La presentación de la novela de Juan Bravo fue un éxito

Emilio Martínez
-

Grandes intelectuales arroparon al escritor albacetense en un acto de alto nivel

El escritor Juan Bravo, junto al resto de invitados que asistieron en Madrid a esta sesión especial de las Tertulias Eduardo Alonso. - Foto: Carlos Paverito

Con el denominador común de que Naturaleza muerta era una novela tan magnífica como «diferente», en opinión de varios de los intelectuales que participaron en el acto, se presentó en la capital de España esta última obra, por ahora, del escritor Juan Bravo Castillo. Fue una sesión especial de las Tertulias Eduardo Alonso, que organiza la Asociación Cultural Albacete en Madrid, dedicada en exclusiva al también catedrático de Literatura. Una reunión que, tanto en los discursos de los invitados que compartieron mesa con Bravo, como en el coloquio informal con que se cerró, así como en las charlas posteriores de la comida posterior, mantuvo un alto nivel.
El albacetense, que viajó expresamente desde la tierra para este brillante acto celebrado el pasado sábado 16, admitía en sus declaraciones a La Tribuna al término del mismo sentirse «agobiado y hasta un poco avergonzado» tras escuchar las muchas loas que coleccionó en esta presentación. Unas alabanzas que inició Manuel Turégano, editor de Contrabando, que es la firma que ha publicado Naturaleza muerta, quien fue el primero en el turno de uso de palabras.
Para él, además de ser una excelente obra del género novelístico, se trataba de una valiente visión «sobre la vida universitaria, siempre tan excesivamente protegida». Añadió que esta «crítica objetiva» está escrita con tanta calidad, «sin que falte la ironía y el humor», que lo que demuestra es un gran amor por la Universidad de un polifacético intelectual como el autor del relato. Y, aparte de la felicitación a Juan Bravo por la obra, concluyó hablando del orgullo que sentía porque sea su editorial la que la haya publicado.
Le siguió otro polivalente intelectual como es el catedrático de Filología Francesa de la Complutense, amén de escritor y ensayista, Javier del Prado Biedma. Quien en principio dijo que procuraría ser objetivo al valorar una obra en la que él sale como uno de los personajes. Y, al margen de ello, justificó su objetividad sobre esta novela tan distinta a la mayoría de las que se publican destacando «el tono sarcástico e irónico» que hasta ahora no había sido muy habitual en las anteriores múltiples y variadas creaciones de Juan Bravo.
En su largo análisis de Naturaleza muerta que se prolongó durante más de un cuarto de hora, también sacó a colación otras de las cuestiones que como en las obras maestras destacaba en la novela. En primer lugar la desestructuración narrativa e intertextualidad de la misma, «que se abre y se cierra con algo que no tiene nada que ver con el resto». Este doblete similar en apertura y cierre deja claro, según Del Prado, la  «orfandad del hombre a solas». 
Y concluyó sus palabras referenciando otra de las claves que hacían de Naturaleza muerta una obra diferente que cuenta una serie de hechos relacionados  «con la mejor ensoñación de la novela erótica francesa, un aspecto en el que Juan también nos sorprende». Al igual que lo que había acontecido con la intervención del editor, el discurso de Del Prado provocó una fuerte ovación de un público que abarrotaba la sala y había escuchado con atento silencio.
Semejante rubrica de aplausos también consiguió el profesor alemán Hans Christian Hagedorn, profesor en la Complutense y que había coincidido en el campus ciudadrealeño de la de Castilla-La Mancha años atrás con Juan Bravo. Además, Christian, como apuntó el autor de la novela que se presentaba antes de que el alemán tomase la palabra, había viajado expresamente y de inmediato desde su país donde acababa de fallecer su padre.
Para Christian, la obra tenía una serie de situaciones quijotescas a lo largo de su desarrollo, aunque en lo que puso más énfasis fue en que «esta novela a la que se puede calificar de metafísica y hasta simbólica», recogía no sólo la opinión argumentada de Juan Bravo sobre la Universidad, en este caso la de la castellano-manchega, de la que acababa de jubilarse su autor, sino algo más importante y definitivo «como es el reflejo de la sociedad actual, que está muy claro que no le gusta nada». Igualmente no quiso dejar de pasar por alto una cuestión para él «fundamental y original» como es el sentido del humor que destila Naturaleza muerta en muchas de las situaciones e incluso personajes que describe. «No hay lugar para el aburrimiento en la novela, con la que me he reído mucho en su lectura. Lo cual cuando Juan toca temas tan serios de la condición humana añade un valor todavía superior a la misma».
El siguiente turno fue para otro catedrático y escritor como Bravo, Patricio Morcillo, quien inició su intervención dejando claro que su cátedra, que ejerce en la Universidad Autónoma, no tenía nada que ver con la literatura: al ser de economía. «Qué hace un economista, aunque sea heterodoxo, como yo en un sitio como éste», bromeó utilizando el título de esta canción de Burning famosa en la década de los noventa el también presidente de la Asociación Cultural Albacete en Madrid. 
(Más información en la edición impresa)