Antonio Casado

CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


¿Qué hay detrás de Ábalos?

27/02/2024

Que prácticamente al mismo tiempo la ejecutiva federal del PSOE (por unanimidad) y la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, tan distintos, tan distantes, tan embarrados en la bronca política de cada día, coincidieran este lunes en reclamar la inmediata entrega del acta de diputado al exministro, José Luis Ábalos, es una prueba viva del declinante proceso que envenena los sueños del presidente del Gobierno y secretario general del Partido Socialista Obrero Español.

Al cumplirse los primeros cien días de un Gobierno asentado sobre un balcanizado pedestal de partidos empiezan a ser muy visibles las grietas en una estructura de poder que opera sobre un PSOE amordazado por Sánchez y un Sánchez sometido a las exigencias del independentismo.

Lo relevante es el efecto multiplicador del llamado Caso "Koldo". Hablamos de un pícaro empotrado en las estructuras de poder por su cercanía personal a Ábalos, Santos Cerdán y el propio Sánchez. Tres nombres cosidos al "sanchismo", como categoría política y mediática ya convertida en lugar común.

Así que la previsible entrega del acta de diputado por parte de Ábalos (su partido le ha dado veinticuatro horas, pero no se ha producido a la hora de entregar este comentario) no cancela un escándalo que ya está judicializado y que afecta a las más altas torres de ese sanchismo definido por Savater como "variante venenosa del socialismo". Nada menos que el presidente del Gobierno, la presidenta del Congreso, el ministro del Interior y el secretario de Organización del PSOE.

Todas esas torres (Sánchez, Cerdán, Ábalos, Marlaska, Illa, Puente, Armengol, etc), huelen a pólvora porque el tal Koldo García no era un simple pícaro cuya actuación empezaba y terminaba en la censurable conducta personal que le han llevado ante los jueces. Imposible explicar eso sin la impunidad que otorgaba la proximidad al poder.

El caso Koldo no existiría sin la desidia culpable de la Administración ampliamente documentada por el abogado Ramiro Grau. Quizás no era desidia sino condescendencia culposa. Al menos por no haber detectado lo que ocurría delante de sus narices y que descalifica para el ejercicio de un cargo público.

Tal vez el asunto vaya más allá de la mirada distraída ante un caso flagrante de dinero público desviado al particular bolsillo de unos cuantos pícaros organizados al calor de cercanía a las autoridades). Ergo, no descartemos en absoluto que estas prácticas corruptas, encabezadas por quien ha acreditado su desempeño como mano derecha de José Luis Ábalos estuvieran perfectamente detectadas en las alturas, aunque nadie tuviera interés en echarse tierra encima desde el punto de vista político. No me negarán ustedes que la sospecha está cargada de lógica.