Mucho frío en el Festival

Pedro Belmonte
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Poca gente en un desangelado festejo a favor del Cotolengo, cuyo protagonista fue la baja temperatura, el viento y las ganas que mostraron los toreros de Albacete, siempre dispuestos a todo por una noble causa

Paseíllo de los toreros que participaron en el festival. - Foto: José Miguel Esparcia

Me decía durante el desarrollo del Festival, el gran Pimpi de Albacete, que para el año que viene, deberían repetir los mismos toreros en la que sería la trigésima edición de este entrañable evento, ya que han sido capaces de echar para adelante el festival, con todo en contra y eso tendría que tener premio. Y lleva razón, ya que había que estar allí para ver las ganas y empeño que mostraron los toreros de Albacete, que se echaron al hombro la responsabilidad de torear con todo en contra, frío, viento y apenas un cuarto de plaza en los tendidos, por lo que la transcendencia de una buena actuación, todavía sería menor. Cuando se anunció el día elegido para este festival, no era momento de poner pegas, sino apoyar e intentar que acudiese el máximo posible de gente, aun a sabiendas que no era el mejor día, posiblemente el peor, aunque lo que sí está claro es que había que ayudar al Cotolengo, por lo que esperemos que se hayan vendido muchas más entradas que las usadas. Eso sí, ¿por qué en sábado y no en domingo?
Pero vayamos a lo que ocurrió en el ruedo, cosa que poca gente pudo ver y hay que explicarlo, pues se vivieron buenos y grandes momentos, comenzando por un par de verónicas con las que recibió Andrés Palacios al novillo de Las Ramblas, un animal muy complicado que ya de salida se metía por dentro, cogiendo de forma aparatosa al torero, propinándole un fuerte golpe en la pierna derecha, provocándole un esguince de rodilla y una artritis traumática en el pie, tras ser atendido una vez arrastrado el novillo. No le dio apenas opciones en la faena de muleta, aunque pudo dejar pinceladas de su toreo con la mano izquierda, antes de que el de Las Ramblas decidiera definitivamente rajarse. Lo mató de una estocada y recogió una ovación. 
Noble, aunque con muy poca fuerza fue el animal de Samuel Flores, con el que Miguel Tendero anduvo muy entonado. Intentó rajarse en varias ocasiones el de Samuel, pero Tendero lo sujetó a fuerza de estar muy metido con él y a base de toques fuertes, para que no se desentendiera de las suertes, lo que consiguió en distintos pasajes, acortando el viaje conforme transcurría la faena, adornándose en los finales con circulares largos muy cerca de la cara del novillo. Dos pinchazos y una buena estocada, precedieron a una fuerte ovación que el de Albacete recogió en el tercio.
Buen novillo el núñez con el hierro de El Retamar, con el que Sergio Serrano anduvo a una gran altura, en momentos toreando a cámara lenta. De salida lo recibió con verónicas a pies juntos y quitó por chicuelinas, para brindar a la hermana Victoria «por los valores», refiriéndose a los de la Tauromaquia y los de esta Institución, que iban de la mano en esta ocasión. Dejó venir al novillo de lejos, dándole espacio y con mucho pulso y temple, sobre todo por el pitón derecho, el mejor de los dos. Faena de temple, ligazón y variedad, lo que demuestra el dulce momento por el que atraviesa Serrano. Una estocada desprendida fue suficiente para terminar con el novillo, yendo las dos orejas a parar a sus manos.
Rebrincado, con corto recorrido y protestón, así fue el toro que tuvo Pedro Marín delante, en una mañana que suponía su presentación como matador de toros en la plaza de su tierra. Se peleó con el de Sancho Dávila, en una faena de mucho mérito aunque con muy pocas opciones. Siempre dio la cara y el público se lo agradeció con una oreja tras media trasera y descabello.