunque la villa aparece representada solo con su iglesia, al examinar el libro del vecindario obtenemos una radiografía del núcleo urbano que nos remite a su pasado medieval. De esta forma es significativo que entre los nombres de las calles figure la del Arco y sus callejuelas. El arco contiguo a la muralla debió ser la entrada principal al pueblo, que contaba también con un postigo o acceso secundario al recinto, tras los muros, el arrabal. En la plaza Mayor se hallaba el ayuntamiento con cárcel, carnicería y lonja. El Pósito se encontraba en la calle de los Yesos. El trazado urbano parece tortuoso a juzgar por las numerosas callejuelas. El callejero quedaba de esta forma: calle de la Horna, Arco y sus callejuelas, Arrabal, Citara, Postigo, del Molino y sus callejuelas, Río chico y sus callejuelas, Cuenca y sus callejuelas, Alta y callejuela, Mesón, Yesos, Cabezuelo y sus callejuelas y plaza pública. 

 

(*) Directora del Archivo Histórico Provincial.

 

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