Consejo desde la clausura

Luis J Gómez
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Su vida es el 'confinamiento', pero lo es por vocación. Monjas Cistercienses de Brihuega, Concepcionistas de Torrijos y Clarisas deHellín comparten sus recomendaciones para «seguir adelante»

Consejo desde la clausura - Foto: Rueda Villaverde


En la localidad toledana de Torrijos a Teresa Enríquez la conocen como la Loca del Sacramento. Fue dama de la reina Isabel la Católica y al enviudar dedicó su fortuna a fundar hospitales y conventos en esta población. Para fundar el convento de la Purísima Concepción cedió el palacio que había sido de Pedro I y que habían comprado para su hijo, pero que murió joven. Las concepcionistas llevan en Torrijos más de cinco siglos de clausura, aunque desde los setenta ya no están en el antiguo palacio, que amenazaba a ruina, sino en un edificio nuevo con un pequeño jardín.
Hasta antes del Estado de Alarma los torrijeños podrían entrar a determinadas horas a la capilla y a ver el cuerpo incorrupto de Teresa Enríquez. Ahora un cura sigue celebrando misa para las monjas, pero a puerta cerrada. Para sus vecinos, el confinamiento está ya en la tercera semana, pero para las monjas de Torrijos es su vida. «El convento tiene más amplitud y tenemos estas vocación de clausura», comenta a La Tribuna, sor María Natividad, madre abadesa, que entiende que muchos ciudadanos lo estarán pasando muy mal.
En 1615 fray Juan de Molina fundó en Brihuega el monasterio cisterciense. Fue un fraile zaragozano que viajó a Túnez y Argel para liberar a cautivos españoles y que rechazó el puesto de Arzobispo de Toledo que le había propuesto el rey Felipe IV. Gracias a él desde hace más de cuatro siglos hay monjas cistercienses en esta localidad guadalajareña conocida por su lavanda.
Hoy son pocas las monjas cistercienses que quedan en Brihuega, alrededor de seis, pero mantienen vivo el monasterio cuatro siglos después, aunque ya no es el mismo, pues tuvieron que abandonar el antiguo en los sesenta por ruina. «Tenemos un monasterio muy grande, como para habitar treinta y somos pocas», apunta sor María Isabel, la abadesa. Y añade que el Estado de Alarma no les «ha cambiado la vida para nada» en sus rutinas, aunque aclara que observan las recomendaciones sanitarias y guardan la distancia con el capellán que acude para celebrar la misa.
Desde Asís hasta Hellín. La localidad albaceteña es una de las que tiene un convento de clarisas en Castilla-La Mancha y además es una de las congregaciones más jóvenes de la Diócesis por la edad media de sus monjas, que no por el tiempo que llevan en esta localidad, desde comienzos del XVII. Al igual que ocurrió en Torrijos y en Brihuega, en los ochenta se mudaron a un edificio nuevo entre olivos y frutales. Hoy en su antiguo convento está la Casa de la Cultura.
En su caso suman en Hellín cuatro siglos de clausura. «Para nosotras esto es nuestro hábitat continuo, excepto que ahora es una prohibición externa», explica sor Clara María, «pero nuestro mundo ya funciona automáticamente en este plan». Como tienen una hermana con cáncer, han pedido que no vayan a celebrar misa para no tener un contagio externo. Pero sí pueden seguir comulgando porque «en la última Eucaristía antes del confinamiento se consagró suficiente».
¿Qué consejos podrían dar estas mujeres para las que vivir encerradas es su día a día? «¿Qué le diría yo a la gente?», se pregunta la hermana clarisa.


Desde Hellín, sor Clara María aconseja a los españoles «que intenten aprovechar todo lo que puedan este momento» en el sentido de que «las dificultades, las precariedades, la situación en la que nos encontramos es una llamada fuerte a vivirlo desde lo esencial». Cree que es una buena ocasión para «profundizar en lo vital, cuidar mucho el aspecto familiar».
Indica que quizá en estos días se puedan «recuperar conversaciones para las que igual no han tenido tiempo» y que también es el momento de «expresar ese cariño», también pensando en aquellos que están separados y que quizá tienen ahora esa necesidad de expresarlo precisamente porque no pueden hacerlo en persona. Considera que esta cuarentena puede servir para «ganar tiempo para lo esencial».


Desde Brihuega, sor María Isabel subraya la importancia de mantener el ánimo en estos días y de animar a los demás, algo así como se hace a las ocho todas las tardes con los aplausos. Aunque ella misma reconoce que se puede angustiar, expone que hay que intentar no trasladar esa angustia a los demás. «Esto sí que aconsejaría mucho, porque a mí me pasa, que me angustio y pienso ¿qué me va a pasar?», cuenta. Pero cree que «no hay que manifestarlo al otro, sino aguantarnos un poquito y decir: ánimo, que esto va a pasar».
Sor María Isabel sabe que en la televisión y en otros medios como las redes sociales se pueden seguir hasta las misas del Papa, pero también recomienda la televisión para ver espacios que entretengan y los «chistes». «Es verdad que lo tienen que ver, porque hay que distraerse en algo y llevar las cosas con un poco de alegría», apunta.


Desde Torrijos, sor María Natividad manda desde La Tribuna «mucho ánimo» a todas las personas que lo están pasando mal en estos tiempos. Ella anima a «que hagan una vida espiritual, que los conforte». En su caso y en el de muchas personas creyentes, la religión es un apoyo fundamental en estas circunstancias, pero para los que no tienen ese apoyo de las creencias religiosas, la abadesa de las Concepcionistas les empuja a «seguir adelante».
Sor María Natividad comparte un mensaje que puede ayudar a afrontar estos días. «Todo pasa, dentro de poco todo habrá pasado», expone.
la religión
Las creencias religiosas son un pilar fundamental para encarar estos días para muchos católicos, así como para aquellos que profesan otras religiones. Es algo que destacan también las tres hermanas de las Clarisas de Hellín, las Concepcionistas de Torrijos y el Monasterio Cisterciense de Brihuega.
Sor Clara María, de Hellín, aconseja por ejemplo a las familias que sean cristianas «que se acuerden que rezar une mucho». Comparte «la experiencia de poder vivir sintiéndonos acompañados por una presencia que nos dice que está con nosotros, que no nos va a evitar el dolor y la muerte, pero en el dolor y en la muerte no estamos solos, estamos acompañados».
«Yo soy una monja», señala sor María Isabel de Brihuega, «lo único que pienso es que tienen que rezar y poner su confianza en Dios, que Dios es más grande que todo lo que nos pueda pasar». Esta semana se celebró la Anunciación y señala que «si Dios se ha hecho hombre y uno de nosotros, no quiero que quiera maltratar a sus hijos, puede ser un aviso de que nos portamos mal algunas veces, no de que somos malos». Insta a «acudir al Señor y tener mucha esperanza».
También pensando en la Anunciación, sor María Natividad de Torrijos se encomienda a la Virgen. «Que tengan mucha confianza en el Señor, en Dios nuestro padre, en la Virgen nuestra madre, que saben lo mejor que nos convienen», expone. Subraya que «del Señor viene la salvación» y ruega «que todos recemos un poco más».

 

"Estamos rezando por todos los enfermos"

Aunque vivan a veces en las afueras de sus localidades y encerradas detrás de la tapia del convento, no viven aisladas a lo que está ocurriendo ni con indiferencia. «Lo estamos viviendo muy a corazón abierto», indica sor Clara María, de Hellín, que asegura que están muy puestas en lo que ocurre. «Estamos pensando inmensamente en los profesionales de la Medicina», dice. Y además el coronavirus no les pilla de lejos, pues cuenta quehace pocos días les habían informado de un amigo de la congregación que se había contagiado y que han pedido voluntariamente que no llegue ninguna persona del exterior porque una de las hermanas tuvo cáncer.
Las Clarisas de Hellín están componiendo en estos días una canción sobre todo lo que está ocurriendo. En unos momentos en los que en las ruedas de prensa no es difícil escuchar expresiones propias de una guerra, sor Clara María asume que las monjas de clausura «siempre han hecho esa labor de empujar desde la retaguardia».
Indica que son muchos los que se están preocupando también por ellas. Señala que hay médicos que les conocen que le están dando consejos y que hay mucha gente que se ofrece a llevarles alimentación, aunque por el momento señala que no hace falta porque están suficientemente abastecidas de productos básicos.
En cuanto al día a día, señala que su vida «gira alrededor de la liturgia, sigue su propio ritmo, en este momento más tranquilo». De hecho pueden comulgar aunque no vaya ningún sacerdote a oficiar misa al convento, pues en la última Eucaristía antes del confinamiento tuvieron la previsión de consagrar muchas formas. Señala que escuchan misa por la televisión y que también acceden a enlaces con comentarios de la Palabra.
Si bien está acostumbrada a vivir separada de su familia, sor María Natividad de las Concepcionistas de Torrijos también tiene que afrontarlo en estos momentos especialmente en el que uno de sus hermanos en León ha dado positivo. «En el convento gracias a Dios no tenemos contagios», señala, aparte de los achaques propios de la edad de algunas de las hermanas. Sor María Natividad, que aconseja a los ciudadanos que recen y confíen en el Señor, indica que ellas lo hacen. «Nosotras estamos pidiendo por todos los enfermos, por los médicos y los que trabajan en la Salud, por todo el mundo», apunta.
En su caso va un sacerdote a oficiar misa al convento. «Nos hace ese favor», apunta. Pero señala que también se puede recurrir a Radio Santa María o a escuchar misa a través de la televisión.