La Junta atendió 300 casos de violencia de hijos a padres

Josechu Guillamón
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La Junta atendió 300 casos de violencia de hijos a padres. - Foto: Luis López Araico

El uso de los teléfonos móviles, la falta de tolerancia a la frustración o las malas compañías son algunos de los factores que llevan al aumento de las agresiones filioparentales que el año pasado crecieron un 25%

El Programa de Intervención en Violencia Familiar de la Junta de Comunidades atendió el año pasado en la provincia de Albacete 595 casos, de los cuales 298 fueron de violencia de hijos a padres.
Esto supone que sólo en 2018 los casos de violencia filioparental crecieron un 25%, ya que en 2017 se contabilizaron 238 casos. Sin embargo, el psicólogo y coordinador del programa a nivel regional, Alberto Bravo, afirma que el aumento se debe a que cada vez llegan a más gente.
En cualquier caso, Bravo aclara que en los 19 años que lleva funcionando el servicio, el crecimiento ha sido progresivo. «En el año 2000, casi todos los casos eran  de violencia de género, para entendernos, la violencia estaba en el piso de arriba y los menores eran espectadores. Aún no había aflorado la violencia filioparental o al menos no se ponía esa etiqueta. A partir de 2007 y 2008 empezamos a  notar un incremento de esa violencia intergeneracional».
Además esta situación se incrementó aún más en torno al año 2010, cuando la crisis económica se dejó notar con fuerza. «Las explicaciones de porque sucedió esto son múltiples, pero una de ellas fue  la pérdida de poder adquisitivo. Niños que estaban acostumbrados a tener un determinado nivel de vida, ya no lo pueden tener y surge el conflicto».
Sin embargo, Alberto Bravo afirma que la presencia de los móviles es una de las principales causas  por las que empieza a haber más violencia dentro de casa. «Es por el abuso que hacen los jóvenes del móvil y las disputas que ocasiona. El móvil es un dispositivo que empapa el 80% de su día, es lo que usan para relacionarse, para realizar sus actividades recreativas y esto les acaba afectando, tanto en la comunicación con la familia, como en el tiempo que dedican a los estudios y es un motivo de discusión, porque una forma de castigo es quitar el móvil o el wifi y ellos que no tienen mucha tolerancia a la frustración, no están acostumbrados a que les digan muchos noes y al final pueden reaccionar de forma agresiva».
Por eso concluye que «el uso del móvil es uno de los principales focos, que suele ser habitual en los casos de violencia filiopariental». 
Sin embargo, también existen otros factores, como que los menores hayan sido testigos de violencia en el domicilio o las denominadas tradicionalmente ‘malas compañías’. «Un menor puede tener una familia coherente y adaptada, que le haya educado perfectamente, pero si se empieza a juntar con un grupo disyuntivo a nivel social, puede acabar pagándolo en casa».

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