Antonio García

Antonio García


Terror sano

29/01/2024

Dicen expertos que las películas de terror ayudan a combatir el estrés y la ansiedad, y es noticia que me complace porque mi dieta última está surtida de películas de ese género: ya que mi parte física no se libra de achaques al menos la salud mental queda a salvo. También se ha dicho que la risa es un buen paliativo contra enfermedades y beneficia al cuerpo postrado. En realidad tanto la risa como el terror son emociones hermanas por lo que tienen de desfogue. El aullido y la carcajada no se distinguen mucho en su manifestación sonora; y ciertas risas nerviosas obedecen más al miedo que a la gracia. El lenguaje coloquial no engaña: tanto puede morirse de risa como de miedo, lo que no invalida las doctrinas científicas porque se trata de muertes figuradas y placenteras. Aunque no me precio de científico yo propondría aunar los dos géneros en uno, juntar lo terrorífico y lo risible a fin de salvaguardar a la vez mente y cuerpo. Y no me refiero a engendros como El jovencito Frankenstein, sino a esa películas que naciendo con voluntad de aterrorizar terminan provocando un efecto contario e indeseado, por sus inverosimilitudes o desbarres. Son películas que hacen las delicias de los cinéfilos y se cuentas por centenares. Una de las más ilustre (y desconocidas) es Robot Monster, que llevó a Stephen King a retorcerse de risa y le hubiera provocado un síncope de haber durado veinte minutos más. En nuestra época hiperdiagnosticada, con urgencias copadas de enfermos imaginarios, una buena selección de películas de este tipo, administradas por vía visual, contribuiría a sanear la especie. Si no alargan la vida, por lo menos la hacen más entretenida.