Éxito del libro de Ángel Viñas

EMILIO MARTÍNEZ
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El artista rodense, al que le gustaría presentarlo en Albacete, tiene una gran actividad en Madrid

Éxito del libro de Ángel Viñas

«La verdad es que  me da un poco de vergüenza que mi último libro se haya agotado en sus dos primeras ediciones y sea un best seller». Con semejante humildad se pronuncia el polifacético historiador de origen rodense Ángel Viñas en sus palabras a La Tribuna que tienen como referencia ¿Quién quiso la Guerra Civil?, su más reciente obra publicada por la Editorial Crónica y que durante unos días ha sido imposible encontrar en cualquier librería de Madrid, cual ha ocurrido también en otras ciudades. Hasta el punto de que él mismo, durante su estancia en la capital española antes de marcharse el pasado martes a Bruselas, donde reside, quería regalar unos cuantos a amigos y conocidos y le fue imposible encontrarlo incluso en el aeropuerto. 
Aunque, como añadía, le alegraba mucho esta repercusión «no por cuestiones económicas, que con los libros no se gana casi nada», como puntualiza, sino por haber sacado a la luz documentos inéditos sobre este complicado asunto. Unos documentos fruto de sus investigaciones durante más de año y medio en varios archivos españoles y sobre todo italianos que se reproducen en el libro y que, según él, prueban algo que ya apuntó en anteriores obras suyas, Los mitos del 18 de julio y El primer asesinato de Franco,  pero que faltaba investigar y demostrar –«incluso a algunos teóricos colegas que se rieron de mí entonces», acusa Viñas, aunque se niega a dar nombres- ya definitivamente, de lo que se considera muy orgulloso. 
«En ambos analicé los contratos con los fascistas italianos firmados por uno de los grandes conspiradores monárquicos ya el primero de julio de 1936 sobre el suministro inmediato de aviones de guerra italianos». Pero entonces no profundizó en el tema porque estaba enfrascado en otras dos obras que tenían mayor urgencia. Pero después empezó estudiando los archivos monárquicos disponibles en España que se conocen desde hace más de 30 años, «pero que no se habían examinado desde la perspectiva que a mí me interesaba», argumenta. Aunque se encontró con el problema de que algunos documentos eran difíciles de interpretar. 
Por ello después de más de medio año se fue a Roma, donde halló lo que quería: «No soy el primer investigador en haber trabajado en los archivos italianos, pero sí soy el primero en acertar con lo que buscaba», cuenta con indisimulado orgullo tanto profesional como personal. En definitiva, la conclusión de este sorprendente best seller de 500 páginas –de las cuales casi un centenar las llenan un anexo que reproduce todos y cada uno de los documentos, las fuentes primarias y bibliotecarias y el índice onomástico y analítico- es clara. 

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