Jerga sobre el cuidado de la piel

Agencias
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Poco a poco hemos aprendido a leer las etiquetas de los alimentos, ahora el reto está en comprender las de los productos de cosmética

Jerga sobre el cuidado de la piel

¿Es de las que se gasta 100 euros en un sérum antiedad porque pone que está dermatológicamente probado? ¿Cree que merece la pena? ¿Sabe que sus ingredientes pueden aparecer en otro producto que puede comprarse por una décima parte de ese precio?
No siempre la opción más cara en los productos del cuidado de la piel es la mejor, a juicio de los expertos. De hecho, es algo que defienden constantemente los dermatólogos y es que, en muchas ocasiones, hace más el marketing que los ingredientes de la crema.
Con ello, muchas veces se compran productos centrados en el cuidado de la piel simplemente porque se encuentran a buen precio o porque son de una buena marca, sin fijarse en cuáles son sus componentes. A todo esto habría que sumarle que, en muchas ocasiones, desconocemos la jerga propia de este tipo de productos.
«El mejor hábito que podemos adquirir a la hora de comprar productos para el cuidado de la piel es familiarizarnos más con sus ingredientes y con su función. Esto es más importante que la etiqueta que ha creado para nosotras el equipo de la marca, subraya en La Biblia del cuidado de la piel la dermatóloga del servicio Nacional de Salud del Reino Unido, la doctora Anjali Mahto.
«No cabe la menor duda de que la industria del cuidado de la piel se aprovecha de esto y, lamentablemente, buena parte de lo que vemos es publicidad inteligente. Se utiliza para impresionar, desconcertar y confundir a partes iguales», remarca la dermatóloga y portavoz de la British Skin Foundation. Con ello, enumera los que, a su juicio, representan los principales términos que aparecen habitualmente en el etiquetado de los cosméticos.


Hipoalergénico: Según asegura, es la afirmación del fabricante de que ese producto causará menos alergias que otros. No obstante, no es un término legalmente vinculante, ya que no existe una norma mínima en la industria para demostrar que un producto causa menos reacciones alérgicas. Este término dice que, simplemente, se utiliza para dar a entender al consumidor que el producto no provocará irritación.


Clínicamente probado: Suele emplearse en productos del sector antienvejecimiento para dar a entender que se han sometido a pruebas científicas rigurosas a fin de demostrar que funcionan. «Es otra estrategia engañosa», sostiene la experta. Habitualmente solo significa que el producto se ha probado en un número reducido de personas que comunicaron sus conclusiones al cabo de un período de tiempo previamente establecido.


Dermatológicamente probado: «Se usa deliberadamente para llevar al engaño. Da a entender que cuenta con el aval de un dermatólogo o ha superado rigurosas pruebas de laboratorio. Según las directrices de la UE, significa que un dermatólogo ha supervisado las pruebas realizadas en seres humanos. No obstante, no existe una prueba estándar para evaluar la seguridad o la eficacia de los cosméticos».


Natural y orgánico: «El cuidado natural de la piel es otro campo de minas. No hay una definición estándar y puede poner natural, pero que el procesamiento químico lo transforma totalmente en algo muy distinto y que precisamente no es natural. Además un error muy extendido es que la gente piensa que estos productos son más seguros. Los artículos botánicos, las hierbas y los aceites esenciales también pueden provocar irritación y alergias», alerta la especialista.


Sin perfume: Debería significar eso, pero no siempre es así. La única manera de estar seguros es leyendo la lista de ingredientes. Pueden provocar igualmente alergias en las personas propensas e irritación en las que tienen piel sensible. Cuidado con los aceites esenciales que pueden contener los mismos componentes naturales que se emplean en las fragancias.


Sin sustancias químicas: Es una etiqueta que hay que ignorar. Estrictamente hablando, todo está elaborado a partir de sustancias químicas, ya sean naturales o artificiales.


Sin conservantes: «Hay pocos cosméticos que realmente no incluyan ni un solo conservante pero, ¿realmente queremos que no los contengan? La respuesta es que no. Son un componente muy importante del cuidado de la piel y se añaden a los productos de belleza para prolongar su período de conservación, ya que se consigue evitar la proliferación de bacterias, levaduras y hongos. Sin duda, sería mucho peor si no los tuvieran.